Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
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sábado, 1 de septiembre de 2012
Ay quién maneja mi banca, quién...
Leo con alegría el titular que EL PAÍS de hoy lleva a portada y con el que abre también su sección de economía: "Rajoy extrema el control de la banca". La noticia hace referencia a la publicación en el Boletín Oficial del Estado del real decreto sobre reestructuración y resolución de crisis en entidades, iniciativa con la que supuestamente se busca combatir las crisis bancarias y que ha sido exigida por Bruselascomo condición para aportar los 100.000 millones de euros del rescate a los bancos españoles. El periodista que firma el reportaje considera que la iniciativa "ata en corto al sector y otorga poderes casi absolutos a la Administración para tomar el control de los bancos y quitar a sus gestores".
Sin embargo, mi inicial alegría se ha convertido en extrañeza, primero, y en cabreo después, cuando en el reportaje al que me estoy refiriendo leo que una de las medidas adoptadas consiste en fijar en 500.000 euros el tope máximo de la retribución fija de los presidentes ejecutivos, consejeros delegados y directivos de las entidades financieras que hayan recibido dinero del fondo de rescate bancario.
A ver si lo he entendido bien:
a) el Gobierno de Rajoy impulsa una reforma bancaria que busca atajar la crisis del sector,
b) una de cuyas medidas consiste en permitir que los directivos de bancos rescatados con dinero público se embolsen hasta medio millón de euros al año en concepto de sueldo fijo, es decir, sin contar pluses, dietas, bonos, participaciones, etc.
¿Y a esto es a lo que el periódico llama "atar en corto" a los bancos? Yo lo veo como una operación destinada a guindar (de Guindos) dinero público para engordar economías privadas.
Vergüenza sobre vergüenza: por la desfachatez del Gobierno y los banqueros, pero también por la ausencia total de perspectiva crítica de un periódico que cada día me decepciona un poco más.
domingo, 17 de junio de 2012
Otro sistema bancario es posible
Como no entiendo nada, vuelvo a leer un libro de 2010: La mordaza: Las verdaderas razones de la crisis mundial, de la economista Loretta Napoleoni, especializada en el análisis de las dinámicas del capitalismo global. Me limito a reproducir, acompañados de alguna glosa personal, diversos párrafos de su epílogo.
"En la raíz de la crisis del crédito está la compraventa del riesgo, bancario o financiero, como si se tratara de un bien, y la producción de riqueza ligada a este comercio". El problema con los rescates a los bancos es que, tal como se están haciendo, no son más que una forma de "transferencia del riesgo de los bancos al Estado. [...] En vez de reducir el riesgo a cero, de extirparlo como un cáncer de la economía globalizada, el Estado lo está desplazando de un sector a otro: del privado al público, y así empeora la situación". En lugar de poner los medios para superar un sistema donde la creación y comercialización del riesgo se ha convertido en la principal fuente de enriquecimiento privado, los gobiernos están ofreciendo el bienestar de sus poblaciones como garantes de los rescates que inyectan miles de millones de euros en unas entidades irresponsables. "Si las altas finanzas se divertían con los juegos de azar, que paguen las consecuencias de esa locura en vez de consumir el dinero necesario para la recuperación económica", sostiene Napoleoni; a mí me parece muy razonable. Pero no: se absuelve toda irresponsabilidad pasada, blanqueada con un dinero que debería ser empleado en mejores fines. "En los seis meses posteriores al derrumbe de Lehman Brothers el mundo perdió el 5% del PIB, unos 3 billones de dólares. Durante el mismo período, 2 billones de dólares fueron inyectados a los bancos a través de planes de rescate, dinero que ha sido engullido por los balances en números rojos de las mismas entidades de crédito". He aquí una clave esencial: en lugar de circular y convertirse en crédito facilitado a particulares y empresas, todo ese dinero queda embalsado en las entidades rescatadas.
"Lo que hace falta es un Estado fuerte, que no tenga miedo de dictar las nuevas reglas del juego, ni que tenga miedo de los fantasmas socialistas", un Estado "que proteja a sus ciudadanos y no a las instituciones que les han robado". Esto es lo que propone Napoleoni:
"Si los bancos rescatados ya no prestan dinero, si las inyecciones de liquidez que están agotando las finanzas del Estado se detienen en los balances, entonces el stado debe potenciar los bancos cooperativos y los locales, depositar en sus arcas esas grandes cantidades de dinero que hasta hoy se han perdido en los rescates de los grandes bancos". Frente a estas grandes entidades irresponsables, adictas al riesgo y organizadas como timbas para el enriquecimiento personal de sus gestores, se trata de apoyar a aquellas "entidades de crédito que se apoyan en un código ético sólido y que han mantenido el papel social de los bancos: recoger y distribuir la riqueza y, así, promover el crecimiento económico". Y si esto no funciona o resulta insuficiente, "entonces que el Estado cree una red bancaria paralela, utilizando las oficinas de correos, que las transforme en filiales".
La recomendación de Napoleoni no puede ser más clara: "El apoyo indiscriminado a todos los bancos, sin una política de nacionalización razonada, sólo consume riqueza. Y la confirmación es que ningún banco estadounidense salvado, ni, sin duda, ninguno europeo, está hoy en condiciones de pagar dividendos a los accionistas preferenciales, como Obama esperaba que sucediera. Al contrario, todos se encuentran en dificultades económicas y piden más dinero. Querer salvar a toda costa un sistema averiado y anacrónico nos llevará a la ruina. Países como Italia, golpeada por la recesión pero aún alejada del crac de los bancos, deben tener presente esta lección. Seguir los pasos de los estadounidenses y de los ingleses sería desastroso".
En fin, cosas como estas se escribían hace dos años. No parece que nada de ello haya servido para el caso de Italia. Tampoco para España. Pero nadie, por estos lares, se plantea en serio el debate político sobre ese otro sistema bancario posible.
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