John Connolly
El frío de la muerte
Traducción de Vicente Campos
Tusquets, 2019
Desde que en 2004 leí Todo lo que muere, la sobrecogedora novela que inauguró la serie protagonizada por el atormentado detective Charlie "Bird" Parker, he esperado cada nueva entrega y he disfrutado con unas historias que mezclan con maestría las claves de la novela policíaca y del género gótico.
Quince años acompañando a Parker en su combate contra fuerzas del mal, naturales y sobrenaturales, que en esta ocasión (leer AQUÍ las primeras páginas) habrá de enfrentarse a los Hermanos, una oscura organización implicada en innumerables crímenes:
"Había hablado con Eklund a menudo sobre los Hermanos. El investigador creía que ya estaban irremediablemente corruptos cuando llegaron a estas costas, y que el Nuevo Mundo se había limitado a no proporcionarles mayores beneficios que el Viejo. Thayer no estaba tan seguro. Se preguntaba si había algo en la tierra de América, algo elemental que atraía a criaturas como los hermanos y agudizaba sus peores apetitos. Lo imaginaba como una especie de fuego oculto, como las llamas de carbón que ardían invisibles en ese mismo estado bajo el pueblo de Centralia, manifestándose sólo en nubes de gas sulfuroso y grietas en el asfalto mientras en las profundidades no cesaban de arder. [...]
Más al norte, Parker seguía leyendo.
Los Hermanos eran carroñeros, o empezaron como tales: un puñado de hombres brutales y mujeres embrutecidas a quienes lo que ofrecía América les había parecido menos dorado de lo que habían esperado; o tal vez siempre lo habían sabido y ya estaban preparados para aprovecharse de los débiles, incluso mientras sus barcos cruzaban mares tan oscuros que sólo se distinguían de la noche en las casi invisibles fisuras de la espuma".
Ahora, a esperar a la siguiente: la decimoséptima.
Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
miércoles, 10 de julio de 2019
¿Cómo conversar con un fascista?
Marcia Tiburi
¿Cómo conversar con un fascista? Reflexiones sobre el autoritarismo de la vida cotidiana
Traducción de Jesús Sabariego
Akal, 2018
¿Cómo conversar con un fascista? Con mucha dificultad ya que la característica definitoria del fascista es, según analiza Tiburi, la incapacidad para dialogar por su incapacidad para reconocer al otro como sujeto de derechos:
"El diálogo y la participación colectiva en la toma de decisiones son impensables en el espectro del autoritarismo, que se define por la imposición por la fuerza de leyes que interesan a quien ejerce el poder. El otro, sea el pueblo (Estado), sea el prójimo (individuo), sea la sociedad u otras formas de cultura, es manipulado o violentado, física y simbólicamente".
Sin reconocimiento del otro, la incapacidad para dialogar conlleva necesariamente el "exterminio de la política", sustituida por la propaganda, la repetición de un pensamiento preparado, la proliferación de clichés. El mayor riesgo es que esta negación del otro desemboque en su "humillación simbólica", estimule el odio y llegue al extremo de agredir y matar.
El libro de Marcia Tiburi no es un recetario a partir del cual derivar una estrategia de confrontación discursiva con el fascismo, pero sí una sugerente propuesta ético-política para reflexionar sobre el riesgo que todas, personas y sociedades, tenemos de caer en la negación de la alteridad y, por ello, en el autoritarismo solipsista. ¿Cómo? Practicando, sin descanso, el diálogo:
"Es preciso intentar intensamente el diálogo, tan olvidado, que tanta falta nos hace. El diálogo es una práctica a pequeña escala que podría inspirar prácticas mayores. Instaurador de lo común, debería ser la base de una ética del día al día, aquel lugar donde me vuelvo quien soy".
¿Cómo conversar con un fascista? Reflexiones sobre el autoritarismo de la vida cotidiana
Traducción de Jesús Sabariego
Akal, 2018
¿Cómo conversar con un fascista? Con mucha dificultad ya que la característica definitoria del fascista es, según analiza Tiburi, la incapacidad para dialogar por su incapacidad para reconocer al otro como sujeto de derechos:
"El diálogo y la participación colectiva en la toma de decisiones son impensables en el espectro del autoritarismo, que se define por la imposición por la fuerza de leyes que interesan a quien ejerce el poder. El otro, sea el pueblo (Estado), sea el prójimo (individuo), sea la sociedad u otras formas de cultura, es manipulado o violentado, física y simbólicamente".
Sin reconocimiento del otro, la incapacidad para dialogar conlleva necesariamente el "exterminio de la política", sustituida por la propaganda, la repetición de un pensamiento preparado, la proliferación de clichés. El mayor riesgo es que esta negación del otro desemboque en su "humillación simbólica", estimule el odio y llegue al extremo de agredir y matar.
El libro de Marcia Tiburi no es un recetario a partir del cual derivar una estrategia de confrontación discursiva con el fascismo, pero sí una sugerente propuesta ético-política para reflexionar sobre el riesgo que todas, personas y sociedades, tenemos de caer en la negación de la alteridad y, por ello, en el autoritarismo solipsista. ¿Cómo? Practicando, sin descanso, el diálogo:
"Es preciso intentar intensamente el diálogo, tan olvidado, que tanta falta nos hace. El diálogo es una práctica a pequeña escala que podría inspirar prácticas mayores. Instaurador de lo común, debería ser la base de una ética del día al día, aquel lugar donde me vuelvo quien soy".
martes, 9 de julio de 2019
Estaciones
Mario Rigoni Stern
Estaciones
Traducción de César Palma
Pre-Textos, 2009
Como ya he explicado en otra ocasión, descubrí a Mario Rigoni Stern gracias a una referencia que a este autor y a su obra hace Philippe Claudel en uno de sus libros. Me fascinó su comentario y rápidamente solicité a la Librería Cámara que me localizara los tres libros que por entonces había traducidos al castellano: Historia de Tonle, El sargento en la nieve y Estaciones. Justo ahora acabo de descubrir que la editorial Volcano ha editado una obra más, El bosque de los urogallos; ya se la he pedido a Javier Cámara.
Estaciones es un excelente ejemplo de la escritura de Rigoni Stern, de su estilo (reposado, reflexivo, evocador) y de sus temas (la naturaleza, su experiencia en la guerra, la vida en los pueblos de montaña). Organizado en cuatro capítulos -Invierno, Primavera, Verano, Otoño-, el libro va hilvanando sus recuerdos y vivencias.
Un libro para leer con la misma actitud con la que está escrito: sin prisa, demorándonos en sus descripciones, escuchando entre líneas la brama de los ciervos y el trino del petirrojo, sintiendo el viento de las cumbres...
"Entonces una dulce melancolía se apodera de ti, la melancolía del otoño, y bajo un alerce buscas un lugar seco donde tumbarte para meditar sobre las estaciones de tu vida y sobre la existencia que se lleva tus recuerdos, unos recuerdos que se tornan plegaria de agradecimiento por la vida que has tenido, por los dones que la naturaleza te prodiga.
Una mañana de diciembre verás el cielo uniformemente gris, las montañas ocultas por las nubes, los bosques más sombríos. De una pila de leña, la ardilla se escabullirá. Con su campanilla de plata te dirá que la primera nieve está a punto de caer".
Estaciones
Traducción de César Palma
Pre-Textos, 2009
Como ya he explicado en otra ocasión, descubrí a Mario Rigoni Stern gracias a una referencia que a este autor y a su obra hace Philippe Claudel en uno de sus libros. Me fascinó su comentario y rápidamente solicité a la Librería Cámara que me localizara los tres libros que por entonces había traducidos al castellano: Historia de Tonle, El sargento en la nieve y Estaciones. Justo ahora acabo de descubrir que la editorial Volcano ha editado una obra más, El bosque de los urogallos; ya se la he pedido a Javier Cámara.
Estaciones es un excelente ejemplo de la escritura de Rigoni Stern, de su estilo (reposado, reflexivo, evocador) y de sus temas (la naturaleza, su experiencia en la guerra, la vida en los pueblos de montaña). Organizado en cuatro capítulos -Invierno, Primavera, Verano, Otoño-, el libro va hilvanando sus recuerdos y vivencias.
Un libro para leer con la misma actitud con la que está escrito: sin prisa, demorándonos en sus descripciones, escuchando entre líneas la brama de los ciervos y el trino del petirrojo, sintiendo el viento de las cumbres...
"Entonces una dulce melancolía se apodera de ti, la melancolía del otoño, y bajo un alerce buscas un lugar seco donde tumbarte para meditar sobre las estaciones de tu vida y sobre la existencia que se lleva tus recuerdos, unos recuerdos que se tornan plegaria de agradecimiento por la vida que has tenido, por los dones que la naturaleza te prodiga.
Una mañana de diciembre verás el cielo uniformemente gris, las montañas ocultas por las nubes, los bosques más sombríos. De una pila de leña, la ardilla se escabullirá. Con su campanilla de plata te dirá que la primera nieve está a punto de caer".
domingo, 7 de julio de 2019
Entre la niebla: Maza de Pando e Ilso de las Estacas
La mañana no ha salido muy buena que digamos, pero el fin de semana pasado no pude escaparme al monte y, además, ayer tuvimos celebración, así que a las 8:20 aparcaba junto a la presa del Embalse de Ordunte. Mi objetivo de hoy: Maza de Pando (1.011 m. según Mendikat, 1.018 según el buzón cimero).
mm
Tras atravesar la presa empieza la amplia senda que permite hacer la travesía circular del embalse. En los primeros metros de la misma, hay que tomar un sendero bien marcado a la derecha. Prácticamente hasta la cima el camino se realiza por pistas, por lo que no hay pérdida. Eso sí, la primera cuesta es de aupa.
Voy dejando el pantano a mi espalda.
Un pequeño llano.
Llego a otra pista, tras pasar una barrera. Si no recuerdo mal, se trata de una pista que viene desde la zona de Nocedal. Marcada por un informativo hito, otra posta nace ahí mismo y nos obliga, otra vez, a encarar un fuerte desnivel.
El embalse, cada vez más abajo.
Otro hito, otro giro a la izquierda.
La niebla, que al salir cubría completamnente las cumbres, empieza a rodearme también a mi. Enredándose entre los árboles, el bosque adquiere tintes de cuento.
Cuando la pista empieza a perder pendiente, un estrecho sendero a mi derecha, marcado por un hito, me lleva hasta la cumbre de Maza de Pando.
Las telarañas recogen las gotas que forma la espesa niebla.
Cumbre del Mazo de Pando. Recojo una tarjeta que dos montañeras o montañeros del Baskonia dejaron hace casi un mes. ¿Será que no ha pasado nadie desde entonces, o es que se está perdiendo la tradición de dejar y recoger las tarjetas en los buzones de las montañas?
Por ahí tiene que estar el Ilso de las Estacas, pero estoy en una burbuja de niebla. En todo caso, confiando en no despistarme, he decidido seguir hasta esa otra cumbre.
Para ello, he descendido hasta encontrarme con la pista que había abandonado para subir a la Maza.
Entre la niebla, los árboles parecen espectros.
Una flecha pintada en una losa me indica que debo abandonar la pista. Entro en un bosque tremendamente húmedo, donde el musgo forma mullidos colchones sobre rocas y troncos.
Una cabaña construida enteramente de piedra contribuye a la impresión de estar en otro tiempo, en otro mundo..
Cumbre del Ilso de las Estacas (1.037 m.). El buzón está destrozado.
Visto el día que hacía, he vuelto sobre mis pasos para regresar por donde he venido. El caso es que, bajando, la niebla se ha retirado y el calor ha empezado a apretar.
Pero en lo alto la niebla seguia bien agarrada.
Otro día, con sol, ya os enseñaré las vistas...
mm
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