Donde no hago pie
Lumen, 2022
"Deseo como nunca antes había deseado nada y deseo no haber denunciado, no estar acá frente a ella, no volver a ver nunca más a ACUSADO, no declarar ante un jurado, no tener que ir a juicio.
Pero acá estoy y Luciana me interroga y aprieta más fuerte de lo que yo puedo, y no puedo frenarla y ella tampoco frena".
Este libro continúa el relato autobiográfico iniciado en Por qué volvías cada verano (Las Afueras, 2020), donde la autora narraba los abusos sexuales que sufrió durante su adolescencia por parte de un tío, comisario de policía. Si aquel primer libro se centraba en la experiencia del abuso, en este la autora aborda las consecuencias de haberlo denunciado y el largo, doloroso y desconcertante recorrido por un sistema judicial que, lejos de ofrecer protección y reparación, se convierte en una nueva fuente de sufrimiento.
La narración comienza cuando, después de un prolongado silencio, una llamada de la Fiscalía anuncia que la denuncia que impuso la autora y protagonista llegará finalmente a juicio. A partir de ese momento, Belén López Peiró reconstruye las dificultades para encontrar representación legal, comprender los procedimientos judiciales, preparar su declaración y afrontar la posibilidad de volver a encontrarse con su agresor. Lo que emerge de sus páginas es la terrible experiencia de una mujer obligada a demostrar una y otra vez la veracidad de su sufrimiento, a reconstruir recuerdos dolorosos y a someter su propia vida al escrutinio de instituciones y personas que parecen exigirle una coherencia y una precisión incompatibles con la complejidad de la memoria traumática:
"Siento cada pregunta como un disparo. No tengo palabras. Quedo inmóvil. Digo frases sueltas, escuetas, mientras mis manos tiemblan".
Porque la experiencia vivida no siempre puede organizarse en un relato lineal, completo y libre de contradicciones, como parece exigir el procedimiento judicial, y mucho menos en el caso de una víctima de violación continuada por un familiar en el que se confiaba. Los recuerdos son necesariamente fragmentarios, las emociones interfieren en su reconstrucción y el paso del tiempo modifica la manera de comprender lo sucedido, pero todas esas características de la memoria se convierten en motivos de sospecha hacia quien denuncia. Belén López Peiró muestra así una de las paradojas más crueles de la violencia sexual, que la persona agredida puede terminar siendo examinada con una intensidad que desplaza la atención desde los hechos denunciados hacia su propia credibilidad. Es esta una cuestión esencial para el análisis .crítico feminista, como explica la socióloga Amaia González Llama en su trabajo Un futuro feminista: la justicia testimonial como tarea institucional pendiente.
La escritura acompaña esta experiencia mediante una estructura fragmentaria, compuesta por capítulos breves en los que se alternan recuerdos, conversaciones, reflexiones íntimas y episodios relacionados con el proceso judicial. El lenguaje es directo, contenido, a veces casi seco, y consigue transmitir la angustia, el cansancio y la incertidumbre sin recurrir al sentimentalismo. La autora tampoco construye una imagen heroica de sí misma, reconoce sus dudas, sus miedos, sus contradicciones y su vulnerabilidad. Esa renuncia a presentarse como una víctima ejemplar -justa lo que se espera de una mujer violada cuando comparece ante la justicia- constituye una de las mayores fortalezas del libro, porque permite comprender hasta qué punto las expectativas sociales sobre cómo debe comportarse una mujer que ha sufrido violencia sexual se convierte en otra forma de violencia:
"La buena víctima.
-Muchas veces pasa que después de muchos años la víctima se presenta empoderada y eso no sirve. El jurado te tiene que ver como la nena inocente de 13 años.
[...] que solo sepan que soy una buena víctima, que yo no deseo, no cojo, no salgo, no bailo, no pido, no debo, no marcho, no grito, no muerdo".
También resulta especialmente relevante la dimensión colectiva que adquiere una experiencia aparentemente íntima. La violencia sufrida por la autora se inscribe en relaciones familiares atravesadas por el poder, el silencio y las lealtades, y su denuncia pone de manifiesto las dificultades que encuentran muchas mujeres cuando deciden romper esos silencios. Frente a la soledad y la desprotección aparecen, sin embargo, las redes de apoyo, las amistades, los vínculos afectivos y la solidaridad feminista, relaciones que permiten sostener un proceso que ninguna persona debería verse obligada a afrontar en soledad.
El título, Donde no hago pie, expresa con enorme precisión esa sensación de encontrarse en un territorio inseguro, sin puntos de apoyo suficientes, expuesta permanentemente a la posibilidad de hundirse, pero también remite a la búsqueda de una manera de mantenerse a flote. Al narrar su experiencia, Belén López Peiró recupera una capacidad de interpretación y de decisión que tanto el abuso como los procedimientos institucionales han amenazado, de manera que su relato introduce una voz propia allí donde otros discursos, especialmente el jurídico, tienden a apropiarse de su experiencia y a traducirla a sus categorías.
El resultado es un libro que invita a reflexionar sobre las limitaciones de una justicia centrada en la comprobación de los hechos y la determinación de responsabilidades penales, pero insuficientemente atenta a las necesidades de reconocimiento, cuidado y reparación de quienes han sufrido violencia machista.

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