sábado, 15 de diciembre de 2018

Un pie en el paraíso

Un pie en el paraíso
Ron Rash
Traducción de Pablo González-Nuevo
Siruela, 2018

"Había cierta idea de justicia en lo que estaba a punto de ocurrir. No obstante, esta vez la desaparición sería total. Ya no quedarían ni los nombres, porque Alexander Springs y Boone Creek, Robertson´s Ford y el puente Chapman quedarían sumergidos. Y hasta la última tumba con los nombres de Holcombe o Luck, Alexander o Nicholson grabados en piedra desaparecería también".

La época: principios de los años Cincuenta. El lugar: Oconee, un condado rural enclavado en los montes Apalaches, en la frontera entre las dos Carolinas, en vísperas de verse anegado para convertirse en una inmensa presa para la producción de electricidad. Unas tierras arrebatadas por colonos procedentes del Reino Unidos a los cheroquis, que a su vez se las habían arrebatado a otras tribus menos poderosas.

Holland Winchester, un joven problemático recién llegado de la guerra de Corea ha desaparecido. El sheriff Will Alexander -en tiempos deportista universitario, veterano de la segunda guerra mundial, con una relación matrimonial en crisis- investiga su desaparición. El principal sospechoso de la desaparición de Holland -su madre escuchó un disparo- es su vecino, Billy Holcombe, casado con Amy, que unos meses más tarde, tras muchos años de matrimonio, dará a luz a su único hijo. Pero el cadáver no aparece, y sin cadáver no hay delito que pueda juzgarse... por la justicia humana. Porque otra clase de justicia acabará por imponerse.

Cinco miradas a una misma realidad -la del sheriff Alexander, la de Amy Holcombre, la de Billy Holcombe, la del hijo de ambos, la del ayudante del sheriff- le sirven a Ron Rash para construir una historia coral, de fracasos y de esperanzas, de culpas, castigos y redención.Una novela excepcional.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Duda

Toca despedirse de la Montaña, y como me ha ocurrido en otras ocasiones, ciervos y corzos, tan esquivos en estos días pasados, se dejan ver.
No sé cómo explicarlo: ¿es que celebran que nos vayamos y dejemos sus bosques libres de nuestra presencia, o es que me invitan a regresar para seguir buscando el encuentro con esa naturaleza viva, fascinante, al tiempo tan cercana y tan lejana?

 
 
 
 
 
 

sábado, 8 de diciembre de 2018

Mañana de letra pequeña

Aunque familiar, un mismo paisaje cambia cada día en función de la luz, la perspectiva... ¿el estado de ánimo?
He caminado por estas peñas una veintena de veces, en todas las estaciones del año. Conozco bien sus senderos. He disfrutado de sus vistas desde lo alto. Sin embargo, esta mañana me parecía estar recorriéndolas por primera vez.

Escribe John Burroughs en El arte de ver las cosas (Errata Naturae, 2018) que  "uno rara vez se da un paseo sin tropezar con alguna línea de esa letra pequeña en la página de la naturaleza". Se refiere Burroughs a las distintas realidades que podemos observar en la naturaleza: vistosas y evidentes unas, ocultas y desapercibidas otras:
"El libro de la naturaleza es como una página sobrescrita o impresa con caracteres de distintos tamaños y en muchos idiomas diferentes, intercalados y cruzados, y con una gran variedad de notas al pie y referencias. [...] Todos leemos la letra grande con mayor o menor entendimiento, pero solo los estudiosos y los amantes de la naturaleza leen la letra pequeña y las notas al pie. Es un libro que lee mejor el que va mas despacio o incluso el que se eterniza por el camino. El que va corriendo quizá pueda llegar a leer algo...".

Tal vez porque esta mañana he vagado sin rumbo fijo, sin un objetivo definido, la letra pequeña se ha manifestado con particular claridad: las sombras del amanecer, las trazas de los aviones en el cielo, el color ocre del bosque, las grandes cumbres asomándose tras otras más humildes, la fauna esquiva...


 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

viernes, 7 de diciembre de 2018

Helada, niebla y cielo azul (y una breve reflexión de John Burroughs)

Mañana de frío helador que con el paso de las horas se ha ido convirtiendo en un día soleado, de cielos azules. Esto, en la montaña: por debajo de los mil metros, la niebla lo cubría todo. Abundancia de ciervos, pero encamados como estaban entre los brezos era muy difícil hacer una buena foto.

 
  
 
 
 
 
 
  

 
 
 
 
 
 
 
 
 

"El caminante  no necesita un territorio extenso. Cuando te subes a un vagón de ferrocarril, quieres un continente, y el hombre en su carruaje precisa un municipio; pero un caminante como Thoreau encuentra tanto y más en las orillas de la laguna de Walden. [...] El caminante tiene el privilegio de los campos, los bosques, las colinas, los senderos" (John Burroughs).