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jueves, 28 de diciembre de 2023

Radicalizado

Cory Doctorow
Radicalizado: Cuatro distopías muy actuales
Traducción de Miguel Temprano García
Capitán Swing, 2022

"Martin sabía que el Suceso era inminente. Lo cierto era que el mundo ya no necesitaba a toda esa gente, y el mercado lo había dejado muy claro, empujándolos a sitios cada vez más pequeños e incómodos. [...]
Hay que reconocerles a los socialistas que lo vieron venir. Sabían que el mundo se dirigía a un estado en el que el número de betas y gammas que necesitaban los alfas para que los sistemas siguieran funcionando superaría con mucho la demanda, y que esas personas innecesarias irían siendo apartadas, primero poco a poco y luego de golpe. Aunque no se dejarían apartar sin pelear, claro. ¡Claro! ¿Quién lo haría?
Era como la gentrificación de los barrios, pero a gran escala".

 
A lo largo de mi vida he leído mucha, muchísima ciencia ficción, pero hacía tiempo que no encontraba nada nuevo que me enganchara o, al menos, me entretuviera mínimamente. Hasta que he dado con el canadiense Cory Doctorow, cuya obra apenas si se ha publicado en España. Radicalizado es, si no me equivoco, su libro más reciente. Cuatro relatos muy diferentes entre sí vinculados por el protagonismo que en todos ellos tiene la tecnología. Un protagonismo en absoluto liberador, en la línea de Black Mirror.
 
En el primer relato, "Pan no autorizado", las empresas fabricantes de electrodomésticos han conseguido fabricar unos aparatos que sólo funcionan si se utilizan en combinación con otros productos de las mismas empresas: el horno con un determinado tipo de pan, el lavavajillas para platos de una cierta marca, la lavadora con un cierto detergente... Cuando las empresas fabricantes de estos electrodomésticos quiebran como consecuencia de complejas operaciones especulativas ejecutadas por un gigantesco fondo buitre, volviéndolos inutilizables, la protagonista, Salima, consigue hackear su horno ("Podría lavar los latos en el fregadero, pero ¿cómo diablos se suponía que iba a hacer las tostadas, con una vela?") haciéndose con el control del mismo: "Era un nuevo tipo de horno, un horno que aceptaba órdenes en lugar de darlas". Tras este logro Salima desbloqueará su lavavajillas, su lavadora y, tras estos, los electrodomésticos de sus vecinas, inmigrantes y refugiadas como ella misma, llegadas a Boston procedentes de diversos países de Oriente Medio y de África. Después vendrán los ascensores de las Torres Dorchester, donde residen, unos edificios fuertemente segregados en los que los elevadores "dan prioridad a la parte del edificio con alquileres a precios de mercado", mientras que las habitantes de rentas sociales  o subsidiadas debían esperar largo tiempo hasta poder utilizarlos. Llevar la "libertad tecnológica a sus hogares" se ha convertido en el centro de la vida de Salima: "tomar el control de la tecnología que la rodeaba, la que utilizaban aquellas fuerzas lejanas y sin rostro para tomar el control sobre ella". Una oportunísima reflexión sobre las restricciones de libertad personal que asumimos, tantas veces sin reflexionar sobre ello, cuando usamos la tecnología.

En el segundo relato, "Una minoría modélica", un súper héroe de origen extraterrestre de gran parecido a Superman llamado "el Águila Americana" se enfrenta a la policía de Staten Island cuando cuatro patrulleros blancos propinan una brutal paliza a un conductor negro, al que hieren gravemente y acusan falsamente de resistencia y de posesión de drogas. "Sólo quiero asegurarme de que un hombre tiene un juicio justo", le dice a Bruce, un playboy multimillonario compañero (secreto) de el Águila "de la misma larga guerra contra el crimen y los supervillanos". Pero esta vez Bruce no apoya su lucha: "Tu causa es buena. Pero esto no lo puedes ganar. Tienes que entenderlo. No puedes interponerte entre ese pobre desgraciado y lo que le va a hacer el sistema". Ni siquiera siendo un súper héroe.

El tercer relato, "Radicalizado", cuenta la historia de un hombre indignado cuando descubre que su seguro no cubre el tratamiento que podría dar alguna esperanza de supervivencia a su esposa diagnosticada de cáncer: "Joe estaba furioso. No podía enfadarse con el cáncer, pero podía enfadarse fría y mortalmente con la compañía de seguros y sus empleados. Trabajaba en una empresa de primer nivel que figuraba en la lista de Fortune de las cien mejores compañías, y había contratado el paquete de seguros más caro -cada mes le quitaban más de mil quinientos dólares de su nómina para pagarlo-, y ahora un hijo de puta sin rostro había decidido que ni siquiera iban a intentar salvar a su mujer de una muerte grotesca y dolorosa". Enganchado al foro "Que le Den Por Culo al Puto Cáncer de Mierda", un foro online "para gente muy cabreada cuyos allegados estaban muertos o muriéndose" se introducirá en un oscuro mundo en el que la violencia terrorista empieza a plantearse como la única opción frente a un sistema sanitario absolutamente mercantilizado.

El cuarto y último relato, "La máscara de la muerte roja", es la recreación del famoso relato homónimo de Edgar Allan Poe en un presente amenazado por el colapso ecosocial, donde un grupo de preparacionistas (o supervivencialistas) se encierran en un refugio denominado "el Fuerte del Día del Juicio Final", dotado de las medidas de seguridad más sofisticadas. No solo el título, también el final está calcado del relato de Poe.

Cuatro historias cargadas de ingenio, mala leche y crítica anticapitalista. 


sábado, 23 de diciembre de 2023

La pared

Marlen Haushofer
La pared
Traducción de Claudia Toda Castán
Volcano, 2021 (3ª ed.)

"La pared se ha convertido hasta tal punto en parte de mi vida que a veces transcurren semanas sin que piense en ella. Incluso cuando pienso en ella, no me resulta más inquietante que un muro de ladrillo o una valla de jardín que me cortan el paso. ¿Qué se supone que la hace tan especial? Es un objeto de un material cuya composición desconozco. Objetos así he visto de sobra en mi vida. Aunque la pared me obligó a empezar una vida nueva, lo que de verdad me importa es lo mismo de siempre: el nacimiento, la muerte, las estaciones; crecimiento y decadencia. La pared es una obra que no está muerta ni viva, en realidad no me importa y por eso no sueño con ella".


La protagonista y narradora de esta novela es una mujer que, estando de visita en el coto de caza de su prima Luise y de Hugo, su adinerado marido ("Lo cierto es que mantenía el coto solo por las apariencias. Era mal tirador y le repugnaba matar corzos inocentes. Invitaba a sus socios y estos, en compañía de Luise y el guarda, se ocupaban de cobrar las presas autorizadas mientras él, con las manos cruzadas sobre la barriga, dormitaba en una tumbona ante la casa"), sobrevive a una repentina e inexplicada catástrofe que, aparentemente, ha acabado con toda la vida humana y animal. Si ella ha sobrevivido es gracias a una misteriosa pared transparente que la ha protegido de sea lo que sea que ha provocado la extinción ("En aquella época se hablaba sin parar de la guerra atómica y sus consecuencias..."). Pero la pared que la protege es también un cierre infranqueable. 

Como si de un diario se tratara, la protagonista relata la crónica de dos años largos de vida y encierro solitarios, salvo por la compañía de algunos animales que, como ella, han quedado a este lado de la pared: el sabueso Lince, una gata semisalvaje y una vaca, Bella.

"Ya no era lo bastante joven para considerar seriamente el suicidio. Sobre todo me lo impedía el pensar en Lince y Bella y, además, cierta curiosidad. Y no habría podido largarme ante un enigma sin resolver. Gracias a las precauciones de Hugo contaba con provisiones que quizá me durarían todo el verano; tenía una casa, leña de por vida y una vaca que también era un enigma sin resolver y que a lo mejor pariría un ternero".
 
Marlen Haushofer firma una delicada historia de supervivencia en la que la emoción predomina sobre la acción. Una historia reposada y reflexiva, de sentimientos, de relaciones con la naturaleza, en la que la violencia irrumpirá puntualmente de la mano de un hombre. Un canto a la vida ("Amar y atender a otros es una tarea muy trabajosa, mucho más difícil que asesinar y destruir"). Publicada originalmente en 1968, La pared es un ejemplo de ficción ecofeminista al que merece mucho la pena dedicar unas horas de lectura sosegada.

"A la pared no le daba demasiadas vueltas. Di por hecho que se trataba de un arma nueva que una de las grandes potencias había logrado mantener en secreto; un arma ideal que dejaba la tierra intacta y solo mataba personas y animales. Sin duda habría sido mejor preservar a los animales pero, al parecer, no resultaba posible. Desde el principio de los tiempos, los seres humanos nunca han tenido consideración con ellos cuando se masacran unos a otros. Cuando el veneno -yo imaginaba una especie de veneno- perdiera su efecto, se podría conquistar el terreno. [...] No tenía manera de saber por cuánto tiempo la tierra continuaría yerma; supuse que, en cuanto fuera posible acceder, la pared desaparecería y entrarían los vencedores. Hoy a veces me pregunto si el experimento, si es que fue algo de ese tipo, no les salió demasiado bien. Los vencedores tardan mucho en llegar".

jueves, 27 de abril de 2023

Los empleados

Olga Ravn
Los empleados
Traducción de Victoria Alonso
Anagrama, 2023

"Es una cosa peligrosa para una organización no saber con certeza cuáles de los objetos que están bajo su custodia habrían de ser considerados vivos".

 
La nave seis mil lleva meses orbitando alrededor del planeta Reciente Descubrimiento. Su tripulación, un centenar largo (¿179?) está compuesta de humanos y de humanoides. Además de disfrutar de la lectura de un relato tan ingenioso como emocionante se puede jugar a identificar quienes están en un lado y quienes en otro: no siempre es fácil.

Al explorar uno de los valles de Reciente Descubrimiento encuentran unos extraños objetos que llevan a la nave. Su descripción es fascinante, como si se tratara de realidades imaginadas por H.R. Giger... pero sin mandíbulas. Los objetos emiten "una especie de arrullo" o "como un zumbido eléctrico" y alguno "parece del sexo femenino", ponen huevos, algunos están siempre fríos y otros calientes, "tienen intimidad" y los hay que "parecen poseer una maldad consustancial, o tal vez sea indiferencia". El contacto con esos objetos produce reacciones muy distintas entre los diversos componentes de la tripulación: nostalgia, desagrado, miedo, deseo, alegría, así como sueños y cambios en los patrones de conducta de humanos y de humanoides que inciden sobre su trabajo sobre la misión.
 
"Los he visto apiñarse con las cabezas hundidas y comunicarse sin articular palabra. Los he visto desaparecer en el ala número cuatro, girarse uno de ellos hacia mí cuando se encontraba en el hueco de la puerta y mirarme directamente a los ojos antes de que el miembro de la tripulación cerrase la puerta. ¿Qué me dijo esa mirada? No decía nada, más bien pasó sobre mí como si yo fuese un simple código, analizado y leído. ¿De qué manera lo veo yo? Yo lo veo así: la nave seis mil está preñada de cosas vivas" [Testimonio 102].
 
Una comisión de investigación recoge el testimonio de la tripulación con el fin de conocer lo que está ocurriendo en la nave. La novela se construye como una sucesión de transcripciones literales de estos testimonios. A medida que avanzamos en su lectura, formalmente fría y objetiva, vamos introduciéndonos en un escenario desasosegante, ominoso, hasta su sorprendente final.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

La parábola de los talentos

Octavia E. Butler
La parábola de los talentos
Traducción de Silvia Moreno Parrado
Capitán Swing, 2021

"He leído que la época turbulenta a la que los periodistas han empezado a referirse como  'el Apocalipsis' o, de una forma más habitual y más amarga, como ´la Calamidad´, duró desde 2015 hasta 2030, un decenio y medio de caos. Eso no es verdad. La Calamidad ha sido un tormento bastante más largo. Empezó mucho antes de 2015; tal vez incluso antes del cambio de milenio. Y aún no ha terminado".


Continua, tras La parábola del sembrador, la epopeya de Lauren Oya Olamina en unos Estados Unidos sumido en el caos, ahora gobernados por un presidente ultraconservador llamado Jarret, cristiano fanático y fundamentalista, que promete hacer que "América vuelva a ser grande" (la ficción anticipa la realidad). 

Pero ya no es Olamina quien nos cuenta la historia en primera persona, como lo hacía en el Sembrador; fallecida, en esta secuela es su hija, Asha Vere, quien reconstruye mediante los diarios de una madre a la que no conoció un tiempo atroz en el que el miedo llevó a la mayoría de las personas a depositar toda su confianza en un iluminado cruel:

"He reservado la peor noticia para el final. Las elecciones fueron el martes 2 de noviembre. Ha ganado Jarret. Cuando Bankole se enteró dijo. 'Que Dios se apiade de nuestras almas'. Yo creo que estoy más preocupada por nuestros cuerpos. Antes de las elecciones me decía a mí misma que la gente tendría suficiente cabeza como para no votar aun tío cuyos seguidores queman a gente viva por 'brujería' y prenden fuego a las iglesias y las casas de la gente que no les gusta".

Tenía razón Olamina al preocuparse más por los cuerpos que por las almas. Porque serán estos, los cuerpos, específicamente los cuerpos de las mujeres, los que encarnarán y sufrirán tanto los miedos como los deseos de los seguidores de Jarret.

Un libro duro, amargo, en el que, sin embargo, persiste el mensaje de esperanza que Olamina en y para la humanidad que Olamina ha ido plasmando en su propuesta llamada Semilla Terrestre:

"Asociarse es dar, tomar, aprender, enseñar, ofrecer el máximo beneficio posible mientras se hace el menor daño posible. Asociarse es entablar una simbiosis mutualista. Asociarse es vivir.
Toda entidad, todo proceso que no pueda o no deba resistirse o evitarse debe asumirse en sociedad. Debéis asociaros unos con otros. Asociaros con la vida. Asociaros a Dios. Solo asociados podemos prosperar, crecer, Cambiar. Solo asociados podemos vivir".


Octavia E. Butler es una gran escritora aunque, como tantas, muy desconocida, especialmente cuando pensamos en un género tradicionalmente tan masculinizado como es el de la ciencia ficción. Merece mucho la pena acercarnos a su obra.

sábado, 18 de septiembre de 2021

La parábola del sembrador

Octavia E. Butler
La parábola del sembrador
Traducción de Silvia Moreno Parrado
Capitán Swing, 2021 

"Yo soy Semilla Terrestre, Cualquiera puede serlo. Algún día, creo que seremos muchos. Y creo que tendremos que sembrarnos a nosotros mismos cada vez más lejos de este lugar moribundo".

 
California, año 2024. Una pavorosa combinación de crisis ecológica, crisis económicas y crisis políticas ha provocado la ruptura de cualquier atisbo de orden social y un escenario hobbesiano ("Así son las cosas ahí fuera. Si tienes una pistola, eres alguien. Si no la tienes, eres una mierda. Y ahí fuera hay mucha gente que no tiene pistola") condena a las escasas comunidades que han tenido éxito a la hora de mantener las bases fundamentales de una vida civilizada a sobrevivir emparedadas entre una minoría de personas poderosas viviendo en enclaves protegidos por las armas, propietarias de todos los recursos en un mundo-mercado en el que las corporaciones compran ciudades enteras, y masas desesperadas de gentes sin hogar, enfermas, hambrientas, que luchan entre sí y amenazan a las pequeñas comunidades. Es la pesadilla de las clases medias expropiadas del sueño meritocrático, la distopía de una segunda generación condenada a vivir peor que sus padres: "No voy a poder pagarme la universidad. No voy a encontrar trabajo ni irme de casa de mis padres, porque en ningún trabajo que pueda conseguir ganaría lo suficiente y además no hay sitios seguros a los que mudarme. ¡Joder, que mis padres siguen viviendo con los suyos!".
 
La protagonista de esta novela (parábola de la sembradora), la joven de quince años Lauren Olamina, afectada por la hiperempatía ("Siento lo que veo sentir a los demás o lo que creo que sienten. Hasta mí llega muchísimo dolor que ni es mío ni es de verdad. Pero duele"), es la creadora de un ecléctico sistema de creencias denominado "Semilla Terrestre". Cuando su comunidad y su familia son destruidas inicia un arriesgado viaje en el transcurso del cual va encontrándose con algunas personas que se suman a su proyecto al descubrir en este, más allá de sus fundamentos espirituales, la vía para construir "una especie de comunidad en la que la gente se cuide entre sí".

Octavia E. Butler tenía la intención de que La parábola del sembrador fuera la primera obra de una trilogía que quedó inconclusa con su fallecimiento en 2006, a la edad de 58 años. Butler pudo publicar la continuación a "el sembrador", titulada La parábola de los talentos, pero no la que sería la culminación de la serie, que se titularía The Parable of the Trickster, en la que conoceríamos el resultado final de esa siembra iniciada por Lauren Olamina. Nunca lo sabremos. Pero sí podemos, creo, adivinar de qué dependería ese resultado: de extender o no esa cultura del cuidado.
 
"Si el síndrome de hiperempatía fuera más común, la gente no haría esas cosas. Podría llegar a matar si hacía falta, y soportar ese dolor y quedar destrozada por él. Pero, si todo el mundo pudiera sentir el dolor de los demás, ¿quién torturaría? ¿Quién le provocaría a otra persona un dolor innecesario? Nunca antes había pensado que mi problema pudiera servir para algo bueno, pero, tal como están las cosas, creo que podría ayudar. Ojalá pudiera pegárselo a la gente. Como eso es imposible, ojalá pudiera encontrar a otras personas que lo tengan y vivir con ellas. Una conciencia biológica es mejor que no tener conciencia ninguna".
 
Capitán Swing ha anunciado que en octubre publicará La parábola de los talentos. Estoy deseando leerla.



domingo, 12 de abril de 2020

Máquinas como yo

Ian McEwan
Máquinas como yo
Traducción de Jesús Zulaika
Anagrama 2019

"Puede que nos encontremos ante una situación límite, una limitación que nos hemos impuesto a nosotros mismos. Creamos una máquina con inteligencia y conciencia de sí misma y la obligamos a habitar nuestro mundo imperfecto. Concebida conforme a unas líneas racionales, y bien dispuesta para con los demás, esta mente pronto se verá enfrentada a un huracán de contradicciones. Nosotros hemos vivido con ellas, y su lista nos abruma. Millones de seres mueren de enfermedades que podemos curar. Millones de seres viven en la pobreza cuando existen medios para abolirla. Degradamos la biosfera cuando sabemos que es nuestra única casa. [...] En todo su maravilloso código no hay nada que pudiera preparar a Adán y a Eva para Auschwitz".

Gran Bretaña, año 1982. Gobierna Margaret Thatcher y la vida de los protagonistas se desarrolla dentro de una esperable cotidianidad. El narrador, Charles Friend, es un treintañero interesado por la electrónica y titulado en antropología por una pequeña universidad, que sobrevive gracias a la herencia de su fallecida madre y a la inversión en pequeña escala en los mercados de divisas online desde su domicilio alquilado, "dos húmedas habitaciones  de planta baja en la anodina tierra de nadie de unas casas adosadas estilo eduardiano entre Stockwell y Clapham, al sur de Londres". Su vecina del apartamento superior, Miranda Blacke, tiene veintidós años y cursa estudios de historia a la vez que cuida de su padre enfermo, que vive en Salisbury. Su relación, al principio de amistad, acaba derivando en relación de pareja (con algunas complicaciones inesperadas que no indico para no debilitar la trama).

Pero esta aparente normalidad es solo la superficie de una ucronía si tenemos en cuenta que, en la novela, Gran Bretaña ha sido derrotada en la guerra de las Malvinas; Thatcher acaba perdiendo las elecciones frente a un candidato laborista; los Beatles han sacado un nuevo album reagrupados tras doce años de ruptura; Alan Turing sigue vivo y goza del máximo respeto social y académico al frente de su instituto de investigación sobre inteligencia artificial y biología computacional; y, lo más relevante de todo, se han construido y comercializado unos sofisticados "humanos artificiales", doce "Adán" y trece "Eva" (agotadas en la primera semana), de diversas etnias. Acompañados de un manual de instrucciones online de 470 páginas y un botón de desconexión situado en la parte posterior de su cuello, "justo en la línea de nacimiento del pelo".

Aunque su primera intención fue adquirir una Eva, finalmente Charles ha invertido 86.000 libras, fruto de la venta de la casa familiar, en un Adán:

"Ahora lo teníamos allí desnudo sobre la mesita del comedor, con los tobillos envueltos en cartón y poliestireno, los ojos cerrados y un cable eléctrico negro que iba desde el punto de entrada umbilidal hasta la toma de corriente de trece amperios de la pared. Tardaría dieciséis horas en cargarse por completo. [...] No tenía ningún altavoz inserto en el pecho. Sabíamos por la publicidad entusiasta que formaba sonidos con el aliento, la lengua, los dientes y el paladar. Su piel, muy parecida a la piel viva, era cálida al tacto y tan suave como la de un niño. Miranda creyó verle un leve temblequeo en las pestañas. Yo estaba serguro de que lo que veía eran las vibraciones del metro que circulaba a treinta metros bajo nuestros pies, pero no dije nada".

Como todos sus congéneres, antes de lanzarlo a la "vida" es preciso programar su "personalidad" en función de las preferencias personales de sus propietarios, tarea que Charles decide compartir con Miranda. Aún así, esa primera programación no es sino la base a partir de la cual cada máquina desarrolla su capacidad de aprender a partir de su propia experiencia:

"En aquel momento yo no podía saber que esas opciones en escala iban a afectar muy poco a Adán. Lo en verdad determinante era lo que se conocía como «aprendizaje de la máquina». El manual del usuario brindaba apenas una influencia y un control ilusorios: ese tipo de ilusión que tienen los padres en relación con las personalidades de sus hijos".

Y es así que, como una señal desdichada de lo que vendrá después, en sus primeras horas de vida Adán comunica a Charles una oscura advertencia relativa a Miranda:  "Existe la posibilidad de que sea una mentirosa. Una mentirosa sistemática, maliciosa".

A partir de este planteamiento McEwan construye un texto repleto de giros y sorpresas, una narración a ratos traviesa y a ratos oscura e inquietante, que se convierte en una profunda reflexión sobre la complejidad y la ambiguedad moral de nuestra existencia; sobre la tremenda responsabilidad que supone crear seres pensantes y sintientes, educados/programados para actuar siempre de manera racional y altruista, y lanzarlos a un mundo lleno de contradicciones (los episodios que giran en torno a "la tristeza de las máquinas" son conmovedores); seres para los que no existen la mentiras piadosas ni las medias verdades...

¿Cómo podemos pensar siquiera en construir nada perfecto, nosotras y nosotros, seres tan imperfectos (afortunadamente)? Nos lo ha advertido Paul Virilio: toda invención lleva inexorablemente aparejada su correspondiente accidente: “Creación y caída, el accidente es una obra inconsciente, una invención en el sentido de descubrir lo que estaba oculto. A diferencia del accidente NATURAL, el accidente ARTIFICIAL es resultado de la innovación de un artefacto o materia sustancial. Se trata del naufragio del Titanic o de la explosión de la central de Chernobyl –catástrofes emblemáticas del siglo pasado-, el problema planteado por el acontecimiento accidental no es tanto el iceberg que aparece en el Atlántico cierta noche de 1912, o el reactor nuclear divergente cierto día de 1986, como la fabricación del trasatlántico «insumergible» o incluso la construcción de una central atómica en las cercanías de zonas habitadas” (Paul Virilio, El accidente original, Amorrortu 2009. Traducción de Irene Agoff).

La complicada irrupción en sus desnortadas vidas de Mark, un niño de cinco años hijo de una pareja grevemente desestructurada, se convierte en ocasión para que Miranda y Charles afronten la tarea, penosa y plenamente humana, de construir una existencia de seres humanos reales, de seres realmente humanos...


lunes, 5 de septiembre de 2016

El centro

Hacía tiempo que venía oyendo hablar de Neil Gaiman y, sobre todo, de su novela American Gods. Y era tanto y tan bueno lo que oía al respecto que me echaba para atrás. Manías. Pero luego fui leyendo diversas entrevistas con Gaiman y me pareció un tipo de lo más interesante, tanto por su forma de abordar la literatura como por su manera de mirar al mundo. Así que estos días estoy terminando su novela: ya hablaremos de ella, solo diré ahora que me está encantando.
En sus páginas 398-399 me he encontrado con unas líneas que, manías, me han llevado a pensar sobre la situación política en la que estamos. Son estas:

- No existe ningún lugar neutral -dijo Czernobog.
- Hay uno -dijo el señor Nancy-. El centro. Czernobog meneó enérgicamente la cabeza.
- No. No querrán reunirse allí con nosotros. Allí no pueden hacernos nada. Y a nosotros tampoco nos conviene reunirnos allí.
- Precisamente por eso han propuesto que la entrega se efectúe en el centro.
Czernobog se quedó reflexionando un momento.
- Puede ser -dijo, tras unos instantes.
- Cuando terminemos de desayunar -dijo Sombra-, conducid vosotros. Necesito dormir un poco.

Determinar cuál es el centro exacto de cualquier cosa puede resultar, en el mejor de los casos, problemático. Con los seres vivos -personas, por ejemplo, o continentes- el problema es una cuestión de intangibilidad: ¿cuál es el centro de un hombre?
¿Dónde está el centro de un sueño? Y en el caso de Estados Unidos, ¿hay que tener en cuenta Alaska a la hora de buscar el centro? ¿Y Hawai?
Cuando empezó el siglo XX se hizo una gran maqueta de cartón de Estados Unidos, de los cuarenta y ocho estados que había entonces, y para encontrar el centro la pusieron sobre un alfiler hasta que encontraron el único punto donde se mantenía en equilibrio.
Difícil de acertar: el centro exacto de Estados Unidos estaba a unos cuantos kilómetros de Líbano, en el condado de Smith, Kansas, en la granja de cerdos de Johnny Grib. En la década de 1930, los habitantes de Líbano quisieron erigir un monumento en mitad de la granja, pero Johnny Grib dijo que no quería que miles de turistas lo pisotearan todo y molestaran a sus cerdos, y sus vecinos pensaron que quizá tenía razón, así que erigieron el monumento al centro geográfico de Estados Unidos tres kilómetros al norte de la ciudad. Construyeron un parque, y un monumento en piedra para colocarlo en el parque, y grabaron una placa para ponerla en el monumento e indicar que aquel era el centro geográfico exacto de Estados Unidos de América. Asfaltaron la carretera que iba desde la ciudad hasta el parque, y, convencidos de que los turistas querrían visitar Líbano en masa, construyeron un motel al lado del monumento. Llevaron hasta allí una capilla prefabricada. Luego esperaron a que llegaran los turistas: toda esa gente que estaba deseando poder contarle a todo el mundo que habían estado en el centro de Estados Unidos, y se maravillaban, y rezaban.
Los turistas no llegaron. Nadie fue a visitarlo.
Ahora es un triste parquecito con una capilla prefabricada no mucho más grande que una cabaña para pescar en el hielo que no serviría ni para celebrar un funeral íntimo, y un motel con ventanas que parecen ojos muertos.
- Razón por la cual -concluyó el señor Nancy, según llegaban a Humansville, Missouri (1.084 habitantes)- el centro exacto de Estados Unidos es un pequeño parque en ruinas, con una iglesia vacía, una pila de piedras y un motel abandonado.
- Una granja de cerdos -dijo Czernobog-. Acabas de decir que el centro exacto de Estados Unidos era una granja de cerdos.
- Lo importante no es cuál es -dijo el señor Nancy-. Lo importante es cuál cree la gente que es. En cualquier caso, es algo imaginario. Por eso es importante. La gente solo lucha por cosas imaginarias.
- ¿ La gente como yo? -dijo Sombra-. ¿O la gente como tú?
Nancy no dijo nada. Czernobog emitió un sonido que lo mismo podía ser una risa que un ronquido.

Pues eso. Que lo del centro en política es, cada vez más, ese triste parquecito abandonado que nadie visita en serio. 
Lo digo por si alguien en la ejecutiva del PSOE está pensando en construir allí un motel, una capilla y un monumento.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Himalayistas y marcianos

Dos libros que tratan de supervivencia, ingenio y superación. Uno recoge hechos reales, el otro es una novela de ficción científica.



El primero es Escaladores de la libertad Cuenta la historia de un grupo de extraordinarios alpinistas polacos –Jerzy Kukuczka, Voytek Kurtyka, Wanda Rutkiewicz, Krzysztof Wielicki, Andrzej Zawada o Artur Hajzer– que tras la Segunda Guerra Mundial, en una Polonia deprimida y oprimida, se convirtieron en la vanguardia de la escalada en el Himalaya. Como señala la autora, el 80 por ciento de ellos y ellas -pues las mujeres son una parte muy importante de esta historia- perdieron la vida en las montañas.Y es que estremece tan sólo leer las condiciones en las que afrontaban las escaladas más complicadas: sin recursos económicos, con muy escasos medios técnicos, y aún así proponiéndose las más arriesgadas ascensiones: sin oxígeno, en invierno, en solitario...

Una teoría, sostenida por la mayoría de los extranjeros, era que los escaladores polacos sufrían de un profundo sentido de inferioridad y que tenían que demostrar algo. Habían peleado y perdido innumerables guerras a lo largo de los siglos. Eran pobres. Eran en gran parte invisibles fuera de sus fronteras. para los extranjeros, Polonia estaba "por ahí", en el este de Europa. Su material y la ropa que llevaban era inferior, y tenían poco dinero para contratar porteadores y camiones o para comprar comida de otros países. Si querían mantenerse a la altura de sus colegas de otros países, ellos debían esforzarse más y, al hacerlo, les superaban.
Era una teoría interesante, pero la mayoría de los escaladores polacos la rechazaban de plano. Ellos creían que su fortaleza y su sentido del orgullo no se debía a creerse inferiores sino a lo contrario, a la aristocrática tradición polaca de nobleza y coraje. Siglos de castillos y sables; soldados marchando a través de bosques, defendiendo a Polonia de pillajes y saqueadores. Y de generaciones de opresión por parte de alemanes y rusos. Voytek Kurtyka lo llamaba "vivir entre el martillo y el yunque". De luchar por la independencia. De estar en continuo estado de alerta. Disposición. Coraje. Fuerza. Pero ahora los castillos y los saqueadores habían desaparecido y se habían visto reemplazados por las montañas. los sables eran ahora piolets. Resulta difícil descartar la similitud entre el rendimiento de los polacos en las montañas y su conducta en las guerras.

El marciano

El segundo es El marciano. Un astronauta, miembro de la tercera misión tripulada a Marte, es dado por muerto y abandonado en el planeta rojo.Pero está vivo, y a partir de ahí comienza una extraordinaria lucha por la supervivencia, en la que el ingenio, el conocimiento científico, el humor y la solidaridad se alían para intentar su rescate.El protagonista, Mark Watney, es un auténtico Robinson Crusoe galáctico.Es verdad que, en este caso, Viernes son la NASA y la Administración Espacial Nacional de China. ¿Por qué tanto esfuerzo para salvar a un individuo, se pregunta Watney?

Si un excursionista se pierde en las montañas, se coordina una partida de búsqueda. Si un tren colisiona, hacemos cola para donar sangre. Si un terremoto arrasa una ciudad, gente de todo el mundo envía suministros de emergencia. Es algo tan humano que se da en cualquier cultura, sin excepción. Sí, hay capullos a los que no les importan los demás, pero los superan masivamente en número aquellos a los que sí les importan. Por eso he tenido a miles de millones de personas de mi parte. No está nada mal, ¿eh?

lunes, 22 de julio de 2013

El mundo sumergido


Embalse del Ebro, julio 2013

Hacía años que no veía el embalse tan crecido. Me emociona observar ese solitario árbol antibaumaniano, único recordatorio de que aún debe quedar algo sólido bajo tanta liquidez. Me detengo a hacer una foto y al llegar a casa busco la novela de J.G. Ballard El mundo sumergido (Minotauro, 1988 [e.o. 1962], pp. 24-27):

"La falta de recuerdos explicaba quizá la indiferencia de Kerans ante el espectáculo de una civilización que se hundía lentamente. Había nacido y había sido educado en la zona limitada en otro tiempo por el llamado círculo polar ártico -ahora una región subtropical, con una temperatura anual media de veinticinco grados centígrados- y fue por primera vez al sur siguiendo una expedición ecológica, cuando ya había cumplido los treinta. Los vastos pantanos y las junglas le parecieron un laboratorio fabuloso; las ciudades sumergidas poco más que pedestales adornados.
Excepto los hombres más viejos, como Bodkin, no había nadie que recordara haber vivido en ellas, y aun en la infancia de Bodkin las ciudades habían sido fortines asediados, encerrados en enormes diques, desintegrados por el pánico y la desesperación. Venecias que se resistían  a celebrar sus bodas con el mar. [...]
El calentamiento continuo de la atmósfera había empezado a fundir los casquetes polares. Los mares helados de las llanuras antárticas se quebraron y disolvieron. Decenas de millares de témpanos del círculo ártico, Groenlandia, la Unión Soviética y América se derramaron en el mar, y millones de metros cúbicos de nieves eternas se licuaron en ríos gigantescos.
[...] El Mediterráneo se transformó en un sistema lacustre, y las Islas Británicas se unieron otra vez a Francia. Las llanuras centrales de los Estados Unidos, cubiertas por las aguas que traía el Mississipi de las montañas Rocosas, se convirtieron en un golfo enorme que se abría en la bahía de Hudson, y en el Caribe asomaron unas salinas barrosas. En Europa el agua se acumuló en lagos, y el barro arrastrado hacia el sur inundó las ciudades de las llanuras".