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lunes, 3 de julio de 2023

Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo. Y otros argumentos a favor de la independencia económica

Kristen R. Ghodsee
Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo. Y otros argumentos a favor de la independencia económica
Traducción de Blanca Rodríguez
Capitán Swing, 2021

"El capitalismo desregulado es un asco para todo el mundo, pero mi intención es centrarme en explicar que el daño que inflige a las mujeres es desproporcionado. [...] [L]as mujeres tienen más dificultades en los países cuyos mercados están menos coartados por la regulación, la carga fiscal y las empresas públicas que en aquellos en los que el Estado reinvierte sus ingresos en el incremento de la redistribución de la riqueza y de las redes de protección social".


No, no es el KamasURSStra (perdón, perdón, perdón). Más que el efectista título es el subtítulo el que enmarca y ofrece las claves de este libro que, sin descubrirnos nada que no sepamos o, incluso, suframos, abunda en sugerencias que fortalezcan un discurso crítico con la doxa neoliberal dominante en la actualidad, que identifica capitalismo desregulado con libertad general. Sí, lo de Ayuso.

El capitalismo es un sistema que solo se sostiene generando permanentemente una situación universal de necesidad. Aunque para cada persona sea muy relevante (hasta convertirse en cuestión de vida o muerte), para el sistema es indiferente que esta necesidad sea física, material, sustancial, objetiva, básica (alimento, techo, seguridad...) o subjetiva, ficticia, inducida, innecesaria (asistir al concierto de no sé quién, comprar unas zapatillas de tal marca, pasar las vacaciones en un lugar lo más lejano posible...). El capitalismo nos quiere necesitadas, endeudadas. Como señala Max Weber, el capitalismo inició su andadura reventando la posibilidad y la idea misma de suficiencia

"El primer enemigo a la vista contra el cual hubo de luchar el “espíritu” capitalista -considerado como un nuevo tipo de vida con sujeción a ciertas reglas, subordinado a una “ética específica- fue aquel hecho, parecido en mentalidad y en conducta que podría calificarse como “tradicionalismo” […] la aspiración del individuo no es ganar más y más dinero, sino continuar su existencia pura y llanamente como siempre lo hizo, obteniendo sólo lo necesario para pagar sus gastos".

Siendo el capitalismo la tercera y más reciente de las estructuras de dominación y privilegio que organizan nuestra existencia, tras el patriarcado y el colonialismo, es evidente que si, como dice Ghodsee, "el capitalismo desregulado es un asco para todo el mundo", lo será en mucha mayor medida para quienes acumulan sobre sí opresiones, como las mujeres y las personas racializadas. En el caso de las primeras, que son de las que se ocupa la autora, el capitalismo necesita que una inmensa mayoría de las mujeres sean económicamente dependientes:

"El capitalismo medra con el trabajo no remunerado en el hogar que realizan las mujeres porque estos cuidados sostienen un sistema tributario menos impositivo. Y menos impuestos significan más beneficios para los que están arriba, que son casi todos hombres".

Nada nuevo bajo el sol. Pues bien, profesora de Estudios de Rusia y Europa del Este de la Universidad de Pensilvania y experta en el estudio de la vida cotidiana bajo el socialismo y los trastornos sociales, políticos y económicos posteriores a la caída del Muro de Berlín, Kristen R. Ghodsee analiza la manera en que en los distintos países del socialismo de Estado, cada uno con sus especificidades, coincidieron en impulsar políticas laborales y sociales que redujeron la dependencia económica de las mujeres respecto de los hombres: "Estas políticas ayudaron a desvincular el amor y la intimidad de consideraciones económicas. Cuando las mujeres disfrutan de sus propias fuentes de ingresos y el Estado garantiza la seguridad social en la vejez, la enfermedad y la discapacidad, las mujeres no tienen motivos económicos para permanecer atadas a relaciones abusivas, alienantes o insanas por el motivo que sea".

Esta reducción de la dependencia económica y su consecuencia, el aumento de la independencia vital de las mujeres respecto de sus parejas varones, llevó en la década de 1970 a que las feministas socialistas estadounidenses afirmaran que "acabar con el patriarcado no era suficiente, pues la explotación y la desigualdad perdurarían mientras las élites financieras siguieran construyendo sus fortunas a costa de mujeres dóciles que traían trabajadores al mundo a cambio de nada".

Pero el comunismo tampoco acabó con el patriarcado, por lo que habría que decir que acabar con el capitalismo tampoco fue suficiente. Como reconoce la autora, "ninguno de estos países promovió los derechos de las mujeres con la finalidad o la intención de favorecer su individualidad ni su autorrealización, sino en cuanto que trabajadoras y madres, para que participaran de una forma plena en la vida colectiva de la nación"

Es cierto que hubo grandes mujeres, como Aleksandra Kollontai, empeñadas en lograr la emancipación efectiva de las mujeres, con iniciativas como la creación en 1919, en el marco de las decisiones adoptadas en el Octavo Congreso del Partido Comunista, del Jenotdel, el Departamento de la Mujer, "que supervisaba la aplicación de un programa radical de reforma social que llevaría a la completa emancipación de las mujeres". Pero su recorrido fue muy limitado:

"Nadie quería que la independencia económica de las mujeres se alcanzase a costa de la maternidad, pero eso fue lo que ocurrió. Con el aumento de las exigencias sobre su tiempo, las soviéticas empezaron a tener menos hijos o a retrasar el momento de tenerlos. Al final, Stalin acabó por desmantelar el
Jenotdel, declarando que la «cuestión de la mujer» estaba solucionada. En 1936, por si no fuera suficiente con su programa de continuas purgas arbitrarias y de terror de Estado, revirtió las políticas más progresistas, prohibió el aborto y reinstaló la familia tradicional. La rápida industrialización del Estado soviético exigía que las mujeres trabajasen, tuvieran bebés y asumiesen la tarea de los cuidados, de la cual el primer Estado socialista del mundo todavía no era capaz de hacerse cargo. Las soviéticas estaban muy lejos de la emancipación, y Aleksandra Kollontai pasó los años que le quedaban en un exilio diplomático"
.

El patriarcado era compatible con el comunismo, al menos con ese comunismo que repudiaba la homosexualidad y era ciego a la disconformidad de género, en el que el aborto era el principal método anticonceptivo, en el que se de impulsaba el fomento de la natalidad, se reprimía la denuncia del acoso sexual, la violencia doméstica y la violación y donde "la resistencia masculina al cuestionamiento de los roles tradicionales de género fue mayoritaria"

De ahí que Kristen R. Ghodsee no plantee, en ningún caso, regresar a aquel socialismo de Estado del siglo XX que se hundió "bajo el peso de sus propias contradicciones, que abrieron una inmensa brecha
entre los ideales que declaraban sus autoritarios líderes y la realidad de sus actuaciones". Como bien dice, "[l]as libertades políticas básicas no se pueden intercambiar por la garantía de un empleo". Su propuesta, su ideal, se orienta más bien hacia la socialdemocracia escandinava y su combinación de libertad individual y protección social:

"Una red de protección social más amplia, como las que podemos encontrar en los países de la actual Europa septentrional, aumentaría la libertad personal, en lugar de reducirla, porque devolvería a la ciudadanía la capacidad de tomar las decisiones más importantes sobre sus propias vidas. Nadie debería verse en la obligación de continuar en un trabajo que detesta por causa del seguro médico ni de seguir con una pareja que le pega porque no sabe cómo podrá dar de comer a sus hijos si la deja, ni de acostarse con un señor mayor porque no puede pagarse los libros de texto".

No hay libertad cuando nos vemos forzadas a vivir en la necesidad. Esto es inapelable. Es la gran intuición que dignifica la propuesta de Marx (“El reino de la libertad solo empieza allí donde termina el trabajo impuesto por la necesidad y por la coacción de los fines externos"), coincidente con la de Beveridge ("Freedom from want", libertad de la necesidad) y la de Keynes.

El libro de Kristen R. Ghodsee se suma a otras muchas obras que desde la sociología y la economía feministas denuncian el capitalismo desembridado como una amenaza letal a la libertad y a la vida de todas, pero especialmente de las mujeres, y en particular de las mujeres racializadas y pobres, intersecadas por las estructuras de dominación que configuran nuestro mundo. Ya solo por eso merece ser leído. Pero es que además está muy bien escrito.

martes, 13 de julio de 2021

Socialismo, anticapitalismo

Thomas Piketty
¡Viva el socialismo! Crónicas 2016-2020
Traducción de Daniel Fuentes 
Ediciones Deusto, 2021

"Si me hubieran dicho en 1990 que en 2020 iba a publicar una colección de crónicas titulada ¡Viva el socialismo! habría pensado que se trataba de un mal chiste. A mis dieciocho años acababa de pasarme el otoño de 1989 siguiendo por la radio el colapso de las dictaduras comunistas y del 'socialismo real' en la Europa del Este. [...]
Nacido en 1971, pertenezco a una generación que no tuvo tiempo de dejarse seducir por el comunismo y que se hizo adulta constatando el fracaso absoluto del sovietismo. Como muchos, en la década de 1990 fui más liberal que socialista, orgulloso como un pavo real de mis observaciones juiciosa, desconfiaba de mis mayores y de los nostálgicos, y no soportaba a los que se negaban decididamente a ver que la economía de mercado y la propiedad privada eran parte de la solución.
Hete aquí que, treinta años después, en 2020, el hipercapitalismo ha ido demasiado lejos. Ahora estoy convencido de que hay que pensar en la superación del capitalismo, en una nueva forma de socialismo, participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico, mestizo y feminista.
La historia decidirá si la palabra 'socialismo' está definitivamente muerta y debe ser reemplazada. En mi opinión, puede salvarse, y de hecho sigue siendo el término más apropiado para designar la idea de un sistema económico alternativo al capitalismo".


Una excelente oportunidad para aproximarnos a las ideas de Piketty, tanto a algunos de los temas de su best seller de 2013 El capital en el siglo XXI (la deriva desigualitaria desde el segundo tercio del siglo XX, sus fundamentos esencialmente político-ideológicos, la creciente concentración de riqueza en manos privadas, la relevancia de la fiscalidad...) como en otros abordados en el más reciente Capital e ideología (la eclosión de los populismos, el riesgo del social-nativismo, la democratización de la Unión Europea, la emergencia climática...).

Un texto escrito con su característica claridad, acompañado de gráficos ilustrativos, un ejercicio perfecto de economía política o de sociología económica. Su propuesta de socialismo participativo, federal, democrático, feminista, mestizo y universalista dibuja un marco, un terreno de juego muy interesante para repensar las luchas sociales, políticas y económicas contra el capitalismo.

*-*-*-*-*

Erik Olin Wright
Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI
Traducción de Cristina Piña Aldao
Akal, 2020

"En el libro defiendo el socialismo democrático de mercado, entendido como una forma radical de democracia económica. El libro podría, por lo tanto, titularse Cómo ser socialista democrático en el siglo XXI. Decidí usar el término más amplio de 'anticapitalista' porque buena parte de los argumentos aquí recogidos son pertinentes para quienes se oponen al capitalismo pero mantienen una actitud escéptica respeto al socialismo. Espero que mis razones convenzan, al menos a algunos, de que una radical democracia económica socialista es la mejor forma de pensar en un destino realizable y factible más allá del capitalismo [...]".


Erik Olin Wright falleció el 23 de enero de 2019, pocos meses después de ser diagnosticado de leucemia mieloide aguda (diagnóstico del que EOW habla con serenidad en el prólogo, fechado en agosto de 2018: "La única estrategia es someterse a un trasplante de células madre de médula ósea. Si funciona, me curaré; si no, moriré"). Su pérdida nos priva de uno de los pensadores críticos más importantes de los últimos años, referencia indudable en los análisis de clase, defensor insobornable de un "marxismo sin disparates" (como lo denomina en el epílogo Michael Burawoy), sin saltos lógicos ni trampas en el solitario. 

Pero junto al rigor científico, EOW se ha caracterizado por su énfasis en el fundamento moral de la lucha contra el capitalismo (en un hermoso obituario, que cierra el libro, Vivek Chibber lo califica de "brújula moral de la izquierda"), tanto en lo que se refiere a las motivaciones de esta lucha ("la realidad es que las personas están motivadas en su mayoría, al menos parcialmente, por preocupaciones morales, no sólo por intereses económicos prácticos") como en relación a las alternativas a ese capitalismo contra el que se lucha, que deben ser deseables por sí mismas, no en comparación con el sistema que se pretende superar:

"[...] la claridad respecto de los valores es esencial para pensar cuán deseables son las posibles alternativas al capitalismo. Necesitamos una forma de evaluar no sólo qué está mal en el capitalismo, sino qué hay de deseable en las alternativas. Y, si llegara a pasar que construyamos de hecho una alternativa, necesitamos criterios sólidos para evaluar en qué medida la alternativa está haciendo realidad esos valores".

De ahí nace su propuesta estratégica de erosionar el capitalismo, que EOW presenta como una combinación de "la visión socialdemócrata progresista y socialista democrática de cambiar, desde arriba, las reglas del juego dentro de las que opera el capitalismo en aras de neutralizar sus peores daños y crear alternativas basadas en el Estado, con visiones más anarquistas de crear, desde abajo, nuevas relaciones económicas que encarnan aspiraciones emancipadoras"

Tristemente desaparecido EOW, habrá que seguir trabajando, intelectual y políticamente, desde el punto y en la dirección que él señaló: en la construcción de utopías reales"trozos del destino emancipador que supera el capitalismo, pero dentro de una sociedad todavía dominada por el capitalismo".