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domingo, 22 de marzo de 2026

Agua negra

Joyce Carol Oates
Agua negra
Traducción de Montserrat Serra Ramoneda
Fiordo, 2025

"Por qué no se atrevió a decir que se habían perdido, por qué no le dijo a él que diera media vuelta con el coche para regresar a su punto de partida, ¡oh, por favor!, pero no se quiso arriesgar a ofenderle.
Aquella agua negra era por culpa de ella, lo sabía. Sucede que una no desea ofenderles. Precisamente a quienes son simpáticos"


Leer a Joyce Carol Oates es dejarse penetrar por la experiencia de lo Unheimlich, de esa dimensión siniestra de lo cotidiano, de lo familiar. En este caso, la novela nos hace literalmente entrar en un accidente del que no se sale ya que la historia está escrita desde el interior mismo de la catástrofe, en ese instante suspendido donde la vida aún no ha terminado, pero ya no pertenece del todo al mundo de los vivos.

La novela arranca con una escena aparentemente trivial: una joven, Kelly Kelleher, sube al coche de un hombre poderoso, seductor, habituado a moverse en los círculos donde se decide el mundo. Hay en ella fascinación, deseo de ser elegida, una forma de expectativa que no es solo personal, sino también social. Él representa acceso, validación, futuro. El coche avanza en la noche a toda velocidad hasta que sufre un accidente y el vehículo se precipita al agua. Él logra salir. Ella queda atrapada.

Bajo la ficción late el incidente de Chappaquiddick, en el que el senador Ted Kennedy sobrevivió a un accidente en el que murió la joven Mary Jo Kopechne. Pero Joyce Carol Oates no escribe una novela política en sentido estricto. Lo que le interesa no es tanto el hecho como la estructura que lo hace posible: una red de relaciones donde el poder protege a unos y expone a otras. Y ahí entra una dimensión decisiva: la estructura patriarcal de género. 

La identidad de Kelly está, en gran medida, mediada por la mirada masculina. Este fragmento lo condensa con brutal claridad: "Mientras su amante la quiso ella fue hermosa. Mientras ella fue hermosa su amante la quiso. Una proposición bien sencilla y aparentemente tautológica, que sin embargo se resistía a ser comprendida del todo". La aparente tautología encierra una trampa. No es una simple equivalencia: es un círculo de dependencia. Kelly es hermosa porque es deseada, y es deseada porque es hermosa. Pero esa “hermosura” no es autónoma: depende de la validación de otro. Él elige. Ella es elegida. Y esa asimetría no desaparece en el momento del accidente; al contrario, se revela en toda su crudeza. Cuando el coche cae al agua, la lógica que ha sostenido la relación se invierte de forma brutal: quien tenía el poder de elegir a Kelly tiene también el poder de (elegir) abandonarla.

Mientras el agua sube, Kelly piensa, recuerda, intuye, y en ese flujo de conciencia sigue actuando la interiorización de esa jerarquía: la necesidad de agradar, la dificultad para interpretar las señales, la tendencia a seguir confiando en quien encarna autoridad masculina:

"Aunque se había zambullido en el agua negra para rescatarla, él se encontraba lejos, y todo estaba tan oscuro, tan impenetrable... Y ella comprendió que le había ofendido y que el insulto era irreparable. [...] ¡Qué vergüenza, aquella desesperación con que se había agarrado al hombre, a la pernera de su pantalón, a su zapato! Mientras él daba patadas para liberarse, y le dejaba en la mano el zapato empapado".

Joyce Carol Oates construye una prosa fragmentaria, obsesiva, que reproduce el pensamiento en estado de shock. Pero también muestra cómo esa conciencia está atravesada por años de aprendizaje implícito: cómo comportarse, cómo ser deseada, cómo no incomodar. Incluso en el momento final, hay algo de esa lógica que persiste: una incredulidad ante el abandono, como si no encajara del todo en el relato que Kelly tenía de sí misma y del mundo. Y que esa lógica -la de ser elegida, la de confiar, la de quedar atrapada- sigue operando.

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Carnicero

Joyce Carol Oates
Carnicero
Traducción de Núria Molines Galarza
Alfaguara, 2024
 
"Juel era la paciente más desgraciada que teníamos; había sobrevivido a varias cirugías y se aferraba con terquedad a su miserable vida, como si quisiera fastidiarme; estaba tan hecha polvo, tan malnutrida, tan marchita que se parecía más a un murciélago de gran tamaño que a un ser humano, por lo que ya no sabía qué uso razonable darle como sujeto experimental; siempre me desafiaba, pues daba igual el órgano infectado que se le extirpara, nada parecía curarle la locura. No obstante, como médico cristiano que era, no podía dejar traslucir mi indiferencia. Además, la ley del laboratorio era que no llamaran a ningún facultativo salvo a mí, incluso en situaciones de emergencia, pues no quería que ningún miembro del personal médico entrara en mi coto privado y metiera las narices en mis investigaciones personales".


Joyce Carol Oates es una autora conocida por su extraordinaria habilidad para explorar las complejidades psicológicas y sociales de sus personajes. En Carnicero esta tradición se mantiene con una narrativa que mezcla la ficción con referencias a problemáticas reales en torno a la salud mental y su vínculo con los sesgos de género.

En la época en la que se desarrolla la novela, los Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XIX, la medicina estaba (aún más) impregnada de nociones patriarcales. Las mujeres que experimentaban problemas de salud mental eran frecuentemente diagnosticadas de "histeria", una condición supuestamente relacionada con un desequilibrio en el útero u otros órganos sexuales femeninos. Inspirada en teorías de médicos como Jean-Martin Charcot y Sigmund Freud, la idea de que la salud mental de las mujeres estaba intrínsecamente ligada a su fisiología era utilizada para justificar tratamientos que iban desde la restricción física hasta cirugías invasivas, como la extirpación de ovarios (ooforectomías) para "curar" la histeria:
 
"En la escuela de medicina nos enseñaban, y la experiencia lo ha demostrado en gran medida, que las mujeres son más proclives a la locura que los varones, pues la fuente de la histeria está en el útero. Las lágrimas sobrevienen a las féminas con más facilidad, tengan la edad que tengan; como apuntó Aristóteles, las lágrimas de la mujer presentan una «textura más liviana y menos sustancial» que las de los varones. En ellas, las emociones surgen de los órganos específicamente femeninos, mientras que en el hombre surgen de la parte cerebral. Existía entonces la firme convicción de que el comportamiento inmoral y delictivo era consecuencia de la degeneración de ciertas razas y linajes familiares, por lo que la esterilización de mujeres que presentaban casos graves era una parte inevitable de la carrera de algunos médicos a los que se les confiaban responsabilidades de salud pública, según indicaba el mandato estatal.
Ya cuando era un joven aprendiz lleno de entusiasmo me parecía que un procedimiento plausible para tratar la histeria podría ser extirpar el órgano causante del mal por medio de una cirugía, por lo que esperaba proseguir esa vía de investigación una vez me estableciera en el manicomio de Trenton [...]."
 
Joyce Carol Oates profundiza en este marco histórico y lo introduce en la narrativa de la novela, reflejando con realismo el trato que recibían las mujeres (todas, pero muy especialmente las mujeres pobres y racializadas) en instituciones psiquiátricas, en las que sus problemas mentales (reales o supuestos) eran diagnosticados como desviaciones morales o sexuales, más que como condiciones psicológicas legítimas. Los tratamientos a los que estas mujeres eran sometidas están descritos de tal forma que, en ocasiones, resulta difícil continuar leyendo determinados párrafos.

Las y los protagonistas de la historia son el doctor Silas Aloysius Weir, director durante treinta y cinco años del “Manicomio Estatal de Lunáticas de Trenton”, en Nueva Jersey; una de sus pacientes predilectas, Brigit Agnes Kinealy, una inteligente joven albina y sordomuda, inmigrante irlandesa, “contratada” como sierva del manicomio a la edad de cinco años por su desgraciada madre, que llegó a convertirse en ayudante de Weir; y otra mujer inmigrante, en este caso alemana, Gretel, experta comadrona y enfermera gracias a su práctica en Trenton, donde llevaba ya años atada igualmente por un leonino “contrato de servidumbre”

El doctor Weir, personaje ficticio, guarda evidentes parecidos con Silas Weir Mitchell y J. Marion Sims, figuras destacadas en la medicina estadounidense del siglo XIX, cuyo legado está marcado tanto por sus contribuciones como por las controversias éticas por sus prácticas médicas.
 
Silas Weir Mitchell (1829-1914) fue un médico y neurólogo estadounidense conocido principalmente por la creación de la llamada "cura de reposo" (rest cure). Esta terapia se dirigía especialmente a mujeres diagnosticadas con condiciones como "histeria" o "agotamiento nervioso" y consistía en aislamiento social, reposo absoluto en cama y una dieta rica en lácteos. Las mujeres bajo este tratamiento tenían prohibido leer, escribir o realizar cualquier actividad mental o física que pudiera "estresarlas". Aunque Mitchell afirmaba que esta terapia era efectiva, muchas mujeres, como la ensayista y socióloga Charlotte Perkins Gilman en El papel pintado amarillo (1892), criticaron la experiencia como profundamente deshumanizante y opresiva:

"Si un médico de prestigio, que además es tu marido, asegura a los amigos y a los parientes que lo que le pasa a su mujer no es nada grave, sólo una depresión nerviosa transitoria (una ligera propensión a la histeria), ¿qué se le va a hacer?
Mi hermano, que también es un médico de prestigio, dice lo mismo.
O sea, que tomo no sé si fosfatos o fosfitos, y tónicos, y viajo, y respiro aire fresco, y hago ejercicio, y tengo terminantemente prohibido «trabajar» hasta que vuelva a encontrarme bien.
Personalmente disiento de sus ideas.
Personalmente creo que un trabajo agradable, interesante y variado, me sentaría bien. Pero ¿qué se le va a hacer?
Durante una temporada sí que escribí, a pesar de lo que dijeran; pero es verdad que me agota bastante. Tener que llevarlo con tanto disimulo, a riesgo de topar con una oposición firme...
A veces me parece que en mi estado, con algo menos de oposición y más trato con la gente, más estímulos... Pero John dice que lo peor que puedo hacer es pensar en mi estado, y confieso que hacerlo me produce siempre malestar. 
[...] Es muy atento, muy cariñoso, y casi no me deja dar un paso sin intervenir.
Me ha preparado un horario con indicaciones para cada hora del día. John se ocupa de todo, y claro, yo me siento una mezquina y una desagradecida por no valorarlo más.
Dijo que si habíamos venido a esta casa era exclusivamente por mí, que aquí tendría reposo absoluto y todo el aire que se puede respirar"
- El empapelado amarillo, traducción de Jofre Homedes Beutnagel, Lumen, 2001.
 
Como puede verse, nos encontramos ante una patologización de los comportamientos emocionales o creativos de las mujeres como una forma de control social, a los que se respondía con procedimientos y terapias presentados como "soluciones médicas", pero diseñados para reprimir la autonomía femenina. La cura de reposo patologizaba la creatividad y la independencia femeninas, interpretando cualquier desviación de los roles tradicionales de género como una enfermedad mental. Y esto, que ya es grave, en el caso de mujeres de clase alta, blancas y de buena familia. El destino de las otras mujeres, de las empobrecidas, de las racializadas, de las condenadas a esclavitud y a servidumbre, era infinitamente más atroz.
 
Aquí es cuando entra en juego el otro médico en el que se ha inspirado Oates para construir el personaje de Weir: James Marion Sims (1813-1883), conocido como el "padre de la ginecología moderna" por haber desarrollado, entre otras, técnicas quirúrgicas como la intervención de las hasta entonces incurables y gravemente incapacitantes fístulas vesicovaginales. Pero su trabajo está profundamente ligado a la explotación de mujeres esclavizadas, a quienes utilizó como sujetos experimentales sin su consentimiento. Sims realizó múltiples cirugías ginecológicas experimentales en mujeres esclavizadas, a menudo sin anestesia, justificando que las mujeres negras eran menos sensibles al dolor:
 
"La histerectomía se iba a llevar a cabo sin anestesia, ni siquiera con gotas de morfina, pues no se consideraba que una intervención tan insignificante fuese a ser dolorosa, no para alguien tan insensible, una bruta de lengua pérfida; de hecho, si las circunstancias lo permitían, tal vez el cirujano le extirpara la (infectada) lengua".
 
Aunque Joyce Carol Oates no cita a Mitchell o Sims, sus prácticas están claramente referenciadas de manera conceptual y narrativa. Los temas centrales de la novela -la patologización de las mujeres, la cosificación del cuerpo femenino, la violencia institucional y la desconexión entre médicos varones y pacientes mujeres, la falta de consentimiento de las pacientes, tratadas como sujetos de experimentación en lugar de individuos y, sobre todo, la crueldad disfrazada de avance médico- evocan los métodos históricos de ambos médicos.
 
En la novela Weir se prodiga en el uso de procedimientos médicos brutalmente invasivos, desde una mirada absolutamente deshumanizante de las mujeres sobre las que interviene, reducidas a la condición de “espécimen”, “ejemplar” o "sujeto", mujeres sin nombre ("la idea de que esas desgraciadas tuvieran nombre era tan penosa"), pacientes categorizadas como "nulas", de manera que en caso de fallecer "podía dejar de existir en los registros del manicomio; se la enterraba en el mismo cementerio que antes, pero sin nombre". De manera que si Weir se veía a sí mismo como un cirujano benefactor y "padre de la ginopsiquiatría moderna", sus pacientes lo veían de otra manera: como el "Carnicero Manos Rojas".
 
La maestría de Joyce Carol Oates radica en su capacidad para entrelazar historias personales con comentarios sociales. La novela se convierte en un espejo de las prácticas de una época que, si bien parece lejana, resuena con problemáticas actuales en torno a la autonomía femenina y la salud mental, y, más en profundidad, en la crítica a un sistema médico patriarcal cuyas prácticas son extensión de un deseo más amplio de controlar la sexualidad y el comportamiento de las mujeres.
 
El legado de Silas Weir Mitchell y James Marion Sims ha sido objeto de un escrutinio intenso en las últimas décadas, en el contexto de los debates sobre ética médica, feminismo y racismo sistémico. En particular, Sims utilizó a mujeres esclavizadas, como Anarcha, Lucy y Betsey, para desarrollar técnicas quirúrgicas sin anestesia. Estas mujeres no dieron su consentimiento y fueron sometidas repetidamente a procedimientos extremadamente dolorosos, mientras Sims perfeccionaba sus técnicas. Su trabajo refleja cómo la ginecología moderna fue construida sobre prácticas de explotación, un hecho que ha llevado a una reevaluación crítica de su estatus como el "padre de la ginecología moderna".

Fuente: BBC

Durante años, Sims fue honrado con estatuas y memoriales, como la que estuvo en Central Park en Nueva York. Sin embargo, en 2018, esta estatua fue retirada debido a las protestas de militantes feministas negras que denunciaron la glorificación de un hombre que infligió tanto sufrimiento. En su lugar, se ha reivindicado a tres de sus víctimas, las únicas cuyos nombres conocemos, Anarcha, Lucy, y Betsey, como las verdaderas "Madres de la Ginecología".


En Carnicero Joyce Carol Oates no solo documenta una época oscura de la medicina, sino que también nos invita a reflexionar sobre cómo estas actitudes persisten en formas más sutiles. La novela puede ser leída como una crítica al legado de médicos como Mitchell y Sims, quienes, en nombre del avance científico, perpetuaron sistemas de opresión patriarcal, colonial y de clase. En el contexto contemporáneo este debate sigue siendo crucial, ya que las disparidades en el tratamiento médico de mujeres y minorías siguen siendo un problema. La novela opera, de este modo, como un recordatorio literario de la importancia de luchar por un sistema médico ético, igualitario y respetuoso con el valor de cada persona.
 
Por cierto, la época en la que transcurre la narración fue también un tiempo en el que "Estados Unidos era un hervidero de conspiraciones y sueños de revuelta, de motines", una época en la que brotaba por doquier "la afilada emoción de la revuelta"... Y hasta aquí puedo contar.

jueves, 26 de septiembre de 2024

48 pistas sobre la desaparición de mi hermana

Joyce Carol Oates
48 pistas sobre la desaparición de mi hermana
Traducción de María Dolores Crispín
RBA, 2024

"La tierra está empapada de sangre de los cuerpos de mujeres y niñas violadas, asesinadas y desechadas".


Esta desasosegante novela, que combina elementos de misterio, drama psicológico y exploración familiar, es un excelente ejemplo de la maestría de Joyce Carol Oates en tejer tramas oscuras y complejas sobre las relaciones humanas mientras investiga los laberintos de la identidad y la pérdida. La autora maneja un tono atmosférico tenso, con una narración meticulosa que nos mantiene en vilo a lo largo de toda la lectura. Aunque la novela recrea el esquema clásico de la desaparición inexplicable, su verdadera fuerza radica en el subtexto psicológico y en las emociones contenidas que surgen a través de pequeños detalles. Las "48 pistas" no son solo datos factuales, sino también piezas fundamentales para comprender de la psique de las protagonistas y sus dinámicas familiares.

La historia gira en torno a la desaparición de la joven Marguerite en una pequeña ciudad en el norte del estado de Nueva York. La narradora, Georgene (o "Gigi"), su hermana menor y que ha crecido a su sombra, es quien guía la investigación de este enigma mientras revela, a lo largo de 48 capítulos, cómo la desaparición de Margie afecta a su familia y al tejido social de la comunidad. A medida que avanzan las pesquisas, Gigi expone su propia relación de celos, admiración y resentimiento hacia su hermana, artista de renombre, lo que añade capas de complejidad emocional.

"Porque si bien yo no aprobaba la (posible, probable) vida sexualmente promiscua de M., de la que ella no me contaba absolutamente nada, a mí sí me importaba, y muchísimo, el buen nombre de la familia Fulner que se remonta a los tiempos de los primeros pobladores de esta parte del estado de Nueva York: 1789".

El relato está estructurado alrededor de las "pistas" que el lector va recibiendo sobre lo que pudo haber sucedido con Marguerite, pero más allá del misterio criminal, la novela ahonda en el análisis psicológico de las hermanas, en la rivalidad y ambigüedad emocional entre ambas. La brecha de personalidad entre Margie, una figura carismática y enigmática, y Gigi, más introvertida y analítica, se convierte en el eje de la narrativa. La narración de Gigi no solo se centra en resolver la desaparición de Marguerite, sino también en explorar sus propios sentimientos y en cómo la sombra de su hermana mayor ha marcado su vida. La novela hace que nos preguntemos si la desaparición es un acto de libertad o un reflejo de un oscuro destino. La narración de Gigi es introspectiva y a menudo confusa y poco confiable, lo que genera incertidumbre sobre los hechos y las verdaderas motivaciones de los personajes. Todo esto añade una capa adicional de tensión psicológica, ya que nos enfrenta a preguntas no solo sobre lo que ocurrió con Marguerite, sino sobre la verdadera naturaleza de las relaciones familiares.

"En especial, esos bobos ignoraban lo que faltaba. Porque, ¿cómo iban ellos a saber lo que faltaba?
Por ejemplo: si había habido un diario de la artista entre las cosas de M., algo como un diario personal o una agenda; naturalmente yo me lo había llevado en cuanto le puse los ojos encima, la arde del 12 de abril de 1991: no era para vulgares extraños el examen de los secretos de mi hermana"

Y como trasfondo, la "hazaña" de "habitar un cuerpo femenino" en una sociedad que juzga y oprime a las mujeres. Opresión brutal y sistemática que emergerá como "una inacabable pesadilla de víctimas femeninas" a medida que un investigador privado contratado por el padre de Marguerite intenta descubrir lo ocurrido:

"La tierra está empapada de sangre de los cuerpos de mujeres y niñas violadas, asesinadas y desechadas".

Si te atraen los misterios psicológicos profundos que exploran las complejidades de las relaciones familiares y las emociones humanas bajo una atmósfera de suspenso constante, este es tu libro.