jueves, 16 de junio de 2011

Real o realista: ¡más y mejor democracia!

"Asediados", "Ataque a la democracia", "Democracia secuestrada"...
No. No se refieren al ataque que los mercados llevan ejecutando contra los gobiernos y las sociedades desde hace tres décadas, ataques que en los últimos tiempos se han convertido en guerra sin cuartel, toque a degüello mediante, contra todo lo que signifique redistribución social o solidaridad pública. Tampoco se refieren al prolongado secuestro por esos mismos mercados de todas las herramientas democráticas para la organización colectiva de la vida social, secuestro que no termina por más que se pague rescate una y otra vez.

"La tutela de los mercados, el endurecimiento de la coerción que se impone a los gobiernos nacionales, la reducción de sus pretensiones redistributivas, son otros tantos elementos que vienen a modificar el sistema equitativo de nuestras sociedades, por un retorno a los principios teóricos y por una desaparición progresiva del terreno democrático. La globalización no sólo incrementa en el sistema equitativo la parte correspondiente al mercado y reduce la de la democracia, sino que lo hace en nombre de la eficacia del mercado, de un orden superior al de la democracia. Eso es lo que se ha dado en llamar impotencia de la política. El cambio del sistema equitativo no procede, en efecto, de una decisión política -en cuyo caso correspondería al deseo de los pueblos-, sino de la coerción exógena que se impone a la democracia. La legitimación de esa coerción sería la eficacia -muy discutible, como ya he mostrado-, pero entonces eso contribuiría a invertir la jerarquía normal de los valores: primero, la eficacia; y después, a título testimonial, la democracia.
Este sentimiento de tener que ratificar una decisión que no han querido, que no les conviene, es lo que ha provocado tanta acritud contra la globalización".

[Jean-Paul Fitoussi, La democracia y el mercado, Paidós, Barcelona 2004, pp. 91-92; las cursivas son mías]

No se refieren a esto. ¿Por qué no han sonado antes estas alarmas? Cuando las agencias de calificación descalifican, cuando los secuestradores exigen rescate, cuando los capitales actuan contra la polis, cuando los mercados compran democracias a la baja...

"La 'gran conspiración de la derecha' no es una metáfora producto de una mente calenturienta, sino la realidad pura y dura, y funciona de un modo muy semejante al de cualquier grupo de presión con intereses específicos. [...] ¿Llegarán los intereses económicos de los medios de comunicación a socavar el tratamiento objetivo de las informaciones?".


[Paul Krugman, El gran engaño, Crítica, Barcelona 2004, pp. 241 y 251]




















Por supuesto: la violencia ejercida contra el Parlament es injustificable. O mejor no darlo por supuesto, y afirmarlo tantas veces como sea necesario, y una más.
Cuando no se sosiega, la apoteosis participativa encierra, entre tantos valores democráticos (que son mayoría) un riesgo de camisapardización. Tanto en la esfera física como en la blogosfera: imposible plantear un debate razonable, sin que el anonimato mate la discusión.

Y ahora dejamos un tiempo antes de continuar con este comentario. Para que no parezca que establecemos odiosas comparaciones. La condena de esa violencia, que inmediatamente evoca imágenes igualmente condenables de la constitución del consistorio en Elorrio -esa anormal normalidad vasca de la que ninguna normalización nos va a salvar-, debe hacerse sin ninguna otra consideración.

Y ahora, pasemos a otra cosa distinta, aunque sea una faceta más de la misma realidad poliédrica que desde hace un mes conforma la sociopolítica española.

El Parlament era antesdeayer el palacio de Versalles asediado por los sans-culottes.
Tampoco es normal seguir haciendo política institucional como si nada ocurriera en la calle (en las calles) desde hace un mes (desde hace años).
¿No estamos cayendo en el mariantonietismo de ofrecer retóricamente comer brioches -Qu’ils mangent de la brioche- a quienes protestan indignados por la falta de pan?

"La revuelta contra las desigualdades realmente existentes se alimenta así de estas tres fuentes: del desacoplamiento entre rendimiento y ganancia, de la contradicción entre legalidad y legitimidad, así como de las expectativas mundiales de igualdad. ¿Es ésta una situación (pre)revolucionaria? Absolutamente. Carece, sin embargo, de sujeto revolucionario, por lo menos hasta ahora. Porque las protestas proceden de los lugares más distintos. La izquierda radical acusa a los directivos de los bancos y al capitalismo. La derecha radical acusa una vez más a los inmigrantes. Ambas partes se corroboran mutuamente en que el sistema capitalista imperante ha perdido su legitimidad. En cierto sentido, son los Estados nación los que se han deslizado involuntariamente hacia el rol de sujeto revolucionario. Ahora, de repente, éstos ponen en práctica un socialismo de Estado sólo para ricos: apoyan a la gran banca con cantidades inconcebibles de millones, que desaparecen como si fueran absorbidas por un agujero negro. Al mismo tiempo, aumentan la presión sobre los pobres. Semejante estrategia es como querer apagar el fuego con fuego".

[Ulrich Beck, "La revuelta de la desigualdad", El País 04/05/2009]

Real o realista, el caso es que la democracia, más y mejor democracia, es la única solución. Es decir, más y mejor política. En la calle y en los parlamentos. De ida y vuelta.
Lo que no puede ser es que la una y la otra, la callejera real y la parlamentaria realista, sólo se encuentren para encontronarse.

lunes, 13 de junio de 2011

Corleone en Alicante

P. Y lo de escarbar en el pasado del socialista Ángel Luna para denunciarle...
R. Puede parecer poco ético, pero lo es bastante menos de lo que él le estaba haciendo al presidente de la Generalitat. Y Ángel Luna sabe que, de lo que sabemos, solamente ha salido una tercera parte. Lo sabe perfectamente. Si hubiera estado tranquilo, si no hubiera intentado hacer daño, posiblemente nadie se habría movido.


Sonia Castedo, alcaldesa de Alicante

De lo que sabemos, solamente ha salido una tercera parte... Si hubiera estado tranquilo nadie se hubiera movido...

domingo, 12 de junio de 2011

Semprún, hace veinte años

Estos días he vuelto a releer Federico Sánchez se despide de ustedes (Tusquets, 1993), libro en el que Jorge Semprún reflexiona sobre su paso por la política institucional entre 1988 y 1991, como ministro de Cultura con Felipe González.
Semprún accede al ministerio en un momento de "creciente tensión en la sociedad española. Mejor dicho: entre esta última y el PSOE", en una coyuntura política particularmente delicada (recordemos la huelga general del 14D). Retrospectivamente, Semprún hace un juicio extremadamente duro de la situación interna del PSOE en aquellos momentos, sumido en derivas que no hacía sino alejarle cada vez más de la sociedad... ¡a pesar de haber ganado las elecciones casi por mayoría absoluta! Tan duro es su juicio que llega a lamentar, desde la perspectiva de la renovación interna, ese triunfo electoral:

El PSOE, en todo caso, mientras caía el Muro de Berlín, había vuelto a ganar en 1989 las elecciones generales. Tras recuentos e impugnaciones diversos, sólo le faltó un escaño para una tercera mayoría absoluta. Podía seguir gobernando sin problemas, al menos desde un punto de vista aritmético. Desgraciadamente, en mi opinión: mejor hubiera sido tener que plantearse ya desde entonces una estrategia de pactos, romper con la mitología y la práctica de un hegemonismo cada vez más despolitizado, más burocrático. O sea, más alejado de la sociedad. Ya que la reforma o renovación [...] no podía surgir dentro del propio PSOE, cerrado a cal y canto por el aparato, sólo la pérdida de la mayoría absoluta hubiera forzado una reflexión, un cambio de estrategia. En el otoño de 1990, en cualquier caso, y a pesar de la apretada victoria electoral del año anterior, seguía desarrollándose la crisis de la hegemonía.

El detonante de la salida de Semprún de aquel Gobierno fue una larga entrevista para El País, publicada el 29 de julio de 1990 con el título: "Este gobierno discute poco de política".
Apoyado por Félix Pons, por aquel entonces presidente del Congreso de los Diputados, y por Fernando Morán, ex ministro de Asuntos Exteriores y eurodiputado; criticado por el denominado "sector guerrista" o por el secretario general del SOMA-UGT y miembro de la ejecutiva del PSOE, José Ángel Fernández Villa, quien acusó a Semprún de que, aprovechando la "generosidad del partido" y sin estar afiliado, había opinado sobre la vida interna del mismo

No afirmo que Jorge Semprún tuviera razón en lo que decía. Sólo digo que lo decía. Hace veinte años.




Pimpinela escarlata del franquismo,
limón que no estrujó la policía,
lo tildaron de agente de la CIA
cuando descarriló su carrillismo.

Montmatre, Dolores, Buchenwald, abismo
del Kremlin en obscena epifanía,
tan Federico Sánchez que sufría
por intentar ser otro siendo el mismo.

Un mal día, por ignorar la gloria
de Di Stéfano, al borde del talego,
lo puso el crucigrama del destino.

La liga que jugaba a sangre y fuego
se ganaba en la cancha de otra historia
más innoble que el gol de Marcelino.

En la semana negra del buenismo,
burla burlando el don de la utopía,
lo conocí en Gijón con Luis García
Montero, qué cartel para el turismo.

Con devoción ayuna de cainismo
blasfemaba contra la idolatría,
le embestían los toros y sabía
torear, sin hacer dontancredismo.

Cómplice de Montand y de Pradera,
de Costa-Gavras, de la primavera
que enfangaba el villano de Verdún.

El siglo veinte cabe en su estatura,
nunca habrá otro ministro de cultura
más culto y sin cartera que Semprún.

domingo, 5 de junio de 2011

La muchacha del siglo pasado... y de este

Tenía pendiente desde hace más de un año la lectura de la autobiografía de Rossana Rossanda, titulada La muchacha del siglo pasado. He aprovechado este fin de semana para hacerlo. La autora se presenta a si misma como la ragazza del siglo pasado, pero sus experiencias y sus reflexiones no han dejado de señalarme cuestiones de la máxima actualidad.

"Yo me hice comunista en octubre de 1943 -escribe-, cuando me descubrí como una rama en un mundo que se despeñaba, y Marx, Laski y Lenin, por más distintos que fueran entre sí, me mostraron asimismo que aquel despeñarse había sido determinado por fuerzas en las que casi nada respondía a una fatalidad. Y que si no se cambiaba el dispositivo no habría alternativa a la barbarie [...]. Es una elección de la razón. Puede ser que habiendo vivido en mi infancia el proceso que llevó a la ruina a mis padres tras el terremoto de 1929 se me creara una intolerancia hacia la heterodirección de las existencias que nunca me ha abandonado. No es una teoría, es una parte de mí. ¿Cómo soportar que la mayoría de las personas que nacen no tengan ni siquiera la posibilidad de pensar quiénes son, qué harán con sus vidas, que hayan perdido la aventura humana antes de emprender el viaje? O hay un Dios tremendo que te pone a prueba y te compensa en el más allá, o es inaceptable. No tengo fe y lo único que puedo hacer es intentar cambiar -incluso reducir, aplacar- un estado de cosas que no puedo tolerar. No es una elección, es una condición".

¿No percibimos tras esta reflexión, el eco de un terremoto más reciente, el de la crisis que explota en 2008, igualmente determinada por fuerzas que nada tienen que ver con ninguna fatalidad?

La relación de Rossanda con el Partido Comunista se romperá con motivo de los movimientos de 1968. Su descripción de aquellos días podría servirnos perfectamente para caracterizar la dinámica de los actuales 15M y DRY:

"Todo el mundo hablaba con todo el mundo. [...] No hubo revuelta menos siniestra que la de 1968, más decidida y risueña, como si todas las cosas estuvieran al alcance de la mano, es más, hubieran sido ya conquistadas. La primera noche la pasamos en el Odeón, apretaos como sardinas, conmocionados al ver cómo todo el mundo tomaba la palabra, no sólo miembros de los grupos en formación sino individuos, gente que no lo había hecho nunca, que por primera vez hablaba de sí misma al mundo, a menudo con dificultad. 'Dejadle hablar', era el grito cuando alguien se alargaba o se liaba, anhelando decir su cansancio y su soledad. Dolor por estar solo, y estupor feliz de estar finalmente con otros o, mejor dicho, con todos. La velada no tuvo otro hilo conductor más que este decirse y sentirse, y cuando el micrófono llegaba a algún rostro conocido (no sin haber esperado su turno) no se le prestaba ni mayor ni menor atención: las propuestas de la manifestación consistían en manifestarse, bastaba plantearlas para conseguirlas, el sistema, la autoridad, la norma estaban ya fuera de juego".

De ahí el rápido reflujo de aquel movimiento de 1968. En su riqueza estaba también su debilidad:

"En los días que siguieron vimos el comienzo de un reflujo, no declarado, las calles seguían llenas de gente, pero la atmósfera era distinta. No sólo porque los obreros habían vuelto al trabajo, sino porque los estudiantes no estaban preparados para la larga duración, para la necesidad, que era rechazada en cuanto se presentaba, de darse un objetivo común, aunque no fuera más que preguntarse todos juntos por dónde se podía seguir avanzando a partir del punto en el que se estaba. Toda organización era temida como un sustituto de la autoridad".

Pero fue el Partido Comunista Italiano el que realmente salió derrotado de aquellos días, por su incapacidad para conectar con los nuevos movimientos juveniles:

"A los jóvenes ya los habíamos perdido. Era muy fácil ver lo frágil que era aquel levantamiento de una generación que no se oponía, como nosotros, a la 'reacción', sino a toda la arquitectura del sistema capitalista. Nosotros decíamos derecho a la enseñanza, ellos emprendían el asalto a la escuela en tanto que formadora de consenso, nosotros decíamos derecho al trabajo, ellos querían el fin del trabajo asalariado, nosotros queríamos más justicia distributiva y a ellos les importaba un bledo el consumo [...]. Desde luego, sabían poco de las luchas de clase del pasado y de hasta dónde habrían podido llegar antes de que se invirtieran las relaciones de fuerza. Pero si no se lo decíamos nosotros que teníamos una sobrada experiencia de la larga duración, ¿quién se lo iba a decir? Nos habrían escuchado si estábamos con ellos, a su lado, de su parte. Nuestra presencia o ausencia modificaba la escena. Esto lo sabía a ciencia cierta, no había que irse a buscar muy lejos, bastaba leer a aquel Gramsci que sólo se citaba cuando convenía. [...] Ya no entendíamos las preguntas que habían sido las nuestras, habíamos introyectado un paralizante reflejo de orden desde la década de 1950 [...]. Pero a fuerza de ser razonables habíamos perdido hasta la curiosidad por aquella insurgencia juvenil sin precedentes, hija nuestra y rebelde".

Ya no entendíamos las preguntas que habían sido las nuestras...

sábado, 4 de junio de 2011

Orgías de necedad

Paris Hilton, reina de la noche bilbaína
La rica heredera confiesa que aspira a ser «madre, esposa y madura» sin renunciar a su lado «más fiestero»

"Creo que soy una mujer normal, como cualquier otra. La vida me ha dado oportunidades diferentes y la vivo intensamente. Por ello, no me considero diferente a cualquier otra mujer de mi edad" [El Correo].


"En nuestra vida colectiva actual abundan síntomas inquietantes, que podríamos englobar bajo el nombre de «debilitación del juicio». ¡Gran desengaño éste! Jamás en toda la historia ha estado el mundo mejor informado de sí mismo, de su índole y de sus posibilidades [...] Estamos mejor informados. Y, sin embargo, nunca como hoy la necedad ha celebrado tales orgías en todo el mundo, la necedad en todas sus formas, la baladí y la ridícula, la malvada y la perniciosa".

Johan Huizinga, Entre las sombras del mañana, Península 2007 [e.o. 1935]

martes, 31 de mayo de 2011

Un primer análisis del 22M

“Es muy difícil aprender de equivocaciones muy grandes” (Karl Popper)

http://vocesconfutura.tumblr.com/



[1] Por su propia naturaleza unas elecciones locales son las menos adecuadas para pretender hacer análisis de carácter general. Porque los resultados, aún cuando puedan presentar algunas pautas de carácter general, no dejan de tener una fuerte componente local, debiendo explicarse también en parte por características específicamente locales. Esta naturaleza de las elecciones del 22-M las convierte en especialmente tentadoras para que cada cual encuentre en sus resultados datos que confirmen sus posiciones de partida. Un ejemplo de esto es la reflexión de la Ejecutiva del PSOE recogida por Público (24 mayo, p. 3):
La derrota fue reconocida por todos como inapelable, pero para la mayoría de la Ejecutiva es “un espejismo” pensar que el electorado ha castigado al PSOE “por no hacer política e izquierdas, pensando que hay otra posible”. Como prueba en contra se puso sobre la mesa el retroceso de Tomás Gómez, que hizo un discurso más a la izquierda que el de Zapatero, con propuestas como crear un impuesto específico para los bancos.

Como es lógico, Tomás Gómez se ha defendido diciendo que si en Madrid el PSOE ha perdido un 7,5% de votos, en España la pérdida se eleva al 10%, o que la lista a la Asamblea de la Comunidad encabezada por Gómez ha obtenido en la capital 11.524 votos más que la candidatura municipal encabezada por Lissavetzky, así que no debe ser de quienes peor lo han hecho [D. Borasteros, "El líder se blinda", El País, 24 mayo, edición Madrid, p. 2].

[2] La idea, expresada por José Blanco, de que la derrota no puede explicarse por un giro a la derecha de la política económica del Gobierno sino por un giro “hacia el centro derecha” de la sociedad española (Público, 24 mayo, p. 3) resulta estratégicamente peligrosa. En primer lugar, a la luz de la sociología política no parece ser cierta. Según se plantea en una muy reciente investigación, España es uno de los países europeos donde más ciudadanos se consideran de izquierdas, y casi la mitad de los españoles de izquierdas se autodefinen como socialistas [G. Cordero e I. Martín, Quiénes son y cómo votan los españoles de izquierdas, Fundación Alternativas/Los libros de la catarata, Madrid 2011]. Pero lo más preocupante de todo es que la opinión expresada por Blanco implica encastillarse en la autocomplacencia de quien considera que, a pesar de todo, sus decisiones han sido las correctas o, lo que es lo mismo, las únicas posibles.

Pero, ¿es que acaso no se ha producido ese giro a la derecha del electorado? Partiremos de un análisis de Pere Rusiñol en Público (24 mayo, p. 12) que me parece muy clarificador:
El corrimiento de tierras hacia la derecha del 22-M ha sido general y sin apenas excepciones. No es sólo el PSOE el que se desploma, sino que la izquierda en su conjunto –sumando IU, nacionalistas progresistas o ensayos de nueva izquierda- retrocede en todos lados y nadie recoge de forma significativa las caídas socialistas. Y simultáneamente, la suma del centro derecha avanza más de lo que sube el PP, porque el nacionalismo y el regionalismo conservador aguantan CiU y el PNV incluso suben levemente, y nuevas fuerzas en este campo irrumpen con fuerza, ya sea a nivel regional desde el FAC de Francisco Álvarez Cascos en Asturias a la xenófoba Plataforma en Catalunya o nacional, si se incluye a Unión Progreso y Democracia (UPyD).En 2007, el conjunto de las izquierdas con acceso a las instituciones superaba a las derechas por al menos dos puntos (45,2% frente al 43,1%), pese a que el PP superó al PSOE en siete décimas. Ahora, en cambio, el espacio conservador ha ganado con gran claridad en el conjunto de España, por ocho puntos de diferencia (47,7% frente al 39,7%), a pesar de que el crecimiento del PP no llega a los dos puntos. Ello indica que el problema de la izquierda va más allá del PSOE, que se deja en el camino siete puntos tras su giro a la derecha en política económica: ningún otro partido progresista parece haber recogido a sus descontentos de forma significativa.

Lo que se ha producido en estas elecciones no es un arrasador tsunami del PP, sino un abrumador derrumbe del PSOE. El PSOE ha obtenido en estas elecciones un total de 6.276.087 votos; un raquítico 27,79% del total de votos emitidos, el más bajo de toda la historia de las elecciones municipales en España, 7 puntos por debajo del porcentaje obtenido en 2007 (34,92%). En 2007, los votos recibidos por el PSOE fueron 7.760.865. Esto quiere decir que hemos perdido 1.484.778 votantes.
El PP ha obtenido en estas elecciones un total de 8.474.031 votos, 557.956 más que en 2007; el 37,53% de los votos emitidos, sólo un punto por encima del porcentaje obtenido en 2007 (35,62%). El 67% de esos votos de más se han obtenido en Andalucía (375.477). Algo tendrá que ver en esto el caso de los EREs. Andalucía ha marcado la gran diferencia y no Castilla-La Mancha (18,75% más de votos que en 2007), por debajo de Catalunya (28,37%; también en este caso habría mucha tela local que cortar) o Canarias (32,55%).

[3] Un fenómeno que me parece de mucho interés y al que no se está prestando la atención que merece. En la Comunidad de Madrid, la derrota del PSM ha venido acompañada del éxito en una docena de municipios de partidos independientes, de orientación básicamente progresista:
Ante la retirada de los socialistas del panorama político, son los partidos independientes, de ideologías predominantemente progresistas, y que por tanto hacen mayor hincapié en la participación ciudadana, los encargados de llenar este vacío. Los partidos huyen de la profesionalización de la política. Y el buque insignia de este tipo de formaciones políticas en la Comunidad de Madrid podría ser Vecinos por Torrelodones (VT), que con nueve concejales podría hacer peligrar el Gobierno del PP. Este partido, que cuenta con el apoyo de José Luis Cano, uno de los dos integrantes de Gomaespuma, que se presentó en último lugar de las listas, está en disposición de acceder al bastón de mando municipal. Para ello tendría que pactar con el PSOE, con un concejal (casi testimonial) y con la coalición de izquierda Actúa. Los principales atractivos de este partido, que con 4.076 votos se ha convertido en la quinta formación política de la Comunidad de Madrid, son, tal y como explica en su página web: "No somos un grupo de profesionales de la política buscando un hueco en el que ubicarnos en el espectro electoral". Manuel Villoria, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, tiene claro que la lejanía de la política es uno de los principales reclamos de los independientes: "La gente busca una alternativa al PP que no encuentra en el PSOE". Y esta alternativa es en Torrelodones la formación Vecino; en Boadilla del Monte, APB del letrado Ángel Galindo que denunció el caso Gürtel junto al exedil del PP de Majadahonda José Luis Peñas; Soy Vecino (SVO) en El Boalo; el CDL en Campo Real; el CiD en Griñón; Unión Demócrata Madrileña (UDMA) en Serranillos del Valle, y el Partido por el Progreso de Villaviciosa de Odón (PPVO) [T. Calleja, "Las 13 victorias de David contra Goliat", El País, 24 mayo, edición Madrid, p. 6].
Si esta interpretación es correcta, la tesis del giro a la derecha del electorado sufre una vía de agua más.

[4] En la misma línea, tampoco se está atendiendo al fenómeno del voto blanco y nulo. El 22M se registraron 584.012 votos blancos (el 2,54% del total de votos emitidos) y 389.506 votos nulos (1,7%). En conjunto, un 4,24% de votos, frente a menos del 2% en las generales de 2008. Evidentemente, no hay manera plenamente fiable de adjudicar un significado preciso a esos votos, pero dado el contexto en el que se han desarrollado estas elecciones creo que es muy razonable su consideración como “voto del inconformismo” [N. Junquera, "Recórd del voto del inconformismo", El País, 24 mayo, p. 19]. Puede sostenerse que este incremento en el voto blanco y nulo tiene que ver con las protestas del movimiento 15M. En esta página pueden comprobarse algunas de las maneras en las que la indignación se ha reflejado en los votos nulos. Son, sin duda, votos con mensaje político evidente.

[5] El movimiento 15M merece un análisis más pormenorizado. He planteado algunas reflexiones al respecto en varias entradas de este blog. A ellas me remito por ahora, a la espera de poder hacer ese análisis más profundo.

[6] Surge en este momento el debate sobre la “comunicación”. Se insiste en la idea de que “no se ha sabido comunicar bien”. En una entrevista tras las elecciones (Público, 25 mayo, p. 7) George Lakoff responde así a la pregunta de la periodista sobre “¿Cómo comunicar mejor?”: Hay muchas cosas que pueden hacer. Deberían estar apoyando las rebeliones de los jóvenes, deberían estar junto a los que están en las plazas públicas, porque aunque estén en el gobierno, seguramente podrían tener políticas iguales si pudiesen. Y esta es la cuestión: ¿pueden hacerlo?
Se trata de una formulación oscura, es cierto, no sé si por un problema de traducción o por las exigencias de resumir la conversación a los límites de una breve entrevista periodística. Pero me parece muy destacable la relación que Lakoff establece entre la comunicación y las movilizaciones en torno a 15M y DRY.

Comunicar no es simplemente “propagar”, como sentencia un consultor de comunicación en un artículo que, me temo, habrá sido excelentemente recibido entre quienes utilizan como mantra la idea de que estamos donde siempre hemos estado y hemos hecho lo único que cabía hacer [A. Núñez, "Arrojarse al agua porque otro lo hace", El País, 23 mayo, p. 47]. Comunicar es, fundamentalmente, conectar. Conectar, aunque no se llegue a convencer. Y conectar, especialmente, con tu electorado esencial, no con el electorado indiferenciado.
En su “examen a Zapatero”, balance de la anterior legislatura socialista, Philip Pettit concluía así: Resulta crucial que el pueblo se halle activamente comprometido con el gobierno, por ejemplo, a través de los movimientos sociales que monitorean y ponen en cuestión la acción del gobierno. La república cívica no es una máquina que se autoperpetua en el tiempo y que trabaja con una lógica impersonal. Es una entidad viviente cuya salud y prosperidad dependen de la interacción sostenida de una ciudadanía concienciada [P. Pettit, Examen a Zapatero, Temas de Hoy, Madrid 2008, p.186].
Nada de esto se ha cuidado en esta legislatura. No ha habido interacción con la ciudadanía concienciada: ni desde el Gobierno ni, lo que es todavía más grave, desde el partido. Enseguida volveré sobre esta cuestión, que me parece la más importante.

[7] Según Rodríguez Zapatero, hacer ahora un cambio de política económica sería tanto como “hacernos una enmienda a la totalidad” (Público, 24 mayo, p. 3). Esta afirmación nos confronta con el problema fundamental de la acción de este Gobierno, especialmente en política económica, aunque no sólo: la ausencia de una cultura de ingeniería social fragmentaria, como diría Karl Popper. Cuando la política se plantea no desde esta perspectiva prudencial sino desde la del ingeniero social holístico,
hay todas las probabilidades de que no se tolerará una libre discusión del plan holístico y sus consecuencias. La razón es que todo intento de planificación en gran escala es una empresa que tiene que causar, dicho de forma suave, considerables molestias a mucha gente y por un espacio de tiempo considerable. Por tanto, siempre habrá una tendencia a oponerse al plan y a quejarse de él. A muchas de estas quejas tendrá el ingeniero utópico que hacer oídos sordos, si quiere llegar a alguna parte; de hecho, será parte de su trabajo el suprimir las objeciones no razonables. Pero con éstas suprimirá también invariablemente la crítica razonable. Y el mero hecho de que la expresión de la insatisfacción tiene que ser contenida, reduce a la insignificancia incluso las más entusiásticas expresiones de satisfacción. Así, será difícil de aclarar los hechos es decir, las repercusiones del plan sobre el ciudadano individual, y sin el conocimiento de estos hechos la crítica científica es imposible [K. Popper, La miseria del historicismo, Alianza, Madrid 1973, p. 103].

El Gobierno se ha empleado a fondo para causar molestias a mucha gente, al mismo tiempo. Antes y después de la crisis: ley Sinde, reforma de la LOEX, regulación antitabaco, reforma del mercado de trabajo, modificación de la legislación sobre fotovoltaicas, conversión de las cajas en bancos… Demasiados frentes como para poder evaluar los impactos de las distintas medidas y, en su caso, corregir sus orientaciones. Demasiados barcos quemados para evitar la tentación de volver atrás. Así que, claro, cualquier modificación es vista como una enmienda a la totalidad.

[8] Pero la pérdida de contacto e interacción con la realidad a la que nos hemos referido tiene menos que ver con la acción del Gobierno que con la inacción del partido. Como vino a decir Marx, la humanidad es capaz de afrontar la solución de sus problemas, pero en circunstancias que no puede elegir. Esto resulta especialmente cierto en el caso de los gobiernos en estos tiempos de incertidumbre. Y ha sido un hecho evidente con la crisis inesperada y brutal que el Gobierno de Rodríguez Zapatero se ha visto obligado a gestionar. No entraré en esta cuestión, en si se ha gestionado mejor o peor. No quiero dar a la crisis más importancia como factor explicativo de los resultados electorales de la que tiene; que es mucha, sin duda, pero que nadie es capaz de objetivar.

Así que vamos a cuestiones más objetivables, entre las que se destaca la acción del partido socialista. ¿Cuál ha sido el papel que ha jugado el PSOE a lo largo de los últimos años? No quiero ser injusto, y estoy seguro de que lo que voy a decir ahora no puede aplicarse a las estructuras más locales del partido (agrupaciones locales, grupos municipales), pero sí a las estructuras nacionales y regionales: simplemente, el partido ha desaparecido como institución con identidad, misión y actividad propias. Una de las enfermedades más graves de todas las que aquejan al socialismo español es que la alargada y espesa sombra del Gobierno, de su acción y de su lógica, ha acabado por cubrirlo todo. Todo el partido se ha visto sometido a la particular lógica gubernamental, que no es, no puede ser y no debe ser la lógica específicamente político-ideológica. De esta manera, una pésima interpretación de la tarea de ser soporte del Gobierno socialista ha convertido al partido, pero también a los grupos parlamentarios socialistas en las distintas cámaras de representación, en mera longa mano del Gobierno, en simple prolongación de este.

Un ejemplo: lo que ocurrió con ocasión de los conflictos en El Aaiún a finales del año pasado. Yo puedo comprender que el Gobierno se vea obligado a un ejercicio de prudencia y equilibrio como consecuencia de sus responsabilidades internacionales, o para no poner en riesgo determinados acuerdos comerciales con Marruecos. Pero la imposición de esa misma norma de actuación al conjunto del partido socialista impide que aflore cualquier otra voz matizada, más cercana al lenguaje de la solidaridad, los derechos humanos o los principios ideológicos, imprescindible para que el socialismo español no pierda perfil político progresista. Como así ha ocurrido en este caso y en muchos otros.

El PSOE no sólo ha perdido las elecciones, también ha perdido la calle. No sólo ha perdido poder territorial, ha perdido poder simbólico. Y lo segundo es mucho más importante que lo primero, porque es mucho más complicado de revertir. El PSOE debe repudiar el leninismo prosaico que se ha infiltrado en sus estructuras de decisión (centrado en el poder, en su logro y su control) para abrazar con convicción la perspectiva gramsciana, poniendo en primer lugar entre sus prioridades la generación de discursos y narrativas progresistas que conecten con demandas, necesidades y expectativas muy presentes en la sociedad española.

¡No pienses en una gaviota!, hay que gritar, recordando el conocido ensayo de G. Lakoff (No pienses en un elefante, Editorial Complutense, Madrid 2007). Si no somos capaces de volver a generar un discurso público orientado a configurar un marco progresista volveremos a gobernar, cuando sea, ojala que en las próximas elecciones, pero gobernaremos, cada vez más, con una agenda que no es la nuestra. Comparto, en este sentido, el planteamiento expresado por Jordi Sevilla:
El propio presidente Zapatero ha reconocido haber cometido dos errores: tardar en reconocer la crisis y no estar preparado para una legislatura protagonizada por una recesión tan profunda. Yo añadiría alguno más: haber olvidado que la política democrática, a diferencia de la aristocrática, tiene que ser algo útil y participativo, es decir, algo que debe resolver problemas de los ciudadanos y con los ciudadanos. Si la acción política partidista no está dirigida a resolver problemas sociales, acaba siendo percibida como algo ajeno, que sólo interesa a los miembros de una casta endogámica [J. Sevilla, "En horas difíciles", El País, 24 mayo, p. 35].

En su intervención ante el Comité Federal del pasado sábado Rodríguez Zapatero ha señalado que el PSOE afronta dos tareas, una de presente y otra, la más importante, de futuro: el Gobierno va a hacer la tarea del presente, y el partido tiene que hacer la del futuro. Perfecto: pero ello no es posible si el partido recupera músculo político e ideológico.

Yo propongo un primer paso en esa dirección: identificar en todas las estructuras orgánicas del partido aquellas responsabilidades que más claramente tienen que ver con la relación con la sociedad (se me ocurren secretarías como las de comunicación, movimientos sociales, cultura, estudios) y sacarlas de las luchas internas de poder, de manera que quienes las ocupen sean personas que llegan a ellas por su capacidad y mérito probados, y no como consecuencia de la hidráulica de los juegos de equilibrio entre dirigentes territoriales.

[9] ¿Y de Euskadi qué? En Euskadi el PSE ha perdido el 42,57% en los votos obtenidos en 2007, lo que nos convierte en la comunidad autónoma donde los socialistas sufrimos una pérdida mayor en términos porcentuales. Sin duda, el factor Gobierno de Rodríguez Zapatero (su gestión general, pero también su necesidad de apoyarse en el PNV, lo que les ha permitido presentarse como los conseguidores de transferencias al margen y por encima del Gobierno vasco) y el factor Bildu son elementos muy influyentes. Lo que ocurre es que no es sencillo influir, a su vez, sobre ellos.
Por eso, desde una perspectiva operativa considero que a nuestro caso se puede aplicar todo lo dicho anteriormente sobre los problemas del PSOE. El PSE debe recuperar pulso como organización política activa y socialmente influyente. Esto resulta especialmente urgente, ya que el PSE es la fuerza cuyo perfil se presenta más desdibujado en el nuevo escenario político vasco. El PP tiene claro su perfil, lo mismo que el PNV (otra cosa es la dinámica de competencia por la hegemonía en el campo electoral nacionalista que se abre con la irrupción de Bildu y las complicaciones que ello suponga a los jeltzales). ¿Pero cuál es nuestro perfil?
Por otro lado, el PSE cuenta con una buena práctica de la que aprender: la apertura a los más diversos colectivos sociales que caracterizó la preparación de las elecciones autonómicas de 2009. ¿Por qué se ha abandonado esa práctica?

[10] Termino con una reflexión de Antonio García Santesmases (“La emergencia de una nueva izquierda”, El Mundo, 25 mayo, p. 23). El autor encuentra paralelismos con lo ocurrido en Alemania entre 1982 y 1998, período en el cual el crecimiento de la izquierda alternativa coincidió con (y en alguna medida la explica) la hegemonía de la conservadora CDU y la debilidad del SPD. Y escribe:

Frente al bloque de poder a la izquierda le espera un largo peregrinar. Al igual que lo ocurrido en la Alemania de los años 80, a mayor crecimiento de la izquierda alternativa, mayor hegemonía de la CDU. En Alemania la cosa duró desde el 82 al 98. Fueron muchos años, bien es cierto, que fueron años conformados por la caída del muro de Berlín. ¿Qué ocurrirá aquí? En España, después del 22 de mayo se dibujan dos mundos y dos universos. Una fuerte cultura de derechas liberal, conservadora, católica, que tiene grandes diferencias en su concepción de la nación pero que tiene grandes coincidencias en las medidas empresariales, fiscales y laborales que hay que desarrollar. Frente a ese bloque hegemónico una socialdemocracia que sabe que, a partir de ahora, el voto útil no funciona para la nueva generación, que sabe que los afectos y los agravios se han agrandado porque unos piensan que estos manifestantes no se dan cuenta, no comprenden que no se puede hacer otra cosa, que bastante se ha logrado evitando lo peor. Pero los otros precisamente de lo que están hartos es del mal menor y consideran que ha llegado la hora de decir basta.Willy Brandt lo veía con claridad. Unos optaban por congelar la situación y otros osaban más democracia. La socialdemocracia se quedó en medio y allí siguió durante muchos años. Unos querían soñar el futuro y otros gestionaban el presente. La socialdemocracia estaba en medio, quería aunar las dos cosas pero no supo, no pudo, había perdido las habilidades y la cosa duró una generación. Esperemos que aquí no ocurra lo mismo.