De vuelta a la rutina de agosto, esta mañana hemos subido al Espigüete (2.451 m.) Garbiñe, Josean y yo. Para Garbiñe y para Josean era la primera vez.
Hemos subido desde Cardaño de Abajo (1.313 m.), por la cara sur, la ruta técnicamente más sencilla y menos arriesgada. Aún asi, hay que ascender con esfuerzo la empinada e inestable Vía de la Pedrera...
... y luego descenderla, extremando el cuidado para no resbalar.
En la cumbre hemos coincidido con un grupo que ha subido por la arista este pero quería descender por la sur hasta Cardaño: alguno de sus miembros tenía problemas de rodilla. Les hemos esperado en Cardaño y hemos acercado a uno de ellos hasta el aparcamiento de Pino Llano, donde había dejado el coche.
Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
jueves, 15 de agosto de 2019
domingo, 11 de agosto de 2019
Cueva Dorada
Ayer dediqué la mañana a patear una zona que conozco bien, pero que me gusta recorrer a menudo.
Salí temprano de Camporredondo y subí hasta la caseta-observatorio de incendios que corona el alto de Cueva Dorada o Monte Curianes (1.676 m.). Las vistas desde allí son inmejorables.
Desde Cueva Dorada bajé hasta la orilla del embalse de Camporredondo. El recorrido está lleno de vistas y paisajes de gran belleza.
A lo largo del recorrido pude ver numerosos ciervos, la mayoría a demasiada distancia como para hacer buenas fotos. También maripsas y flores.
Salí temprano de Camporredondo y subí hasta la caseta-observatorio de incendios que corona el alto de Cueva Dorada o Monte Curianes (1.676 m.). Las vistas desde allí son inmejorables.
Espigüete y, en su base, Cardaño de Abajo.
Peña Santa Lucía y Peña Escrita.
Canales, Valderinas y zona de Valsurbio.
Desde Cueva Dorada bajé hasta la orilla del embalse de Camporredondo. El recorrido está lleno de vistas y paisajes de gran belleza.
Luego volví a subir hacia las alturas de Cueva Dorada, pero rodeé la caseta y descendi al pueblo entre los pinares.
A lo largo del recorrido pude ver numerosos ciervos, la mayoría a demasiada distancia como para hacer buenas fotos. También maripsas y flores.
viernes, 9 de agosto de 2019
Ética de la tierra
Aldo Leopold
Un año en Sand County
Traducción de Ana González Hortelano
Errata Naturae, 2019
"Hay quien puede vivir sin lo salvaje y quien no puede". Aldo Leopold era de los que no podía y escribió este libro para quienes compartimos esa misma vivencia, aunque sea a años-luz de su rica y variada experiencia como investigador, viajero y activista.
El libro está dividido entres partes. En la primera el autor va describiendo, mes a mes, su vida de naturalista (observador de la naturaleza, pero también agricultor, forestalista, cazador o pescador) en su cabaña de Winsconsin. Descripciones cargadas de ciencia, poesía y humor, como cuando reflexiona sobre la migración del correlimos entre Argentina y Winsconsin, demostración de "la antiquísima unidad de las Américas":
"La solidaridad hemisférica es nueva entre los hombres de Estado, pero no entre las fuerzas emplumadas del cielo".
En la segunda parte del libro Leopold da cuenta de sus experiencias como naturalista en distintos lugares: Winsconsin, por supuesto, su Iowa natal, pero también Arizona, Nuevo México, Sonora, Oregón... En todos estos lugares despliega su capacidad para el pensamiento ecológico o, como dice él mismo, para "pensar como una montaña", descubriendo los hilos que conectan a todos los seres vivos entre sí, también a los seres humanos, con su entorno natural:
"Ahora sospecho que exactamente igual que una manada de ciervos vive aterrorizada por los lobos, también una montaña vive aterrorizada por los ciervos. Y a lo mejor con más motivo, pues mientras que un venado aniquilado por los lobos se puede reemplazar en dos o tres años, una cordillera aniquilada por demasiados ciervos quizá no logre reemplazarse en muchas décadas".
En la última parte, Leopold formula una propuesta para una ética de la tierra que incorpore a la naturaleza en nuestros juicios morales:
"Las primeras éticas se ocupaban de la relación entre individuos: el Decálogo de Moisés es un ejemplo. Adiciones posteriores se ocuparon de la relación entre el individuo y la sociedad. La Regla de Oro trata de integrar al individuo en la sociedad; la democracia, de integrar la organizacion social en el individuo. Todavía no hay ética que trate la relación del ser humano con la tierra y con los animales y plantas que crecen en ella. La tierra, igual que las esclavas de Ulises, sigue siendo una propiedad. La relación con la tierra sigue siendo estríctamente económica, implica privilegios pero no obligaciones".
Esta ética de la tierra, que como toda ética supone necesariamente "una limitación de la libertad de acción en la lucha por la existencia", está basada en la idea de comunidad biótica:
"La conservación no va a ninguna parte porque e incomatible con nuestro concepto abrahámico de la tierra. Maltratamos la tierra porque la consideramos un producto que nos pertenece. Cuando la veamos como una comunidad a la que pertenecemos, quiza empecemos a tratarla con amor y respeto".
Publicado en 1949 -tras la muerte de Leopold, el 21 de abril de 1948, víctima de un ataque al corazón mientras combatía un incendio en una granja vecina- es un libro de una actualidad plena.
Incluye las ilustraciones originales de Charles W. Schwartz.
Un año en Sand County
Traducción de Ana González Hortelano
Errata Naturae, 2019
"Hay quien puede vivir sin lo salvaje y quien no puede". Aldo Leopold era de los que no podía y escribió este libro para quienes compartimos esa misma vivencia, aunque sea a años-luz de su rica y variada experiencia como investigador, viajero y activista.
El libro está dividido entres partes. En la primera el autor va describiendo, mes a mes, su vida de naturalista (observador de la naturaleza, pero también agricultor, forestalista, cazador o pescador) en su cabaña de Winsconsin. Descripciones cargadas de ciencia, poesía y humor, como cuando reflexiona sobre la migración del correlimos entre Argentina y Winsconsin, demostración de "la antiquísima unidad de las Américas":
"La solidaridad hemisférica es nueva entre los hombres de Estado, pero no entre las fuerzas emplumadas del cielo".
En la segunda parte del libro Leopold da cuenta de sus experiencias como naturalista en distintos lugares: Winsconsin, por supuesto, su Iowa natal, pero también Arizona, Nuevo México, Sonora, Oregón... En todos estos lugares despliega su capacidad para el pensamiento ecológico o, como dice él mismo, para "pensar como una montaña", descubriendo los hilos que conectan a todos los seres vivos entre sí, también a los seres humanos, con su entorno natural:
"Ahora sospecho que exactamente igual que una manada de ciervos vive aterrorizada por los lobos, también una montaña vive aterrorizada por los ciervos. Y a lo mejor con más motivo, pues mientras que un venado aniquilado por los lobos se puede reemplazar en dos o tres años, una cordillera aniquilada por demasiados ciervos quizá no logre reemplazarse en muchas décadas".
En la última parte, Leopold formula una propuesta para una ética de la tierra que incorpore a la naturaleza en nuestros juicios morales:
"Las primeras éticas se ocupaban de la relación entre individuos: el Decálogo de Moisés es un ejemplo. Adiciones posteriores se ocuparon de la relación entre el individuo y la sociedad. La Regla de Oro trata de integrar al individuo en la sociedad; la democracia, de integrar la organizacion social en el individuo. Todavía no hay ética que trate la relación del ser humano con la tierra y con los animales y plantas que crecen en ella. La tierra, igual que las esclavas de Ulises, sigue siendo una propiedad. La relación con la tierra sigue siendo estríctamente económica, implica privilegios pero no obligaciones".
Esta ética de la tierra, que como toda ética supone necesariamente "una limitación de la libertad de acción en la lucha por la existencia", está basada en la idea de comunidad biótica:
"La conservación no va a ninguna parte porque e incomatible con nuestro concepto abrahámico de la tierra. Maltratamos la tierra porque la consideramos un producto que nos pertenece. Cuando la veamos como una comunidad a la que pertenecemos, quiza empecemos a tratarla con amor y respeto".
Publicado en 1949 -tras la muerte de Leopold, el 21 de abril de 1948, víctima de un ataque al corazón mientras combatía un incendio en una granja vecina- es un libro de una actualidad plena.
Incluye las ilustraciones originales de Charles W. Schwartz.
Gorriones
"Los gorriones son los niños del aire, la chiquillería de los arrabales, plazas y plazuelas del espacio. Son el pueblo pobre, la masa trabajadora que ha de resolver a diario de un modo heroico el problema de la existencia. Su lucha por existir en la luz, por llenar de píos y revuelos el silencio torvo del mundo, es una lucha alegre, decidida, irrenunciable. Ellos llegan, por conquistar la migaja de pan necesaria, a lugares donde ningún otro pájaro llega".
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