Mostrando entradas con la etiqueta dignidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dignidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de septiembre de 2017

Igualdad... pero menos

Hace unos días conocíamos la noticia de que el Instituto Andaluz de la Mujer había denunciado ante el Observatorio Andaluz de la Publicidad no Sexista la campaña de un club de alterne de Cartaya (Huelva), donde se publicitaba una fiesta en la que las mujeres que aparecían en el cartel vestían uniformes de colegialas (es un decir).
Ayer, a través de algunos de los diarios más influyentes del país, hemos sabido que en la Semana de la Moda de Madrid un tal Andrés Sardá presentaba su colección primavera-verano, con una aniñada animadora como reclamo. Que yo sepa, nadie ha denunciado nada.


Hay diferencias, sin duda. ¿Pero tantas?
Todo alimenta la banalización de la mujer-objeto: las luces de neón de los clubs, los flashes de las pasarelas de moda.
Lo explica muy bien Rosa Cobo:
"Uno de los objetivos del dominio patriarcal es disciplinar los cuerpos de las mujeres, tanto para la reproducción como para la disponibilidad sexual de los varones. Y para ello ha puesto en funcionamiento una variedad de dispositivos coactivos. El exigente canon de belleza, la moda, la industria de la cirugía plástica, las nuevas tecnologías reproductivas, la pornografía o la prostitución, entre otros, se han convertido en usos represivos sobre el cuerpo de las mujeres". ("El cuerpo de las mujeres y la sobrecarga de sexualidad", Investigaciones Feministas, vol. 6, 2015, pp. 7-19. Puede leerse AQUÍ).

domingo, 14 de junio de 2015

Aprender del "caso Maroto"

La sustitución de Javier Maroto como alcalde de Vitoria-Gasteiz puede ser objeto de muy diversos análisis y valoraciones. Hay quienes la cuestionan, quienes la rechazan y quienes la aplauden. Yo me encuentre entre estos últimos, por razones que ya he expuesto tanto en este medio como en otros. Su poco creíble intento de recomponer su discurso presentando un “compromiso ético” como respuesta al gesto demandado por el PNV para garantizarse la reelección es la mejor demostración de que Maroto había salido de las elecciones absolutamente quemado y en una evidente situación de debilidad política.

Pero la sustitución de Javier Maroto al frente del consistorio gazteiztarra no es más que el primer paso -el menos agradable- de lo que debe ser un proceso acordado y explícito de recomposición, en unas condiciones socioculturales y económicas distintas, del gran acuerdo por la solidaridad, la inclusión y la integración social formulado en 1989, tan relevante para la construcción de la Euskadi moderna.

Y lo cierto es que ese primer paso a punto ha estado de fracasar por la desafortunada decisión del PSE de no apoyar a Gorka Urtaran en protesta por el incumplimiento del PNV de apoyar a los socialistas en Andoain. ¿Y por qué no, en lugar de en Vitoria, haber votado en blanco en Bilbao, en Durango, en Oion, o en cualquiera de los muchos ayuntamientos en los que el acuerdo PNV-PSE ha funcionado como un bien engrasado reloj? Pues no, en Vitoria tenía que ser. Alguien en la dirección del socialismo vasco no se ha enterado de qué va lo del “caso Maroto”. La decisión de sumar votos en Vitoria para sustituir a Maroto debía ser una opción extraordinaria de carácter normativo, no meramente táctico; utilizar la plaza vitoriana para representar una rabieta política resulta particularmente errado y pone de manifiesto una cortedad de miras que asusta. Por lo que conozco al cabeza de lista del PSE en Vitoria-Gasteiz, pienso que esta decisión le habrá supuesto un enorme disgusto.

Finalmente el camino se ha iniciado, pero ahora debe orientarse. El nuevo consistorio se justificará por sus políticas: por las generales o normales en cualquier municipio, buscando resolver los problemas de las vecinas y vecinos en los ámbitos del empleo, la educación, la vivienda, la cultura, el medio ambiente, etc.; pero también, y sobre todo, el consistorio presidido por Gorka Urtaran se legitimará en la medida en que sea capaz de convertirse en un referente a la hora de abordar la cuestión de la convivencia en la diversidad y de la incorporación plena de las personas inmigrantes en la ciudad de Vitoria. Y en este camino, creo que el nuevo alcalde dispone de un instrumento aún por desarrollar, pero que ya ha demostrado su capacidad para concitar acuerdos transversales y para animar diversas actuaciones en varios municipios vascos: todo el trabajo realizado desde hace ya cinco años para impulsar un Pacto Social por la inmigración y la diversidad en Euskadi.

Iniciado durante el gobierno presidido por Patxi López, recuperado e impulsado de nuevo por el actúal gobierno de Iñigo Urkullu, apoyado de manera expresa por las principales organizaciones sociales que trabajan en el ámbito de la inmigración, aplicado en mayor o menor medida por varios municipios… Desde un planteamiento más pedagógico que aplicado, más performativo que propositivo, lo que se buscaba era consensuar un marco de diálogo y entendimiento, un acuerdo que trace las líneas rojas que nos comprometemos a respetar cuando abordemos, cada cual en el ámbito de su responsabilidad y de su actividad, el fenómeno de la inmigración. De lo que se trataría es de alcanzar un gran acuerdo, institucional y social, para abordar como sociedad la cuestión de las nuevas diversidades y toda la complejidad que añaden a la gestión política de nuestra ya muy compleja y diversa sociedad vasca.

Vitoria-Gasteiz puede y debe ser la ciudad en la que un acuerdo de ese tipo se haga realidad. Y desde ahí empujar, junto con otras localidades que ya han dado pasos en este sentido, al conjunto de nuestra sociedad, de manera que “el caso Maroto” pueda ser recordado como la última ocasión en la que, desprovistos de un marco adecuado para hacerlo, no supimos como encauzar un debate que jamás debía haber transcurrido en los términos en los que lo hizo.


sábado, 20 de septiembre de 2014

Perder la discusión, aunque se gane

Leo en EL CORREO que el Partido Popular del País Vasco acusa al Gobierno Vasco de utilizar su reciente campaña contra discriminación de las personas inmigrantes para «atacar» al alcalde de Vitoria, Javier Maroto, y al diputado general de Álava, Javier de Andrés. Recordemos que en varias ocasiones a lo largo de este verano ambos dirigentes políticos han realizado polémicas declaraciones relativas a la inimigración y las ayudas sociales:

- Maroto: "Los inmigrantes magrebíes vienen a vivir de las ayudas sociales" (16 julio).
- Maroto: un alcalde en el ojo del huracán por sus pulsos con los inmigrantes (17 julio)
- De Andrés denuncia que 'hay colonias enteras de inmigrantes' disfrutando de las ayudas sociales (23 julio)
- Javier Maroto: "Marroquíes y argelinos viven de ayudas que pagamos todos" (5 agosto).
- De Andrés apuesta por "replantearse la RGI" porque "no está logrando" la "integración" de los inmigrantes (1 septiembre).

Considero que estas y otras declaraciones son absolutamente inconvenientes e impropias de un dirigente político. Siempre he criticado esta forma de hacer política, mala política, con relación a la cuestión migratoria. Siempre, también cuando esta mala política la ha impulsado el PSOEIncluso cuando me ha tocado estar en la política institucional. Siempre me ha incomodado la doble moral de quienes sólo son sensibles hacia unas exclusiones del espacio de los derechos humanos, pero no hacia otras, a pesar de que unas y otras respondan a las mismas dinámicas. Perdón por estas (auto)referencias: sólo intento expresar que lo que escribo en el día de hoy no responde a ningún factor coyuntural, ni a querencia o malquerencia política ninguna. Equivocado o acertado, lo que ahora expreso lo llevo diciendo desde hace mucho tiempo.
Y no me sirve eso de que el alcalde de Vitoria o el diputado general de Álava "no dicen más que lo que piensan miles de personas". La representación política debe cumplir también una función pedagógica: reconocer y acompañar las demandas sociales, todas las demandas sociales, claro que sí, pero trabajar por su depuración, buscar que su expresión se realice de la manera más respetuosa posible. Por cierto, esta función pedagógica era reivindicada en la Declaración institucional del Parlamento Vasco con motivo del Día Internacional contra el Racismo y la Xenofobia el 17 de marzo de 2011:

Somos conscientes de la responsabilidad de los partidos políticos en la generación de discursos y climas sociales. Queremos hacer uso de esa capacidad para alentar la convivencia y la inclusión, y para rechazar con contundencia el racismo y la xenofobia. Deseamos ejercer una labor de pedagogía ciudadana sobre las transformaciones sociales a las que asistimos. Por esta razón, y muy especialmente de cara al periodo previo a las elecciones municipales y forales, nos comprometemos a que por encima de nuestras legítimas diferencias políticas, conduciremos con la máxima responsabilidad los discursos públicos, orientándolos a la creación de un clima de igualdad, convivencia y respeto entre todas las personas que compartimos la condición de vecinos y vecinas de los barrios, pueblos y ciudades de Euskadi.

Pero si las declaraciones de Maroto y de Andrés son criticables, la petición de SOS Racismo de que la oposición en el ayuntamiento de Vitoria declare persona non grata al alcalde de la ciudad es una astracanada que puede dejar íntimamente satisfechas a las personas que la han promovido, pero que no hace otra cosa que alimentar, seguro que inconscientemente, la cultura del "nongratismo", es decir, de la exclusión de unas u otras personas por las razones que sean. ¿Y qué decir de la desafortunada comparación de Maroto con Hitler, irresponsablemente lanzada por el presidente del Araba Buru Batzar, bien es cierto que prontamente rectificada? Más leña al fuego de la estereotipización, de la simplificación abusiva, de la comparación odiosa.

En este ambiente enrarecido, con la Fiscalía Superior del País Vasco abriendo diligencias contra el alcalde de Vitoria, la oposición en el consistorio vitoriano reprobando las declaraciones del alcalde, la opinión pública dividida y el lado oscuro de la fuerza digital derramando terabytes de abyecta inhumanidad, el portavoz del PP en el Parlamento vasco, Borja Sémper, ha pedido explicaciones al lehendakari Urkullu sobre la citada campaña. Me consta que la campaña objeto de la polémica estaba pensada, al menos el texto de la misma, allá por el mes de mayo o junio. Puedo decirlo porque uno de sus creadores tuvo a bien compartir conmigo las primeras versiones del texto. Pondría, pues, la mano en el fuego para sostener que nada tiene que ver su lanzamiento hace unos días con la polémica a la que vengo haciendo referencia. Pero el caso es que, entre unas cosas y otras, llevamos tres meses de ruido y furia que, lejos de permitir un debate argumentado y constructivo sobre cualesquiera cuestiones que puedan preocupar a quien sea, no han hecho otra cosa que enlodazar la política vasca. Y mucho me temo que, si no somos capaces todas y todos, cada uno desde nuestra responsabilidad, de volver a situar la discusión en el espacio de la sensatez, su abordaje en sede parlamentaria no va a servir más que para reproducir lo visto hasta ahora, sólo que en un escenario todavía más visible.

Cuando se discutió en el ayuntamiento de Vitoria el comportamiento de su alcalde, la portavoz del PP, Ainhoa Domaica, criticó la moción aprobada por los grupos de la oposición, en la que se pedía excluir del debate público la inmigración, con estas palabras: "Lo que proponen los grupos es que no se puede hablar de todo en Vitoria. Sólo se va a poder hablar de lo que ellos dicen que se pueden hablar". Creo que la posición expresada por la edil popular abre una puerta para reconducir la situación. 
En efecto, sería un error pretender impedir que un grupo de vecinas y vecinos, un medio de comunicación o un representante político plantee abiertamente la necesidad de abordar cualquier cuestión, también las relacionadas con la inmigración, si consideran que algo no se está haciendo bien. ¡Faltaría más! Pero la cuestión no es esa. la cuestión, en mi opinión, es acertar desde el principio en la forma en que tales cuestiones son planteadas. No se puede discutir de cualquier manera, especialmente cuando tocamos cuestiones sensibles que tienen que ver con la dignidad y los derechos de las personas. Como dice Xabier Aierdi, en relación a la cuestión de la inmigración, como en tantas otras, "sobran tanto los discursos implacables como los impecables". .

En mayo de 2012, en una situación que empezó igual que ahora aunque, afortunadamente, no llegó tan lejos, escribí en este mismo blog lo siguiente

Primero los de casa: este ha de ser, parece, el principio fundador de un ejercicio eficiente de la política, frente al buenismo hueco de quienes enarbolan el lenguaje universal de los derechos humanos. Pero fue el buenismo el que a mediados de los 80 nos llevó a denunciar el terrorismo de ETA y a defender en la calle la vida y la libertad de todas y cada una de las personas frente a un discurso y una práctica que definían como población sobrante a una parte de la sociedad vasca. ¿No hemos aprendido nada de estos años pasados en Euskadi? ¿De verdad no nos estremece escuchar apelaciones a identificar a los “auténticos vascos” y a tratarlos de manera distinta a otras personas que, aún viviendo a nuestro lado, son definidas como extrañas?La política de inmigración no puede reducirse a entonar el Imagine de Lennon, pero tampoco puede fundarse en la suspensión del valor universal de los derechos inviolables e inalienables de la persona en función de coyunturas políticas o económicas. Se puede discutir sobre la inmigración, claro que sí. Se pueden proponer diagnósticos y políticas diversas, por supuesto. Lo que no se puede es confundir política y testosterona. No alimentemos la fiera. El daño está hecho, pero no es irreversible. Urge dialogar sobre la inmigración, sí, pero necesitamos hacerlo sin vernos obligados a elegir entre ser buenos o ser eficaces. Necesitamos pactar un marco que nos permita discutir con libertad, pero sin causar daño. A nadie. Tampoco a nosotros mismos.

Que cada cual ponga sobre la mesa del espacio público aquellos temas que le preocupen, le incomoden o le interesen. Pero hagámoslo con cabeza y con corazón, con inteligencia y con empatía, con firmeza pero con respeto. Para salir del debate un poco mejores de lo que habíamos entrado. Para no perder la discusión, aunque pensemos que la hemos ganado.

ACTUALIZACIÓN (lunes 22, 17:40).

Esta mañana he escuchado en la SER una breve referencia a una entrevista  a Borja Semper: lo poco que he escuchado me ha sonado muy bien. Ahora acabo de escuchar la entrevista completa, y aún me ha sonado mejor. Puede escucharse aquí, la referencia a la polémica inmigracion/ayudas sociales a partir del minuto 3:07. Creo que Semper contribuye a encauzar la polémica. Ójala ese sea el tono que utilicemos todas y todos.

sábado, 22 de agosto de 2009

Dignidad

Pedro Cavadas es un cirujano que habla de dignidad: de la que se deriva del hecho de tener un rostro, no sé si espejo del alma, pero si recurso fundamentalisimo para desarrollar las interacciones sociales que nos hacen humanos.
También habla de la dignidad que nos debemos como sociedad: no todo es aceptable en el mundo de la información, aún si una gestión de la comunicación poco acertada da facilidades a quienes, sin reparar en el daño que pueden causar, persiguen la discutible exclusiva de poner cara a quien tiene derecho a mantener su nuevo rostro en secreto.
Pedro Cavadas es un cirujano de élite que sin embargo reivindica una sanidad de calidad no sólo pública, también y sobre todo social.

Cirugía de la dignidad. Me parece un personaje asombroso. Admirable. Dignísimo.