viernes, 30 de julio de 2010

"Los catalanes ante la corrida..."

No pretendo abrir aquí el debate sobre la prohibición de las corridas de toros en Catalunya.
Pero leyendo el libro del historiador Mark Mazower La ciudad de los espíritus: Salónica desde Suleimán el Magnífico hasta la ocupación nazi (Crítica, Barcelona 2009) he encontrado este párrafo, que paso a compartir:

"Mientras en París, Londres y en todas partes se entusiasman por las carreras de caballos, la práctica del ciclismo, la navegación a vela y un montón de deportes de moda, Salónica, fiel a su culto al pasado, sólo se preocupa por las luchas de los pehlivan [combates de lucha libre]. Ante la noticia de un nuevo combate entre luchadores célebres, los tesalonicenses sienten la misma excitación que los catalanes ante la corrida" (págs. 290-291).

Se trata del comentario publicado por un periodista del Journal de Salonique en los años finales del siglo XIX. Me ha parecido curioso.

martes, 6 de julio de 2010

Milagros locales (I)

Leo en EL PAÍS de ayer que Malawi está logrando importantes avances en la lucha contra el hambre y la malnutrición aplicando medidas propias que, en muchos casos, van en contra de las "recomendaciones" -más bien exigencias- de organismos como la Organización Mundial del Comercio o el Banco Mundial.
En esta línea de insumisión contra los dogmas del globalitarismo, el Gobierno de Malawi ha optado por garantizar la seguridad alimentaria de su población fortaleciendo la agricultura para el consumo propio o subsidiando la adquisición de fertilizantes y semillas por parte de los pequeños agricultores. ¿El resultado? La media de consumo diario ha pasado de 608 a 2.000 kilocalorías.
Un milagro de sociopolítica local que enmienda a la totalidad las fallidas promesas de salvación universal a través del mercado global que agitan tantas instituciones internacionales.
Desgraciadamente, estos milagros suelen pasar desapercibidos. De hecho, el New York Times ya se hacía eco del éxito de Malawi en diciembre de 2007. Pero las vuvuzuelas globaliberales son atronadoras.


A pesar del fracaso de las políticas que proclaman.
Sin caer en un consecuencialismo fácil, existe la suficiente evidencia empírica como para poder afirmar que ha sido la aplicación inmisericorde de las políticas impuestas por instituciones como la OMC, el Banco Mundial o el FMI las que han provocado algunas de las más destacadas crisis nacionales o internacionales. Sirvan como ejemplo los análisis de Joseph Stiglitz sobre los casos del Este Asiático y de Rusia, o su valoración general de las responsabilidades de instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional:

“Cuando trabajaba en el Banco Mundial pude ver los efectos devastadores de la globalización en los países en vías de desarrollo. Creo que la globalización puede ser una fuerza positiva y tiene el potencial de enriquecer a todo el mundo, especialmente a los pobres. Pero también creo que ha sido muy mal administrada y ése es el problema. El resultado es que ahora algunos de los países más pobres están mucho peor. El FMI siempre ha sido muy hábil escurriendo el bulto y culpando a los demás de sus propios errores. A veces se critica al Consejo de Seguridad de la ONU por el poder de los cinco miembros permanentes, pero se olvida que en el FMI un solo miembro, EE UU, tiene todo el poder de veto. El FMI ha alentado en los países en vías de desarrollo a aplicar políticas que se han desechado en los países desarrollados, por ejemplo, privatizar las pensiones o prohibir proteger ciertos sectores, como la agricultura, algo que Estados Unidos o Europa consideran normal. El FMI tampoco ha tenido en cuenta ni las desigualdades en el reparto de las riquezas que estaba generando ni la inestabilidad social de sus políticas”.

El caso de Argentina y de su profunda crisis del año 2002 es paradigmático. Como señala el columnista político argentino Joaquín Morales, “tal vez no exista otro país (en América Latina, por lo menos) que haya seguido con tanta disciplina las políticas del consenso de Washington”. Durante una década Argentina practicó sin apenas cuestionarlos todos los principios fundamentales de la vulgata neoliberal: convertibilidad de su moneda en función del dólar, apertura comercial, libre circulación de los capitales financieros, privatización de las empresas de servicios públicos, entrega de estas empresas al capital extranjero, etc. Argentina fue, en palabras de Morales, “una probeta en el laboratorio de la inexperta globalización”. Como premio a tanta aplicación, el entonces presidente argentino, Carlos Menem, fue recibido en 1999 en un acto de homenaje inusual en las oficinas centrales del FMI, en Washington. Durante esa misma década, Brasil y Chile resistieron todas las presiones del FMI para que hicieran “lo mismo que Argentina”. El caso es que para el 2002 las cosas empezaron a cambiar, los capitales financieros comenzaron a huir de los mercados emergentes, Argentina se quedó con una deuda monumental y casi sin empresas nacionales, y Brasil y Chile eranpresentados como ejemplos de “países serios” frente a un “país irresponsable”.
Un caso similar paro aún más sangrante si cabe es el de Mongolia, detalladamente analizado por Erik S. Reinert:
"Cuando se posó el polvo en torno a los restos del Muro de Berlín, Mongolia se convirtió rápidamente en el «alumno estrella» del Banco Mundial en el ex Segundo Mundo. Abrió de par en par su economía casi de la noche a la mañana, y siguió fielmente el consejo que le dieron las instituciones de Washington, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, de minimizar el Estado y dejar que el mercado se hiciera con el control de la economía. Se suponía que Mongolia encontraría su lugar en la economía global especializándose en la actividad en la que gozaba de una ventaja comparativa. El resultado fue que la economía mongola retrocedió desde la era industrial a la del pastoreo. Pero como la economía nómada era incapaz de mantener la misma densidad de población que el sistema industrial, el resultado fue una catástrofe ecológica, económica y humana".
Los datos: el 40 por ciento de la población mongola acabó viviendo por debajo del umbral de la pobreza extrema, la mortalidad infantil es una de las mas elevadas del mundo, el paro urbano alcanzaba en 2004 el 47 por ciento... al tiempo que soportaba el peso de una deuda externa que ese mismo año ascendía a 1.800 millones de dólares, prácticamente una suma igual al PIB anual de Mongolia, es decir a la suma de toda la riqueza producida por el país a los largo de un año.

El economista Peter Griffiths, que trabajó para el Banco Mundial con el encargo de impedir una hambruna en Sierra Leona, narra su experiencia en el libro Historia de un economista. En un país en el que, al no disponer de pupitres en las escuelas, los colegiales acuden diariamente a clase llevando piedras planas sobre las que sentarse, piedras que no dejan en la escuela por temor a que alguien pueda robárselas, Griffiths denuncia “la creencia dogmática de que el mercado libre resolverá todos los problemas del mundo”, característica del Banco Mundial.


Así que atendamos al milagro de Malawi y apoyemos su reproducción.
Mañana me referiré a otro.

lunes, 5 de julio de 2010

Paradojas

Es cierto. No me había dado cuenta, pero hoy me lo han recordado. Y sí, resulta cuando menos curioso.
El fútbol no me dice gran cosa, pero el sábado ví a tozos el partido España-Paraguay mientras tomábamos unas cervezas en un par de bares.
Cuando España marcó gol estábamos en un batzoki (en serio), la televisión emitiendo el partido, y la mayoría de la gente exteriorizó su alegría.
Y "la Roja" -esa denominación que tan poco gusta a cierta derecha española- jugaba de azul.

La cerveza estaba fresquita.

domingo, 4 de julio de 2010

Ciberpolítica (en regímenes democráticos y en los que no lo son)

[1] El Centro de Investigaciones Sociológicas ha publicado el estudio Internet y participación política en España, dividido en cuatro capítulos.
El primero ofrece una visión descriptiva del uso de internet en España ,centrándose en los usos no políticos de la web. El segundo capítulo está dedicado a estos usos políticos de internet. Se describen los niveles de participación en distintas actividades relacionadas con la política que pueden llevarse a cabo online y su relación con sus equivalentes tradicionales offline. El tercer capítulo describe los perfiles de los ciudadanos que participan políticamente online y sus implicaciones para la igualdad política. Por último, en el cuarto capítulo se ofrece un modelo explicativo de la participación política online, que incluye variables tradicionalmente contempladas en la literatura sobre participación política (como recursos y actitudes), otras menos analizadas (como los estímulos movilizadores) y algunas especialmente relevantes en la esfera online (como los recursos y habilidades tecnológicas).
Los datos del estudio indican que un 28% de los internautas participan simultáneamente offline y online. En cambio, un 15% de los internautas se han movilizado políticamente sólo en la esfera online, y no participan políticamente a través de los modos tradicionales.
En términos generales el acceso a internet está condicionado por variables sociodemográficas como el género, la edad, la ocupación, los ingresos y el tamaño de municipio. Estos resultados indican que la brecha digital continúa estando claramente presente en España, que puede comportar consecuencias también en el ámbito político. Apesar de ello, entre los españoles más jóvenes (menores de 30 años) las diferencias en el uso de internet por niveles educativos se atenúan y las de género desaparecen.

[2] Otros son los problemas de la ciberpolítica en los regímenes autoritarios. Los aborda Ernesto Hernández Busto en su artículo Los límites de la ciberdisidencia. Reproduzco su conclusión:

La mutación propiciada por las nuevas tecnologías es un síntoma estimulante, pero corre el riesgo de quedarse estancada en acciones confusas y sin un público definido. En sociedades autoritarias, la confusión entre "medio" y "mensaje" no parece haber contribuido a una libertad que rebase las alternativas a la prensa oficial, y el uso político de la Red se ha demostrado más influyente en sistemas con altos índices de democracia y transparencia. Cada vez más analistas se preguntan hasta qué punto puede derrocarse a un régimen desde esa especie de ilusión democrática (y narcisista) que propicia Internet. A lo mejor en esos escenarios donde el espacio para los reclamos libertarios es por fuerza minoritario y demasiado susceptible de control, hay que volver a los viejos métodos del disidente tradicional: hacer huelgas, salir a las calles, arriesgar un desafío que dependa menos de la imagen mediática.

miércoles, 30 de junio de 2010

La España plural

Si el fallo del Estatut es prueba de que "la España plural ya no existe", ¿quiero eso decir que sí existía antes de ayer?

[1] España lleva tiempo siendo una nación en estado. Si durante los tensos últimos meses del gobierno de José Mª Aznar España parecía una frutería (se hablaba entonces de la posibilidad o no y, en cada caso, de las consecuencias de abrir el “melón” constitucional) con la presidencia de Rodríguez Zapatero España es un paritorio.
Habrá quienes, seguramente con argumentos sólidos, teman lo que de verdad pueda traer consigo un debate nacido menos de la virtud que de la necesidad, menos de la decisión de todos que de la urgencia de parte. Habrá quienes hagan notar su incomodidad ante una situación que, hoy por hoy, no es (no puede ser) otra cosa que un monumental follón. Sea como sea, haciendo buena aquella afirmación de Marx según la cual los seres humanos construimos nuestra historia, sí, pero no elegimos las condiciones en las que tal construcción debe afrontarse, sería una irresponsabilidad histórica negar la realidad de una España que, como señaló Maragall, “ha cambiado más su cuerpo que su mentalidad”.

[2} Hace unos años el único debate posible era aquel que se entablaba entre quienes conciben a España como demasiado una y quienes la piensan como demasiado otra. Era este un debate sin salida alguna, un demencial juego de suma cero en el que una grosera aritmética política de pérdidas y ganancias no hacía otra cosa que espesar una indigesta olla podrida rebosante de agravios, sospechas, miedos, deslealtades, amenazas y egoísmos. Hoy, por el contrario, se abre la posibilidad de pensar una España orientada a resolver su problema histórico de identidad pensándose a sí misma como espacio imprescindible de derechos y libertades, de paz y de solidaridad. No es más que un esbozo, apenas un par de trazos, tal vez más voluntad que proyecto: pero es más de lo que hemos tenido en nuestra historia reciente; y es infinitamente mejor que el choque de trenes al que nos abocaban Aznar y los nacionalismos autoproclamados históricos.

[3] El destino del autogobierno de vascos y catalanes está inexorablemente ligado al proyecto de desestatonacionalización de España que parece querer impulsar el PSOE de la mano de Rodríguez Zapatero. Siendo, los nacionalismos denominados históricos deberían abandonar definitivamente la estrategia de free rider que los ha caracterizado -más al vasco que al catalán-para comprometerse lealmente en la gobernabilidad del hoy por hoy (Europa es futuro muy lejano) único marco incluyente que permite la protección de los derechos y las libertades de todas y todos sin por ello sacrificar la pluralidad de pertenencias que nos caracterizan.

[4] En un Estado plurinacional caben varias naciones, pero no varios nacionalismos. El problema de la transformación plurinacional de España no es el de la existencia de varias naciones, sino de varios nacionalismos. De hecho, uno sólo ya está de más.
No se trata de abonar discursos rancios sobre unidades o esencias nacionales, sino de apostar por un proyecto moderno de ciudadanía definida por los derechos y las libertades de todas y cada una de las personas, en un marco de estabilidad jurídica garantizado por las distintas instituciones del Estado. Como ha dicho Claudio Magris, “nadie se enamora de un estado pero hace falta el Estado para que podamos exaltarnos tranquilamente por lo que nos dé la gana y para que nuestra libertad, según la vieja definición liberal, sólo termine donde comienza la libertad del otro”.

martes, 29 de junio de 2010

Tontos/as del país

En su ensayo sobre las leyes fundamentales de la estupidez humana Carlo M. Cipolla reflexionaba con humor sobre las dañinas consecuencias que comporta el hecho de tener que compartir nuestra existencia, de manera inexorable, con un número indeterminado pero numeroso de personas estúpidas. La primera de estas leyes nos advierte, precisamente, contra la tentación de subestimar ese número.
La segunda ley, por su parte, asegura que la estupidez "es una prerrogativa indiscriminada de todos y de cualquier grupo humano, y que tal prerrogativa está uniformemente distribuida según una proporción constante".


Viene esto a cuento de dos noticias que hoy publica la prensa.
La primera en PÚBLICO: Un juez de Getafe (Madrid) examina de historia de España a los extranjeros que solicitan la nacionalidad española, con preguntas como estas: "¿Cuántas dinastías de reyes han dirigido España? Cite tres escritores españoles del siglo XVIII o poetas de la posguerra. ¿Qué nombre recibió la primera Constitución Española? ¿Quién fue Murillo? ¿Qué ocurrió en España en 1868? ¿Sabe usted quién es Rafa Nadal? ¿Y Calderón de la Barca?".
La segunda, en EL MUNDO: El portavoz de política interior de la CDU en Berlín, Peter Trapp, ha propuesto efectuar pruebas de inteligencia como filtro para admitir en Alemania solamente a los extranjeros de mayor potencial intelectual.


Resultaría conmovedora la preocupación de ambos, juez español y político alemán, por mantener el nivel intelectual de sus respectivos países si no fuera por la unidireccionalidad de esa preocupación. Como si la estupidez o la tontería se importaran.

Lean a Capella, ambos dos. La estupidez no es una prerrogativa de ningún grupo humano en particular, y cada colectivo carga con su propia cuota. Políticos y jueces incluidos.

domingo, 27 de junio de 2010

El camino largo y sinuoso

No ese no: no es el camino en el estás pensando.
Me refiero a otro.
Me refiero al long and winding road de los Beatles.
Mejor cuanto más largo y sinuoso.