- Valores en venta: el Athletic y la farsa ética del fútbol global (5 enero) - https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/valores-venta-athletic-farsa-etica-futbol-global_132_12886783.html
- Los Estados Unidos de Trump: la doble brutalización (9 enero) - https://noticiasobreras.es/2026/01/los-estados-unidos-de-trump-la-doble-brutalizacion/
- La democracia como práctica moral y conversación cívica (17 enero) - https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/democracia-practica-moral-conversacion-civica_132_12913986.html
- ICE Age: la frontera en casa (19 enero) - https://www.elsaltodiario.com/opinion/ice-age-frontera-casa
- Lombroso revisitado: cuerpo, poder y estética del autoritarismo (27 enero) - https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/lombroso-revisitado-cuerpo-estetica-autoritarismo_132_12940333.html
- Reivindicación de una izquierda poliética (1 febrero) - https://imanol-zubero.blogspot.com/2026/02/reivindicacion-de-una-izquierda.html
- La unidad necesaria de las izquierdas no debe construirse en el conflicto por siglas y liderazgos (21 febrero) - https://www.elsaltodiario.com/politica/unidad-necesaria-lugar-equivocado-del-conflicto
- La magia (antidemocrática) del relato (16 marzo) - https://noticiasobreras.es/2026/03/la-magia-antidemocratica-del-relato/
- A 85 segundos de la medianoche: geopolítica, recursos y vulnerabilidad del sistema global (19 marzo) - https://www.galde.eu/es/a-85-segundos-de-la-medianoche-geopolitica-recursos-y-vulnerabilidad-del-sistema-global/
- Si vis pacem, para pacem (22 marzo) - https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/si-vis-pacem-pacem_132_13088071.html
- La era está pariendo una bota en vez de un corazón (25 marzo) - https://www.elsaltodiario.com/opinion/era-pariendo-una-bota-vez-un-corazon
- Interrumpir el banquete: estructuras de dominación y brutalización del mundo (29 marzo) - https://imanol-zubero.blogspot.com/2026/03/interrumpir-el-banquete.html
- Puertas cerradas, no abiertas (3 abril) - https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/puertas-cerradas-no-abiertas_132_13118034.html
- La cara oculta de las misiones espaciales (8 abril) -https://www.elsaltodiario.com/opinion/cara-oculta-misiones-espaciales
- Preferencia nacional (26 abril) - https://noticiasobreras.es/2026/04/preferencia-nacional/
- Interrumpir el ruido, recuperar la escucha, romper el silencio y alzar la voz (9 mayo) - https://imanol-zubero.blogspot.com/2026/05/interrumpir-el-ruido-recuperar-la.html
- Pentecostés como interrupción: Habitar las tensiones de la experiencia laical cristiana en tiempos de brutalización (31 mayo) - https://imanol-zubero.blogspot.com/2026/05/pentecostes-como-interrupcion-habitar.html
- What's Up, Bunny? (5 junio) - https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/what-s-up-bunny_132_13277581.html
- La espiritualidad en la era del yo: de las monjas del Siglo de Oro a la “espiriyoalidad” contemporánea (15 junio) - https://imanol-zubero.blogspot.com/2026/06/la-espiritualidad-en-la-era-del-yo-de.html
- ¿Quién habla cuando habla un obispo? (10 julio) - https://noticiasobreras.es/2026/07/quien-habla-cuando-habla-un-obispo/
- La vivienda, mucho más que un techo (3 agosto) - https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/vivienda-techo_132_13425741.html
Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
martes, 4 de agosto de 2026
Algunas reflexiones publicadas a lo largo de este año
miércoles, 7 de enero de 2026
El verdadero “Gordo”: dinero, comunidad y confianza en Villamanín
Lo que ha ocurrido en Villamanín es un ejemplo de
manual del tipo de dilemas morales que surgen cuando la lógica de
mercado irrumpe en una comunidad regida, hasta ese momento, por normas
sociales densas y compartidas. Sin idealizar nada (que no hay
convivencia sin conflictos), pero hasta ahora Villamanín parecía funcionar como
muchas comunidades pequeñas de montaña: cooperación frente a la adversidad (los
terribles incendios del pasado verano), celebración colectiva de las buenas
noticias, y una red de confianza que permite que instituciones informales, como
la comisión de fiestas ahora tan cuestionada, sostengan la vida comunitaria.
Ese capital social y relacional, invisible pero esencial, no se mide en dinero,
sino en reciprocidad, reputación y sentido de pertenencia.
Cuando el dinero
cambia las reglas
El conflicto actual no nace únicamente de un error
técnico en la venta de participaciones; ese es, en todo caso, el detonante. El
problema de fondo es otro, la
conversión súbita de un bien simbólico y comunitario (la lotería vendida con el
objetivo de sufragar actividades para el conjunto de vecinas, vecinos y
veraneantes) en un activo puramente económico, susceptible de ser
reclamado individualmente hasta el último euro. En ese tránsito, cambian las
reglas del juego moral.
En Villamanín, como en muchas comunidades pequeñas, la vida
cotidiana no se organiza principalmente a través de contratos, sino mediante expectativas
compartidas: ayudar hoy porque mañana pueden ayudarte, colaborar
porque “es lo que siempre ha hecho aquí”, confiar porque romper la confianza
tiene un coste social altísimo. La comisión de fiestas es una institución clave
en ese ecosistema: no funciona como una empresa, sino como un dispositivo
de cooperación intergeneracional, sostenido por la buena fe y el
reconocimiento mutuo.
La irrupción del premio ha roto ese equilibrio porque introduce
un incentivo que no estaba previsto por las normas sociales existentes. Hasta ese momento, nadie compraba
participaciones pensando en maximizar un retorno; el gesto tenía un valor
mixto, económico y simbólico, pero primaba lo segundo. Cuando ahora cae del
cielo una cantidad desproporcionada de dinero, el significado del acto se
reinterpreta retrospectivamente: lo que era apoyo comunitario pasa a leerse
como inversión, lo que era compromiso altruista de la comisión de fiestas es
leído como cálculo torticero, y lo que era confianza pasa a verse como engaño.
Dos
racionalidades morales en conflicto
Aquí encaja perfectamente la tesis del filósofo Michael
Sandel en su imprescindible ensayo Lo que
el dinero no puede comprar: cuando introducimos la norma mercantil en ámbitos
gobernados por normas sociales, no solo añadimos incentivos, sino que transformamos
el significado de la práctica. Comprar lotería a la comisión de
fiestas no era un contrato frío ni una inversión, era un gesto de apoyo al
pueblo, una contribución a la vida común. Convertirlo retrospectivamente en un
cálculo estrictamente legal -“lo que me corresponde” frente a “lo que
corresponde a todas y todos”- erosiona ese significado original. Sandel insiste
en que el problema no es solo que el mercado genere desigualdades, sino que corrompe
ciertos bienes cuando los somete a su lógica. En este caso, la lógica mercantil no se limita a repartir un
premio; redefine las relaciones entre vecinas y vecinos, haciendo surgir una
nueva pregunta -“¿cuánto me corresponde legalmente?”- que desplaza a otra más
antigua y silenciosa -“¿qué nos conviene como comunidad?”-.
El conflicto no es un simple choque entre egoísmo y
altruismo, sino entre dos racionalidades morales coherentes en sí mismas, pero
incompatibles entre sí. Desde la racionalidad de mercado, reclamar el premio
íntegro puede ser perfectamente defendible; desde la racionalidad comunitaria,
hacerlo puede percibirse como una traición al espíritu que hizo posible tanto
la comisión de fiestas como la vida compartida del pueblo. El drama es que
ambas racionalidades son coherentes en sí mismas, pero no pueden convivir. Lo
verdaderamente inquietante es que el daño principal se produce incluso aunque
se llegue a un acuerdo económico,
ya que este daño opera durante el proceso mismo de deliberación. El simple
hecho de tener que discutir en términos legales y monetarios introduce en el
pueblo sospecha, resentimiento y cálculo estratégico. La comunidad deja de
verse como un fin y empieza a verse como un medio. Y una vez que ese umbral se
cruza, es difícil volver atrás.
Lo verdaderamente grave no es quién cobra más o menos,
sino el riesgo de que se fracture la confianza; porque la
confianza, a diferencia del dinero, no se recompone fácilmente. Una comunidad
rota tarda generaciones en recomponerse, si es que lo hace. En pueblos
pequeños, donde la convivencia es diaria y prolongada en el tiempo, el coste
relacional de “ganar” un conflicto de este tipo puede ser mucho mayor que el
beneficio económico inmediato.
El coste
invisible de “ganar”
Paradójicamente, un dinero que no se han ganado ni nadie
esperaba pone a prueba justo aquello que sí habían construido con esfuerzo: una
comunidad capaz de organizarse, ayudarse y celebrar junta. La pregunta de fondo
no es solo qué es justo desde el punto de vista legal, sino qué
decisión permite que Villamanín siga siendo un “nosotras/nosotros” y no una
suma de individualidades con cuentas y vidas separadas.
En ese sentido, el caso no habla de un pueblo concreto,
sino de una tensión más amplia y contemporánea: hasta qué punto permitimos que
el mercado colonice espacios donde lo que está en juego no es el precio, sino
el valor de vivir juntas y juntos. Desde esta perspectiva, el caso de
Villamanín funciona como una metáfora potente de una tendencia más amplia y
cada vez más presente: sociedades que confían cada vez más en el dinero y el
derecho para resolver conflictos que antes se resolvían mediante normas sociales.
El problema es que ni el dinero ni el derecho pueden sustituir
completamente a la confianza, porque no generan pertenencia ni
identidad común.
La pregunta final a la que deberán responder las gentes de Villamanín no es qué decisión maximiza el beneficio individual ni siquiera cuál es jurídicamente impecable, sino qué tipo de comunidad quieren seguir siendo después del premio. Porque el dinero se gasta, se reparte o se pierde, pero la forma en que una comunidad gestiona un conflicto excepcional deja una huella duradera en su identidad colectiva. El verdadero “Gordo” –la mayor suerte y también el mayor riesgo- no está en el número premiado, sino en lo que el pueblo decida hacer con él.
Valores en venta: el Athletic y la farsa ética del fútbol global
La disputa de la Supercopa de España en Arabia Saudí no
es un simple detalle organizativo ni una anécdota logística: es un hecho
político de primer orden. Y cuando un club como el Athletic, que se
presenta a sí mismo —y es percibido por buena parte de su afición— como una
institución ligada a valores éticos, comunitarios y políticos, acepta
participar sin fisuras en este modelo, esos valores quedan profundamente
deslegitimados.
La competición se celebra en Arabia Saudí como resultado
de un acuerdo económico impulsado por la Real Federación Española de Fútbol, en
el marco de una estrategia descarada de sportswashing
promovida por el Estado saudí. No se trata de una acusación retórica: Arabia
Saudí utiliza sistemáticamente el deporte internacional para lavar su imagen
exterior, ocultando bajo grandes eventos una realidad marcada por la represiónpolítica, la persecución de la disidencia, la negación de derechosfundamentales y la violencia estructural ejercida por el propio Estado.
Aceptar jugar allí no es neutral ni irrelevante.
Significa integrarse conscientemente en un dispositivo propagandístico diseñado
para proyectar normalidad, modernidad y prestigio internacional a un régimen
autoritario. Y hacerlo, además, sabiendo que ese régimen es aliado activo de
dinámicas regionales de violencia, silencio diplomático y vulneración masiva de
derechos humanos.
El Athletic ha realizado gestos públicos de
posicionamiento político, especialmente en relación con Palestina, denunciando
la violencia ejercida por Israel en Gaza y mostrando solidaridad con el pueblo
palestino. Esos gestos han sido celebrados como prueba de un club “con
valores”, coherente con una identidad histórica asociada al arraigo, a la
comunidad y a una cierta ética política. Pero los valores no son consignas
ocasionales ni comunicados selectivos. Son principios que obligan precisamente
cuando hay costes materiales y simbólicos. No se puede denunciar un genocidio
—con razón— y, al mismo tiempo, participar sin protesta en un espectáculo
organizado en un país que reprime, encarcela, ejecuta y censura, y que utiliza
el deporte como coartada internacional. No se puede reclamar coherencia ética
en unos escenarios y suspenderla cuando el contrato es rentable o cuando la
decisión “viene dada”.
El argumento habitual —“la decisión no es del club”, “es
una competición oficial”, “si no vamos nosotros irá otro”— no resiste un
análisis mínimamente riguroso. Las instituciones siempre eligen, también cuando
deciden no confrontar. La obediencia no exime de responsabilidad política; al
contrario, la consolida. La historia está llena de ejemplos de actores que se
refugiaron en la inevitabilidad del sistema para justificar su colaboración con
estructuras injustas.
La participación del Athletic en la Supercopa saudí es la
integración plena en la lógica mercantil y profundamente politizada del fútbol
global, donde los valores solo se exhiben cuando no incomodan al poder
económico ni a los socios estratégicos. Y eso vacía de contenido cualquier
gesto previo. Porque los valores que no se sostienen frente al dinero, la
visibilidad mediática y la presión institucional no son valores, son branding,
y demostración de que ni siquiera los clubes que se reclaman “distintos” logran
escapar a la lógica extractiva, mercantil y cínica del fútbol contemporáneo.
Si todo es negociable, si todo es compatible, si no
existe ningún punto en el que se diga “no”, entonces el discurso ético se
convierte en un recurso estético, utilizable cuando conviene y descartable
cuando estorba. Y en ese escenario, las declaraciones de apoyo a causas justas
no solo pierden fuerza: se vuelven hipócritas.
El fútbol no puede cambiar el mundo, pero los equipos y
las aficiones sí pueden decidir de qué lado se colocan. Jugar en Arabia Saudí
no es estar “fuera de la política”, es tomar partido. Y cuando ese partido se
toma contra los propios principios proclamados, lo que se derrumba no es solo
un discurso, es la credibilidad moral de la institución que los enarbola.


