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domingo, 14 de diciembre de 2025

Una a una en la oscuridad

Deirdre Madden
Una a una en la oscuridad
Traducción de Regina López Muñoz
Errata naturae, 2025

"Una vez, en una de aquellas salidas, paró a echar gasolina en un pueblo del condado de Fermanagh que la atrajo especialmente. Hacía una mañana luminosa y Cate recordaba flores y un ambiente de discreta prosperidad, negocios impecables, en la puerta de uno de ellos varios manojos de zanahorias con las hojas intactas. Le pareció el clásico lugar al que tantas de las personas que ella conocía en Londres desearían mudarse, y que desmentía la idea que muchos de ellos debían tener sobre la vida en Irlanda del Norte. Sin embargo, más tarde oyó por la radio la noticia de que un varón de veinte años, reservista del RUC, había muerto tiroteado en aquella misma localidad mientras trabajaba en la frutería de su padre. Y aunque no quiso pasar por allí de nuevo para regresar a casa aquella tarde, no le quedó otra. Para entonces el tiempo se había maleado y la cinta de plástico que la policía había atado a varias farolas para acordonar la zona latigueaba y se tensaba por efecto del potente viento y la lluvia. El Ejército había montado un puesto de control y estaban parando a todos los coches: fue una situación horrenda y deprimente. Pensó en el muchacho muerto y se avergonzó de la sensiblería facilona que se había adueñado de ella aquella misma mañana".


Publicada originalmente en 1997, esta es una novela profundamente íntima y, al mismo tiempo, hondamente política. Deirdre Madden sitúa su relato en Irlanda del Norte durante los años más crudos del conflicto sectario, pero evita deliberadamente el tono épico o militante que suele acompañar a las narraciones sobre The Troubles. Por el contrario, la autora elige una perspectiva doméstica, fragmentaria y silenciosa, centrada en la vida de tres hermanas -Cate, Helen y Sally Quinn- cuya historia familiar se ha visto atravesada por la violencia y la pérdida.

La novela se construye a partir de recuerdos, conversaciones y escenas cotidianas que, poco a poco, van revelando la herida central del relato: el asesinato del padre de las protagonistas, un hombre católico moderado, a manos de paramilitares protestantes. Este hecho no se presenta como un momento culminante narrado con dramatismo, sino como una presencia-ausencia constante, un vacío que organiza las vidas de las hermanas y condiciona sus decisiones, sus silencios y su manera de mirar el mundo. Deirdre Madden parece interesada menos en el acto violento en sí que en sus consecuencias a largo plazo, en cómo la violencia política se infiltra en la intimidad y transforma toda la existencia.

"Más de tres mil personas habían muerto asesinadas desde el inicio del conflicto, y todas y cada una de ellas tenían padres, maridos, esposas e hijos a los que les habían arruinado la vida. La prensa hablaba de ellos un par de días, pero en cuanto acababa el funeral era como si aquello fuese el final, cuando no era más que el principio".

La novela huye del maniqueísmo, no busca repartir culpas de forma simplista ni ofrecer una explicación totalizadora del conflicto norirlandés. Por el contrario, insiste en la ambigüedad moral, en la complejidad de las lealtades y en la dificultad de mantener una postura ética clara en un contexto donde la violencia se ha normalizado. 

Cada una de las hermanas encarna una respuesta distinta al conflicto y a la herencia familiar. Sally, la menor, permanece en Irlanda del Norte y asume un papel casi maternal, aferrándose a la tierra, a la casa y a una cierta idea de continuidad. Helen, abogada y defensora de los derechos humanos, se convierte en la voz más explícitamente crítica frente a la violencia institucional y paramilitar; su postura ética, sin embargo, no la protege del cansancio ni del desencanto. Cate, ha emigrado a Londres y representa el deseo de escapar, de vivir al margen del conflicto, aunque esa distancia geográfica no logre borrar del todo el peso del pasado. Al centrarse en las experiencias de las mujeres y en el ámbito familiar, la autora amplía el marco habitual de la narrativa política y nos recuerda que los conflictos históricos no se viven solo en las calles o en los titulares, sino en las cocinas, en las relaciones entre hermanas, en los recuerdos que se transmiten -o se callan- de generación en generación.

El estilo de Madden es sobrio, delicado y profundamente contenido. Su prosa evita el exceso emocional, pero logra una intensidad notable a través de la observación precisa y el ritmo pausado. Las escenas familiares, las conversaciones aparentemente triviales y los paisajes rurales del Ulster adquieren un valor simbólico poderoso: son espacios donde la memoria se activa y donde la historia colectiva se filtra de manera casi imperceptible. La fragmentación narrativa, con saltos temporales, recuerdos intercalados y perspectivas que se superponen, refuerza la sensación de que el pasado no es algo cerrado, sino una presencia viva que irrumpe constantemente en el presente.

Un relato que, más que explicar la violencia, se pregunta cómo se sobrevive a ella, día tras día, una por una, en la oscuridad.

lunes, 4 de noviembre de 2024

La colonia

Audrey Magee
La colonia
Traducción de Inga Pellisa
Sexto Piso, 2024

"Se levantó. Mairéad lavó los platos y los cubiertos y atizó el fuego. Se sentó y cogió la labor gris carbón de un cesto junto a la silla. Era el comienzo de un jersey para james. Oscuro para disimular las manchas. [...] Contó los puntos. Ciento treinta y cuatro. Como era en el principio, ahora y siempre. La oración de la tejedora. Continuó, tres hileras más, derecho, revés, derecho. [...] Sonrió y acarició el nudo de lana, un engrosamiento que serviría para abrigar a James, como me abrigaban a mí los que tejía mi madre, pero no mi abuela, que sigue llamándolo la labor inglesa, la jugada inglesa, el sentimiento de culpa por la hambruna, por la usurpación de tierras. Nos roban nuestras tierras, dicen nos matan de hambre y luego, para mitigar la pobreza, para calmar su sentimiento de culpa, nos ponen a tejer. haced jerséis así y vendedlos, dicen. [...] Bueno, pues yo no voy a tejer, dice Bean Uí Fhloinn. De esa manera no. Esa es la suya. La labor escocesa, inglesa, irlandesa. Yo lo haré a la mía. Tejeré como tejía mi madre. Como tejía mi abuela. Mairéad se rio. De Bean Uí Fhloinn ahí sentada junto al fuego, con su pipa, su té y su labor, desafiante, haciendo calcetines que ya nadie se quiere poner [...]".


Ambientada en una isla remota de Irlanda durante el verano de 1979, la novela se centra en la interacción entre dos visitantes extranjeros y la comunidad local, mientras de fondo retumban las tensiones del conflicto norirlandés. La historia gira en torno a tres personajes principales: Lloyd, un pintor inglés que llega a la isla con el deseo de captar en sus lienzos la esencia del lugar y de sus habitantes; Jean-Pierre Masson, un lingüista francés de madre argelina (que arrastra su propio conflicto identitario) que busca documentar el idioma irlandés en su forma más pura; y James, un joven de la isla dotado de una excepcional mirada artística, que representa las ambiciones y conflictos de una nueva generación atrapada entre la tradición y el cambio.

En principio Lloyd y Masson no podrían ser más diferentes, pero sus objetivos guardan una similitud: ambos están en la isla para estudiar, capturar y poseer algo que, en el fondo, no les pertenece. Para Lloyd, la inspiración artística se encuentra en la crudeza de la isla y en la autenticidad de su gente, pero usa la isla como un recurso visual sin preocuparse por la gente que vive en ella. Por otro lado, Masson ve la isla y su lengua en términos académicos, arqueológicos, en su intento por preservar lo que considera una reliquia de la cultura irlandesa pura. Para la reducida comunidad isleña con la que se relacionan, ambos son extranjeros que  vienen a explotar su cultura y a interferir en sus vidas:

"Lucha de egos, dijo Francis. Francia contra Inglaterra.
Se creen los dueños del lugar.
Eso no es ninguna novedad".

A lo largo de la novela, Audrey Magee construye una poderosa alegoría de la colonización. La isla, sus habitantes y su lengua representan un microcosmos de Irlanda, una nación con una larga historia de colonización y resistencia. Lloyd y Masson, cada uno a su manera, intentan llevarse algo de la isla: uno, capturando su esencia en el lienzo, y el otro, fijando su idioma en estudios lingüísticos que, espera, le reporten reconocimiento académico. 

La lengua irlandesa es central en la novela. La preservación del idioma se convierte en un símbolo de la lucha por mantener viva la herencia cultural frente a la asimilación. Y la isla misma es un personaje fundamental de la novela: su aislamiento físico intensifica las relaciones entre sus habitantes y los visitantes, y potencia la sensación de claustrofobia emocional y cultural. Audrey Magee utiliza la geografía y el paisaje de la isla para enfatizar la resistencia de la comunidad y el sentido de pertenencia que la mantiene unida. Sin embargo, este mismo aislamiento genera conflictos entre el deseo de preservar la identidad y la necesidad de conectarse con el mundo exterior.

Aunque el conflicto norirlandés no es el tema central de la historia, su presencia latente añade una dimensión importante a la novela. Los titulares de los periódicos, que reportan violencia y muerte, contrastan con la aparente paz y aislamiento de la isla, mostrando cómo incluso los lugares más remotos no pueden escapar de la realidad política de la época. Además, la violencia en el norte de Irlanda resalta las tensiones que los isleños sienten respecto a la intervención externa y la amenaza constante a su autonomía.

"¿Qué ha pasado estos días, preguntó Lloyd. ¿Me he perdido algo?
La vida ha seguido su curso habitual, respondió Micheál.
Han matado a una mujer que estaba esperando el autobús, explicó James. Era más joven que mamá.
No hablemos de política, James, dijo Micheál.
No es política. Es un hecho. Han matado a una mujer que estaba esperando el autobús. La han reventado con una bomba.
Qué forma tan espantosa de morir, dijo Lloyd.
Qué forma tan espantosa de vivir, dijo Francis.
 ¿Esperando el autobús?, preguntó James".

La autora emplea una prosa sobria y poética que captura la atmósfera de la isla y su entorno. El ritmo, pausado, nos sumerge en la quietud y el aislamiento de la isla, mientras que las descripciones detalladas del paisaje acentúan la crudeza y la belleza del lugar. Magee alterna entre las perspectivas de los personajes permitiéndonos ver la historia desde distintos puntos de vista, lo que enriquece la narrativa, hace que la tensión se sienta más compleja y matizada y logra que la lectura sea inmersiva, invitándonos a construir nuestra propia reflexión sobre las tensiones y los silencios que dominan la vida en la isla.

Una de las lecturas más recomendables de este año 2024.

sábado, 30 de diciembre de 2023

Madre Irlanda

Edna O'Brien
Madre Irlanda
Fotografías de Fergus Bourke
Traducción de Regina López Muñoz
Lumen, 2021
 
"[...] Irlanda es incorpórea como las diosas con que sueñan los poetas, las que los guían por curiosos círculos. Vivo fuera de Irlanda porque algo dentro de mí advierte de que podría detenerme si viviese allí, de que podría dejar de percibir lo que ha significado poseer semejante legado, de que podría caer en la placidez cuando en realidad deseo nuevamente y por motivos que me resultan indefinibles hollar ese mismo camino, ese mordaz camino de la infancia, con la esperanza de hallar alguna pista que pueda, o quiera, posibilitar el avance que nos devuelve a nuestro hogar y nuestro estado de conciencia originales, a la inocencia radical del instante previo al nacimiento".


Relato autobiográfico en el que Edna O'Brien (Tuamgraney, Condado de Clare, 1930) rememora su infancia y adolescencia en la Irlanda profundamente nacionalcatólica de los años treinta y cuarenta del siglo XX, hasta su "huida a Inglaterra" en 1954.

Una mirada muy crítica a la familia ("La martirizada madre irlandesa y el delirante y desenfrenado padre irlandés no son arquetipos que solo aparecen en las obras de escritores exorcizados, sino figuras habituales en las familias de todo el territorio"), a la sexualidad reprimida ("El cortejo era una aventura desesperada que se llevaba a cabo a duras penas en ciénagas y lodazales, al abrigo de setos húmedos"), a su educación en un convento de monjas ("Trasponer la verja y oír al encorvado portero correr el pasador era dar un paso del que no podrías retractarte durante cinco largos años"), a la mistificación histórica ("siempre los mismos temas abrumadores: victimización, incomprensión, revoluciones abortadas, delatores, caos y chapuzas, instrucciones mal entendidas en el fragor de la batalla"), a la cultura alcohólica ("beber era el deporte nacional, y los hombres siempre estaban tambaleándose o aliviándose contra un muro o dentro de la taberna, cantando y pidiendo más"). 
 
La misma Irlanda reflejada en su famosa trilogía conocida como "las chicas de campo", compuesta por las novelas Las chicas de campo, La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas.
 
Pero una mirada llena de lirismo, con descripciones deslumbrantes acompañadas por las preciosas fotografías de Fergus Bourke.

 




lunes, 26 de octubre de 2020

No digas nada

Patrick Radden Keefe
No digas nada
Traducción de Ariel Font Prades
Reservoir Books (Penguin Random House), 2020

"Jean McConville apenas si dejó rastro. Desapareció en una época muy caótica, y los hijos que dejó eran tan pequeños que muchos de ellos no habían elaborado todavía un catálogo de recuerdos".

 

Esta es la historia de una sociedad rota, la de Irlanda del Norte, a través de las vidas cruzadas de dos mujeres irlandesas, Jean McConville y Dolours Price.

Jean, de soltera apellidada Murray, nacida en el seno de una familia protestante de East Belfast, entró a trabajar como criada, a la edad de catorce años, en la casa de una viuda católica, Mary McConville, de cuyo único hijo se enamoró y acabó casándose. El hijo, Arthur, tenía doce años más que Jean y era militar del ejército británico.

"Cuando Jean y Arthur se enamoraron, el hecho de que procedieran de diferentes vertientes de la divisoria religiosa no pasó desapercibido a sus respectivas familias. En los años cincuenta las tensiones eran, en este sentido, menos pronunciadas de lo que lo habían sido anteriormente y lo serían más adelante, pero aún así una pareja 'mestiza' era poco habitual. Y esto no solo por razones de solidaridad tribal, sino porque protestantes y católicos solían vivir en mundos restringidos: residían en vecindarios diferentes, iban a colegios e institutos diferentes, tenían empleos diferentes, frecuentaban pubs diferentes".

Pero en 1969 estallaron The Troubles, una sangrienta agudización del conflicto histórico que supuso el final de la estrategia de reivindicación no violenta (inspirada en el movimiento pro derechos civiles estadounidense liderado por Martin Luther King) impulsada hasta entonces por el republicanismo, el renacimiento de un IRA "prácticamente fenecido", así como la ruptura de cualquier atisbo de coexistencia, mucho menos de "mestizaje", entre católicos y protestantes. De manera que Jean y Arthur, que vivían con su extensa prole en un barrio protestante, se vieron forzados a marcharse y acabaron alojándose en la pesadilla lecorbusierana de Divis Flats, con una población mayoritariamente católica comprometida activamente con la lucha armada:

"Una vez instalados en su nueva vivienda, los McConville conocieron lo que los residentes llamaban 'la cadena'. Cuando la policía  o el ejército llamaban a la puerta de un piso en busca de armas de fuego, alguien asomaba la cabeza por la ventana de atrás y le pasaba elarma a un vecino o vecina asomados a su propia ventana en el piso contiguo. El arma era entregada a un vecino del otro lado, quien a su vez se la pasaba a alguien de un piso más alejado todavía, y así sucesivamente".

En enero de 1972 Arthur McConville falleció a consecuencia de un cáncer de pulmón. Subsistiendo gracias a una exigua pensión, con treinta y ocho años, Jean se convirtió en viuda y madre de diez hijas e hijos con edades comprendidas entre los veinte y los seis años.  

Una noche, ese mismo año de 1972, tras escucharse disparos en el exterior de su domicilio la familia McConville oyó a alguien que pedía ayuda desesperadamente. Era un joven soldado británico, malherido. Jean salió de la casa e intentó consolarlo apoyando la cabeza del militar en su regazo y rezando. Ante las advertencias de su hijo mayor ("Así solo te estás buscando problemas") entró en casa. A la mañana siguiente el soldado no estaba, pero alguien había pintado en su puerta: "FOLLASOLDADOS"

Jean McConville fue sacada por la fuerza de su hogar el 7 de diciembre de 1972. Dos de los secuestradores no iban enmascarados y su hijo Michael, que entonces tenía once años, "se dio cuenta, con horror, de que las personas que se llevaban a su madre no eran gente desconocida: eran vecinos suyos"

En claro contraste con Jean, Dolours Price pertenecía a "la realeza republicana". De ahí sus profundas convicciones republicanas. "Cuando Dolours Price era apenas una niña, sus santos preferidos eran mártires. Una tía suya por parte de padre, muy católica ella, solía decir: 'Por Dios y por Irlanda'. Para el resto de la familia, lo primero era Irlanda". En su familia, "como en general en toda Irlanda del Norte- la gente era propensa a hablar de las calamidades del pasado como si hubiera ocurrido hacía solo una semana". Su padre había formado parte del IRA en los años treinta, había puesto bombas en Inglaterra y se había fugado de la cárcel de Derry. No era el único: "Todos los miembros de la familia, o casi, habían estado entre rejas"

Así y todo, en su adolescencia desarrolló un pensamiento propio y crítico, incluso con la tradición republicana católica y armada. Feminista, universitaria, socialista, consideraba que el cisma sectario entre católicos y protestantes no podía encubrir la realidad común de explotación que vivían las familias trabajadoras de una o de otra confesión. Sin embargo, los Troubles hicieron tambalear tanto su visión de una Irlanda socialista unida por encima de las divisiones religiosas como su confianza en la resistencia no violenta como forma de lucha, y en 1971 tanto ella como su hermana, Marian, se incorporaron al IRA. "Tras haberse apartado, de joven, de las formes convicciones que imperaban en su familia, Dolours acabaría considerando el momento de ingresar en el IRA como un 'regreso', una especie de vuelta a casa". Ambas formaron parte del comando que en 1972 colocó cuatro bombas en Londres, el primer ataque en la metrópoli del IRA Provisional. Detenidas, encarceladas, sostuvieron una prolongada huelga de hambre que puso en grave riesgo sus vidas y finalmente fueron puestas en libertad. En 1983, Dolours se casó en la catedral de San Patricio en Armagh con el conocido actor Stephen Rea.

Entrecruzando la vida de esas dos mujeres este excelente libro, una rigurosa investigación periodística que se lee como un thriller apasionante, nos introduce de lleno en el dantesco escenario del conflicto norirlandés. Cuatro años de investigación, más de cien entrevistas, 68 páginas de notas le sirven al autor para profundizar en las operaciones de contrainsurgencia del ejército británico, dirigidas por militares formados en la represión contra la revuelta de los Mau Mau en Kenia o la guerrilla comunista de Malasia, últimos y sangrientos coletazos del Imperio Británico; en las disputas en el seno del republicanismo (Gerry Addams no sale precisamente bien parado); en la compleja evolución del conflicto hacia el Acuerdo de Viernes Santo; en las heridas abiertas, las memorias dañadas y los silencios cómplices; y, sí, también, en el esclarecimiento (relativo, nadie ha sido juzgado por ello) de lo que le ocurrió a la desdichada Jean McConville. Un emocionante ejercicio de memoria.


domingo, 15 de marzo de 2009

¿Por qué antes sí y ahora no?


Tres jóvenes irlandeses armados de molotovs protestan tras las detenciones producidas en el Ulster. Comparemos la imagen con el mural de exaltación del IRA pintado en una fachada de Belfast.
Escribe John Carlin en EL PAÍS de hoy: "No ha habido divergencias en el mensaje del Sinn Fein, que apoyó el terrorismo del IRA sin vacilar durante más de tres décadas. Un dirigente tras otro ha comparecido ante los medios para expresar su repulsa al asesinato de dos soldados británicos y un policía católico. El viernes varios integrantes del Sinn Fein acuderon al funeral del policía".
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Tim/Kretschmer/disidentes/IRA/elpepuint/20090315elpepiint_3/Tes
Los autores de los asesintos de dos soldados británicos y un policía en Irlanda del Norte se denominan a sí mismos IRA-Continuidad. Para el Sinn Fein son simplemente "disidentes", cuando no directamente "traidores" a la causa irlandesa.
La pregunta que sin duda se plantean estos disidentes es: ¿por qué antes sí y ahora no? ¿Por qué antes sí era legítimo asesinar soldados británicos y no lo es ahora? ¿Por qué quien antes lo justificaba ahora lo condena?
Es la tragedia de cualquier experiencia de lucha armada: que si alguien encuentra motivos para iniciarla, siempre es muchisimo más sencillo encontrar motivos para continuarla. Porque aún no se han logrado todos los fines, o porque si gracias a la lucha armada hemos llegado hasta aquí gracias a la misma lucha armada podremos llegar más lejos, o porque siempre hay consecuencias de esa lucha armada (presos...) que sólo mediante la lucha armada se pueden resolver...
Cada cual ha legitimado la violencia exactamente hasta el instante en que ha dejado de hacerlo. Alimentando así la violencia que sólo a partir de ese momento ha empezado a considerar ilegítima.
Lo advertía Albert Camus en LOS JUSTOS:

DORA: Lo sé. Nos hemos hecho cargo de la desdicha del mundo. El también se había hecho cargo. ¡Qué valor! Pero a veces me digo que es un orgullo que será castigado.
ANNENKOV: Es un orgullo que pagamos con nuestra vida. Nadie puede ir más lejos. Es un orgullo al que tenemos derecho.
DORA: ¿Estamos seguros de que nadie irá más lejos? A veces, cuando escucho a Stepan, siento miedo. Quizá lleguen otros que fundarán su autoridad en nosotros para matar y que no pagarán con sus vidas.

domingo, 8 de marzo de 2009

Eureka Street

Son muchas las razones para querer a Irlanda y a lo irlandés: sus paisajes, Oscar Wilde, la música de los Chieftains, la sabrosa y tostada cerveza Kilkenny, la entrañable Innesfree de El hombre tranquilo... Casi tantas como para no querer ser Irlanda ni ser irlandeses. Hoy hay dos razones menos: los dos soldados británicos asesinados anoche a tiros en la localidad de Antrim, al norte de Belfast. ¿Vuelve la pesadilla?
Llevo muchos años recomendando la lectura de la novela Eureka Street, firmada por el escritor nacido en Belfast Robert McLiam Wilson y publicada en castellano por la editorial Anagrama en 1999. Junto a la más estremecedora descripción de un atentado terrorista que he leído nunca, la novela contiene joyas como esta:

- Ya sabes que habla irlandés muy bien. Cuando la conocí, le pregunté cómo se dice democracia constitucional en irlandés.
- ¿Y cómo se dice?
- Conspiración británica.

Y siendo hoy 8 de marzo y hablando de Irlanda, merece la pena escuchar a The Chieftains interpretar Mná na hÉireann (Mujeres de Irlanda):

http://www.youtube.com/watch?gl=ES&hl=es&v=KmqNm9s3JqU