El hombre que caminó a la luna
Traducción de Blanca Gago
Volcano, 2022
"Los días que pasé en Islandia solo, vagando por la región central, fueron los más felices de mi vida, repletos del sabor que brinda la omnipresente luz del verano ártico y los vientos como sólidas geometrías. Creo, también, que llegué a amar tanto ese lugar porque no necesitaba ir armado. Con el cuchillo de Manchuria me apañaba para las tareas de acampada, y me gustaba no llevar encima nada que pudiera explotar. Es cierto que estoy enamorado de las armas, pero también que estas me esclavizan a causa de mi pasado, del rumbo que ha tomado mi vida. Me he metido en una espiral de violencia que no supe anticipar hasta que ya se había vuelto una costumbre. No soy un hombre pacífico, y lo lamento mucho. Pero en Islandia sí llegué a liberarme del dominio de la violencia por un tiempo y, por eso, ahora, lo recuerdo tan nítidamente como las vistas".
Habiendo leído ya tantas obras publicadas por la desgraciadamente desaparecida editorial Volcano, cuando la compré y cuando empecé su lectura no esperaba encontrarme con una novela tan extraña y perturbadora, que comienza como un relato de soledad y supervivencia en la naturaleza para convertirse progresivamente en una inquietante exploración de los límites de la condición humana.
Su protagonista, William Gasper vive apartado del mundo, en las montañas de Nevada, donde recorre obsesivamente un territorio inhóspito conocido como la Luna. Es un caminante experimentado, un observador minucioso de la naturaleza y un hombre culto, capaz de alternar reflexiones filosóficas con consideraciones sobre las exigencias físicas de la montaña. Pero su pasado esconde una violencia extrema que iremos descubriendo a medida que avanza el relato, cuando la aparición de una amenaza que parece perseguirlo introduce una tensión creciente en una narración dominada inicialmente por el silencio y la introspección.
Uno de los mayores logros de McCord es su extraordinaria capacidad para describir el paisaje. La montaña aparece con toda su materialidad: las rocas, el frío, el cansancio, los desniveles, la exigencia de cada paso. Sin embargo, estamos muy lejos de una visión romántica de la naturaleza como espacio de reconciliación espiritual y el mundo natural de McCord es hermoso y despiadado, ajeno a cualquier consideración moral. La montaña no juzga, no castiga ni perdona, simplemente existe, está, y esa indiferencia de la naturaleza encuentra una inquietante correspondencia en la personalidad de Gasper.
Su soledad podría interpretarse inicialmente como una búsqueda radical de libertad, como el intento de escapar de las convenciones y obligaciones de la vida social, pero, a medida que vamos conociendo su historia, esa libertad adquiere un significado mucho más oscuro. Gasper parece haber llevado hasta sus últimas consecuencias la pretensión de vivir sin deber nada a nadie, de convertirse en el único juez de sus actos, con una desconcertante ausencia de responsabilidad moral. Aquí reside, a mi juicio, el núcleo más perturbador de la novela. La soledad elegida de Gasper es una forma extrema de desvinculación.
McCord construye y presenta un personaje que desafía nuestra tendencia a asociar la lucidez intelectual con la sensibilidad moral. Gasper comprende muchas cosas, observa con extraordinaria precisión y reflexiona con agudeza, pero nada de ello parece conducirlo hacia el reconocimiento de los demás. Su caso nos recuerda que la inteligencia puede convivir perfectamente con la crueldad y que la autonomía, cuando se desprende de toda responsabilidad, puede terminar convertida en una forma de dominio.
La novela incorpora además una dimensión mitológica con la presencia cada vez más relevante de la diosa galesa Cerridwen, que vuelve todavía más desconcertante la experiencia de lectura. La frontera entre realidad, recuerdo y delirio se hace por momentos incierta, mientras el paisaje adquiere una presencia que parece exceder su condición de escenario.
En definitiva, una novela inquietante, protagonizada por un personaje cuya inteligencia y capacidad de observación fascinan, pero cuyo comportamiento resulta moralmente insoportable. Gasper parece querer vivir con la misma indiferencia hacia el bien y el mal que encuentra en la naturaleza, pero lo que resulta posible para una montaña no lo es para un ser humano.

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